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Opinión Sobre Cuba

Sexo es humanidad

La indigencia y escasez de más de medio siglo de castrismo crea no solo ansiedades alimenticias legítimas sino de muchas otras categorías, siendo el consumo, en toda su enorme alcance, una de sus máximas expresiones.

La ropa y el calzado de marca, los productos de belleza y de higiene, equipos electrónicos y de computación, automóviles y muchos otros productos y acciones –como viajar fuera de los límites agobiantes de la ínsula–, que están al alcance de millones de personas en el mundo, en Cuba se transforman en quimeras inalcanzables.

Una nota aparecida en Diario de Cuba da cuenta de otra ansiedad que comienza a ser satisfecha entre los criollos comunes: la adquisición y uso de los llamados juguetes sexuales.

Ya en el año 2005, el cineasta Eduardo del Llano prefiguraba este nuevo escenario en su corto High Tech, como parte de la serie que ha dedicado a su atribulado personaje Nicanor O’ Donnell quien, durante este capítulo, viaja a un congreso al extranjero y en vez de regresar con la pacotilla necesaria que espera su esposa, que puede ser desde ropa interior hasta cubitos de sopa de pollo, se le ocurre invertir la fastuosa suma de $500 en juguetes sexuales para tratar de reanimar su matrimonio en crisis.

A partir de esta premisa, el sarcasmo se apropia de la anécdota y nos divertimos de lo lindo con la pareja tratando de dilucidar, mediante manuales de instrucción en alemán que deben ser traducidos por un amigo, lo cual conspira contra la discreción del hecho, cómo utilizar los curiosos artilugios para enaltecer la libido.

La escena cumbre tiene a la pareja tratando de hacer el amor enredada en cables y transformadores, debido a la inestabilidad de la corriente eléctrica en la isla, al borde de ser electrocutados o casi ahorcados por la cablería sobre la cama, donde terminan, frustrados, su aventura con la “alta tecnología”.

En los años ochenta, durante mi primer viaje oficial fuera de la isla, acompañando una muestra de libros cubanos a Ciudad México, no solo aproveché para ver la casa de Trotski en compañía de Pablo Pacheco, director del Instituto del Libro, ya fallecido, sino que fuimos a un cine para disfrutar –por primera vez– un filme erótico que resultó ser Emanuelle, con la hermosa Sylvia Kristel.

Ahora aparecen los llamados sex shops en Cuba, pero de manera clandestina, por supuesto, luego de que la gerontocracia verde olivo disfrutara, desde siempre, de bacanales, animadas por una suerte de viagra cubana conocida como PPG, que llegaron a repercutir hasta en el frente de batalla de Angola.

No pertenecen al llamado cuentapropismo autorizado por el régimen las nuevas vendutas. Los precios oscilan entre 8 y 60 CUC, en dependencia de la complejidad de los objetos que se deseen adquirir, verdaderas fortunas para un país donde el sueldo promedio de un obrero puede ser de 23 CUC al mes, pero abren, sin duda, una puerta absurdamente cerrada por la intolerancia y la mojigatería comunistas.

Una señora de 60 años, tal vez miembro de los comités de defensa y de la federación de mujeres, vende los objetos en su propia casa: “Al principio, tenía prejuicios. La idea del negocio fue de mi hijo. Yo no me imaginaba haciendo esto. Pero los viajes me han abierto la mente. Esto es legal en cualquier lugar del mundo y no significa que hay promiscuidad”.

Otros siguen opinando sobre el tema con cierta cautela, como párvulos sobrecogidos. Un potencial cliente, sin embargo, haciendo uso de la picaresca nacional, garantiza una suerte de legitimidad parafraseando la retórica martiana: “Sexo es humanidad”.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de julio de 2017, 6:14 a. m. with the headline "Sexo es humanidad."

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