Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión Sobre Cuba

ALEJANDRO RÍOS: Los ríos de marzo

He vuelto a reparar en la significación de marzo para mi familia. Fue un día primero del mes –domingo para más señas– cuando a punto de acomodarme en un teatro de Miami Beach para disfrutar cierto ballet clásico, respondo la llamada inusual de mi hijo mayor para escuchar, atónito, que mi hermano Francisco, algunos años menor, había muerto, fulminado por un ataque cardíaco.

El 29 de marzo, mi padre hubiera cumplido años y llegaría a mi casa acicalado y perfumado para recibir los parabienes de la familia.

Mi sobrino ruso-cubano-americano, Dimas –hijo de Francisco– también estará celebrando su cumpleaños pero ahora en la distante China, donde labora para la embajada americana por dos años.

Hace poco, durante un evento en Miami Dade College, la chef Lidia Bastianich subrayó que todo su éxito lo debía a la fuerza del legado familiar y al haber podido escapar del comunismo, primero a Italia y luego a los Estados Unidos, a la edad de 12 años. Me satisfizo que llamara el mal por su nombre.

Se refirió a la importancia de la comida en su felicidad y sus éxitos y pensé, he ahí otra de las razones para denigrar al castrismo: la indigencia alimentaria.

Entre las magias de marzo para los Ríos figura la coincidencia feliz de celebrar cumpleaños encadenados, como bendición numerológica, de mis dos nietos, mi hijo mayor y quien suscribe. Es una andanada de Piscis. Uno de los agasajos ocurrió en el restaurante Canton Palace, tan auténtico que resulta complejo comunicarse con el camarero, lo cual nos coloca literalmente en China.

Esa noche se esperaba la llegada de una sobrina, quien termina dos carreras en FIU. Hizo un viaje de estudios a Londres, con escapadita a París. Cuando mi hermana la dio a luz en Cuba, sin embargo, la cosieron con hilo de henequén.

Durante otra celebración, a mi nieto mayor –mitad cubano, mitad brasileño– quien comienza la fascinante aventura del teenager, los padres le dieron la opción entre varios restaurantes para celebrar su fiesta y optó por una buena frita cubana.

Mi Esther y yo estamos cerrando marzo por todo lo alto. Saldé otra de mis deudas musicales y la hice fan, definitivamente, de una agrupación extraordinaria que ofreció un concierto deslumbrante con la recreación de sus clásicas piezas.

Fleetwood Mac levantó el techo del American Airlines Arena, donde no cabía un alma. Por primera vez, en muchos años, el grupo se presentaba íntegro –sus cinco miembros–, con el regreso de Christine McVie, distante desde 1998. Todos le rindieron pleitesía a la cantante y tecladista, agradecidos sin dudas, por poder interpretar lo principal del repertorio de la banda, con numerosos premios Grammys a su haber, así como la membresía al Hall de la Fama del Rock and Roll.

Solamente su mítico álbum Rumours (1977) sobrepasó los 45 millones de unidades vendidas, cifra que lo coloca en el sexto lugar de los más vendidos de todos los tiempos.

Fue una jornada de ensueño, donde Christine celebró nuestros rayos de sol y la musa y poeta Stevie Nicks, una de las mejores voces y compositoras de su generación, nos regaló un Landslide, acompañada solo con la extraordinaria guitarra de Lindsey Buckingham, que resonará en mi corazón por siempre.

No me avergüenza haber llorado varias veces durante el concierto ante aquel grupo controversial, tierno y furioso, que encarna la libertad de los años setenta que yo no disfruté. Tengo que cantar con ellos “Yesterday’s gone, yesterday’s gone…” para estar seguro que el mañana ya es nuestro, y sobrevivirá con los míos, plenos de felicidad.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de marzo de 2015, 2:30 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Los ríos de marzo."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA