Almagro y el Che
El secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, desde que asumió la posición más alta del organismo regional expresó su deseo de que Cuba se incorporara a la OEA, una propuesta difícil de comprender si se tiene en cuenta el esfuerzo que ha desplegado a favor de que la entidad que dirige aplique al despotismo venezolano la Carta Democrática Interamericana.
Venezuela no es compatible con la OEA, tampoco Cuba. El régimen de la isla ha violentado históricamente todas las normas de ese organismo y ha faltado a los numerosos acuerdos que ha suscrito en foros internacionales como las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y Gobierno.
La experiencia de Almagro confirma que “nadie aprende por cabeza ajena”, porque la realidad del castrismo ha sido ampliamente divulgada, pero solo la comprenden aquellos que la padecen aunque sea en pequeña escala. La negativa de la dictadura de no permitir el ingreso a la isla a personalidades de notables credenciales democráticas les deja percibir en mínimo grado, la profunda oscuridad en la que vive el pueblo cubano desde hace 58 años.
La impugnación de Almagro de que el gobierno cubano miente en relación a su frustrada visita a La Habana para recibir el premio Oswaldo Payá, Libertad y Vida, puede ejemplificarle lo mucho que ha faltado a la verdad el totalitarismo insular cuando despliega una campaña de descrédito contra personas o instituciones que no se comportan a la medida de sus intereses, apreciar que para los Castro, una gestión independiente, por sencilla que sea, es una estrategia para desestabilizar el sistema.
La declaración de Almagro que aceptar la invitación de la disidencia no tenía nada de provocación ni de arriesgado porque él iba, léase Cuba, con una actitud constructiva respecto a un socio complejo que sigue fuera de la OEA y que era una buena oportunidad para acercar a Cuba a determinados principios y valores del sistema interamericano, refleja un desconocimiento rampante de la situación cubana o una candidez que no se ajusta a las experiencias que debió haber adquirido en las posiciones que ha ocupado en la política en su país y en el ámbito internacional cuando fue canciller del mismo.
Otra consideración que demuestra la amplia confusión o desconocimiento que rodea al castrismo y sus iconos, es que el primer secretario de la OEA tiene en su despacho una foto del asesino en serie Ernesto Guevara, un símbolo que representa todo lo opuesto a lo que Almagro ha defendido en su gestión política, si se tiene en cuenta que el sujeto de la foto fue uno de los principales artífices en la construcción del totalitarismo cubano.
Las diferencias entre Almagro y Guevara son muchas; por ejemplo, el secretario general ha dicho que ‘Proteger el libre trabajo de periodistas es crítico para la libertad de expresión, fundamento mismo de la democracia”, mientras Guevara afirmaba: “Hay que acabar con todos los periódicos, pues no se puede hacer una revolución con la libertad de prensa. Los periódicos son instrumentos de la oligarquía”.
Por ejemplo, el actual secretario de la OEA considera que “la justicia no se puede administrar por encuestas u opiniones, sino en función de consideraciones objetivas del caso”, opuesto a las palabras de Guevara sobre la justicia en casos extremos como la pena de muerte: “Nosotros no tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario, nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cual es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba. Para enviar hombres al pelotón de fusilamientos, la prueba judicial es innecesaria. Estos procedimientos son un detalle burgués arcaico. Esta es una revolución”.
Periodista de Radio Martí.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de marzo de 2017, 7:51 a. m. with the headline "Almagro y el Che."