Opinión Sobre Cuba

El enigma de la croqueta nacional

En la reciente sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular cubana se aprobaron por unanimidad los acuerdos del VII Congreso del Partido Comunista respecto a la Conceptualización del Modelo Económico. No es noticia. Los legisladores cubanos aprueban siempre por unanimidad lo que se les proponga sin que tengan lugar grandes debates parlamentarios. Es de entender, los 614 diputados a la asamblea solo se reúnen dos veces al año y por pocos días, así que deben de haber desarrollado un método autóctono y muy eficiente para ponerse tan rápido y tan de acuerdo en todo.

Aunque es cierto que los documentos ya se habían debatido antes exhaustivamente por la población. Lo recordó el propio presidente Raúl Castro en su discurso ese día: más de un millón seiscientos mil cubanos debatieron dichos documentos, en lo que el general calificó como “los más estudiados, discutidos y rediscutidos en la historia de la Revolución y tal vez de la historia de la República de Cuba en un raro y tácito reconocimiento de que la nación cubana no surgió de la nada el primero de enero de 1959 y que antes los cubanos también estudiaban y debatían cosas serias.

El voto en el parlamento es importante: avanzan las reformas ––sin prisa pero sin pausa–– eso es innegable, aunque no podamos decodificar muy bien siempre qué quieren decir esas dos palabras. Y lo reportado por las agencias de prensa extranjeras ha sido escueto: que reapareció Marino Murillo, que la asamblea ratificó la futura existencia de la personalidad jurídica para las empresas privadas; que se ratifica el carácter socialista de la revolución y que Murillo, con esa simpatía que despierta dentro de la población, aclaró que en esto del cuentapropismo y su etapa superior, la pequeña y mediana empresa, de enriquecerse nada. O casi nada o un poquito; y que de “concentración de la propiedad” tampoco. Nada, nadita. Empresas privadas sí, pero no tanto. Es normal. Y es inevitable echarle una burladita al tema porque todo el mundo se pregunta y le preguntaría (especialmente los parlamentarios cubanos si tuvieran un poco más de tiempo): “Bueno, Murillo, pero ¿qué es exactamente enriquecimiento y qué es concentración de propiedad? ¿Dónde empiezan y dónde terminan los pecados? ¿Hasta dónde puedo yo trabajar, crecer y ganar dentro de la Conceptualización del Modelo sin que me partan la vida… mil dolaritos, diez mil dolaritos, cien mil, un milloncito, dos?

Dígame, Marino, con todo respeto, ¿por qué enriquecerse en Cuba no es tan glorioso como en China o el heroico Viet Nam? ¿Por qué, Murillo, me pone usted contra ese muro a mí, un cubano emprendedor que soñaría con producir cientos de miles de croquetas de macho[i] para alimentar a la población nacional y si me dejaran también a la extranjera? Se imagina usted, cientos de miles de croquetas de macho fritas o mejor precocinadas, saliendo por los distintos puertos de la isla hacia todo el exterior y países adyacentes para orgullo de Palma Soriano, que es donde nací. Y con extrema calidad. Las croquetas, no yo. Pero superministro Murillo, ¿usted cree de verdad que sería indigno exportar croquetas cubanas a China o que me sería posible producirlas al menos al ritmo de una croqueta por chino sin alguna concentración de capital? ¿O será que mis croquetas, es decir su producción, pre cocción o congelación constituyen una industria estratégica que debiera permanecer bajo la propiedad social de todo el pueblo como la del níquel?

Dígame, Murillo, porque ya ni siquiera puedo irme para Miami donde por cierto el enriquecimiento y la concentración de propiedad ya es dificilísimo. Y quiero tener una casa muy grande y airada y cómoda donde poder vivir, y otra en Palma Soriano si Dios me da suerte en los negocios de croquetas y usted me los permite, y otra en la playa para que mis hijos crezcan felices y nunca quieran irse de la patria que nos vio nacer. ¿Eso es muy malo?

Comentarista político y columnista de CNN en Español.

[i] En La Habana y lugares finos: cerdo, chancho, puerco, gorrino.

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