El silencio oficial
Patricia Ramos, directora de El Techo, habla de la emoción que sintió cuando su filme fue presentado la semana pasada durante el Festival de Cine de Miami, en el Teatro Tower. “Tanto en La Habana como aquí, el público se ríe en los mismos momentos. La conexión es tremenda”.
Como suele suceder, las historias cubanas tuvieron una notable presencia durante el evento que presenta Miami Dade College. En la prensa electrónica oficial del régimen, sin embargo, la información sobre los cineastas y artistas cubanos en Miami no es noticia.
Los críticos de cine de la isla están viviendo su peor momento. Entre los ninguneados por la dictadura en el área cultural llevan las de perder. No solo no pueden referirse en buenos términos a un evento que ocurra en la demonizada Miami, sino que han debido ignorar el tributo que recientemente la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas –la misma que concede el premio Oscar en Los Angeles– rindiera a Daisy Granados, de alguna manera la actriz que simboliza el cine revolucionario, y al editor de buena parte de esa filmografía, Nelson Rodríguez, quien parece haberse establecido en los Estados Unidos.
El homenaje consiste en dejar grabadas entrevistas para el Programa de Historia Visual de la importante institución que sirvan de consulta para futuros interesados e investigadores. Los diálogos fueron conducidos por el actual director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo.
Además de Patricia Ramos, con su hermoso y desesperanzador testimonio de jóvenes cubanos que sobreviven en techos del barrio de Cayo Hueso, en Centro Habana, donde aquel que parte a Italia es el único que encuentra una alternativa satisfactoria, el Festival de Cine de Miami volvió a contar con la obra de Fernando Pérez, quien envió un mensaje leído por una miembro del equipo de realización del devastador Últimos días en La Habana. Allí se expresó satisfecho por compartir con la otra parte del público natural de su filmografía y se excusó, otra vez, al no poder estar presente.
Cuando se estrenó en Cuba, el crítico oficial del periódico Granma consideró que Últimos días en La Habana padece de un “balance unidireccional”. No se pregunta por qué un cineasta tan comedido y compasivo, dado a la metáfora y la doble lectura, ha sustituido la “suite” por la procacidad de un reguetón, algo de lo cual ya se anunciaba en La pared de las palabras.
La noche de las premiaciones del Festival de Cine de Miami fue anunciado, para alegría de sus admiradores, que el matrimonio integrado por Lola Amores y Eduardo Martínez, quienes dan vida a los protagonistas de Santa y Andrés, de Carlos Lechuga, se alzaban con el premio de mejor actuación.
Los intérpretes han confesado estar muy felices por tal honor, porque en La Habana oficial ni ellos ni la película existen, de acuerdo a los parámetros estrictos y atorrantes de la censura.
Al cierre de esta columna, Carlos Lechuga ha dado a conocer otra maniobra contra la divulgación de su filme: “En una nebulosa extraña me he enterado que autoridades cubanas han tratado de sacar mi filme del Havana Film Festival New York. En este momento ha sido retirado de la competencia oficial, volviendo a ser excluido por su carga política. Mañana no sé qué tramarán para silenciar la obra que es mucho, mucho más que una idea política. ¿Qué es esto? ¿Cuál es el mensaje? Yo no estoy en guerra con nadie, yo solo he hecho una película y me costó mucho trabajo hacerla, ahora nada ni nadie la va a borrar”.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de marzo de 2017, 3:55 p. m. with the headline "El silencio oficial."