Opinión Sobre Cuba

JOAQUÍN ROY: Diplomacia de la Unión Europea hacia Cuba

La visita de Federica Mogherini, Alta Representante de la Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea a Cuba no debe ser calificada como sorprendente. Es esperada y lógica consecuencia de los movimientos sistemáticos de Bruselas hacia La Habana, desde que se decidió mutuamente dejar de lado las actitudes antagónicas que en nada favorecían la fluida comunicación. Las reuniones anteriores predecían que se debía elevar el nivel de representación protocolaria. El 11 de mayo desembarcará allá el presidente de Francia François Hollande.

También conviene preguntarse si la aparente prisa de la UE refleja un cierto temor de verse desplazada ante la agenda ambiciosa reflejada en el deshielo entre Cuba y Estados Unidos. En este sentido, conviene señalar que se trata de dos procesos diferentes, ya que la naturaleza del embargo (cuya primordial intención histórica ha sido terminar con el régimen cubano) es diferente de la Posición Común europea. Esta es una actitud limitada de la agenda colectiva de la UE, que no afecta a las actividades de los estados miembros, que han podido hacer lo que les ha apetecido individualmente. La demanda de la UE desde la implantación de la PC en 1996 es para recibir una “relación más estrecha”, no total y sin resquicios. La UE tiene las miras puestas en una futura transición.

Por otra parte, existe también la percepción de que las negociaciones europeo-cubanas para ensamblar un acuerdo de diálogo político y de cooperación están aquejadas de lentitud. Ante este diagnóstico se debe asentir aduciendo que los responsables de la UE son plenamente conscientes de las dificultades que puede presentar el régimen cubano, con el que se tiene que tener “buena paciencia y perseverancia” (en expresiones de los propios funcionarios europeos), sin que el guión quede atrapado por declaraciones espectaculares, con predicciones que luego son difíciles de cumplir. Por ejemplo, Obama está presionado por llegar a la cumbre de Panamá (10-11 abril) con la apertura de embajadas. En contraste, la UE tiene mayor margen temporal: le puede interesar llegar a su propia cumbre bicontinental con la CELAC (el ente colectivo Unión Europea-Caribe) en Bruselas el 11 de junio, con la eliminación de la Posición Común.

También se puede especular sobre el papel que la UE puede jugar en el futuro desarrollo de Cuba, ya inmersa en un proceso complejo de reformas económicas. En esta dimensión, Europa debería enfatizar su compromiso de “acompañamiento”, facilitando la apertura económica, como primer paso a la política, pero sin poner condiciones drásticas.

En ese terreno uno se debe preguntar si hay una competencia entre la UE y Estados Unidos para tratar de copar el mercado de Cuba, o bien se considera que la apertura ofrece oportunidades para todos, incluidos intereses de otras regiones del mundo. La respuesta es doble: hay lógica competencia, pero también hay suficiente terreno para satisfacción de ambas partes. Europa tiene la ventaja de contar con asentamientos económicos establecidos, y una sólida historia detrás. Pero Estados Unidos puede recuperar el terreno en poco tiempo, ya que la animosidad contra Washington es “sectorial” (gubernamental) y no entre pueblos. En una transición abierta, económica y política, puede haber terreno para todos. Pero Estados Unidos está más cerca geográficamente y cuenta ya con una población cubana residente, dispuesta a actuar como trampolín.

Europa puede aprovechar su presencia en sectores donde el embargo congelaba la actividad de Estados Unidos. No solamente hay una presencia en el sector hotelero sino también un gran potencial como punto de referencia en esfuerzos de integración regional, cooperación en el medio ambiente y la experiencia con un sistema de estado de bienestar, de suma necesidad en la transición de un régimen centralizado a uno progresivamente abierto.

En el terreno que la UE seguirá hilando fino y con cautela es el de derechos humanos y el estado de derecho. Las negociaciones reflejarán un tacto exquisito para dar la impresión a ambas partes de ganancias y ausencia de pérdidas. Si el sistema cubano se abre mínimamente en la dimensión política, el progreso en los temas de respeto de los derechos humanos va a ser lento, pero no imposible. Todo depende de las ventajas que el régimen cubano considere que puede lograr.

Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

jroy@Miami.edu

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