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Opinión Sobre Cuba

El exilio y la cantante

En noviembre del año 1939 el músico y pacifista Georg Elser planeó un atentado que hubiera cambiado el curso de la historia. La bomba que fabricó y plantó en Munich, sin ninguna colaboración, tenía la intención de liquidar a Adolf Hitler durante una comparecencia pública. Desafortunadamente el Führer abandonó el local 13 minutos antes de que estallara el artefacto. La anécdota está recogida en el intenso filme alemán 13 minutos que ahora se exhibe en el Teatro Tower del Miami Dade College.

Elser había experimentado algunos de los desmanes de la entronización del fascismo entre sus conciudadanos como aquel de ver humillar, en plena calle, a una de sus vecinas con un cartel derogatorio colgado al cuello por mantener relaciones sentimentales con un judío.

Como supuso que todo iría de mal en peor, decidió tomar la justicia por su mano para tener la conciencia tranquila. No pertenecía a ningún partido, ni profesaba otra ideología que no fuera la devoción por la belleza femenina. En los momentos más oscuros de su ordalía, pues fue capturado y torturado, encomendaba, discretamente, su alma a Dios.

En los totalitarismos se manifiestan héroes excepcionales como Elser, quien por cierto demoró años en ser reconocido como un luchador antifascista en la historia alemana, pero también colaboracionistas que rinden pleitesía a los atormentadores de sus pueblos, lo cual resulta más difícil de entender.

El pasado fin de semana se dieron cita en Miami circunstancias que hacen recordar situaciones análogas pero referidas a Cuba y la larga y agotadora estadía del castrismo en la isla y otros sitios de Latinoamérica.

Durante un encuentro, sumamente concurrido, con la escritora Zoé Valdés y los presos políticos Angel de Fana y Ernesto Díaz Rodríguez, en la librería Altamira de Coral Gables, regresó a la palestra el lenguaje épico anticastrista, que suele atemperarse en la ciudad ante la llegada de nuevas generaciones de cubanos desentendidos del yugo político que han sufrido desde su nacimiento.

Una conclusión poderosa emergió, no obstante, del encuentro: al exilio cubano hay que protegerlo y hacerlo valer como último reducto de dignidad y orgullo.

A la misma hora, en las antípodas, una cantante de la isla, quien tiene programado, próximamente, concierto en Miami con el grupo los Van Van, llamaba necios sin importancia, en entrevista circulada por la prensa, a personas que la habían imprecado en los medios sociales por encumbrar al tirano Fidel Castro en una canción divulgada a propósito de su 90 cumpleaños.

El abuelo de la joven salsera, el inimitable cantante y bailarín de la Orquesta Aragón, Felo Bacallao, murió en las más lamentables condiciones en Caracas, Venezuela, huyendo del intolerable castrismo en el año 1993 –pleno período especial– donde poco tiempo después lo sorprende el chavismo.

Este fue el aviso online que envió un amigo cuando encontraron el cadáver de Bacallao en el año 2005: “Hace falta que quien lea esta información en Cuba avise a sus compañeros y familiares. Felo, muy querido en Venezuela, murió a consecuencia de un infarto. Fue hallado en su cuarto, en el apartamento que compartía con otro señor. Todo indica que se le reventó además una úlcera (o algo así) dada la cantidad de sangre. (Les ruego me perdonen por este informe.)”.

Cuando su abuelo murió, la salsera contaba con 18 años de edad y estaba cantando desde los 4. Hoy tiene 30 y el castrismo 58, la influencia es incuestionable. Aunque ha viajado más que sus coterráneos, no ha vivido en otra sociedad. Dice que le duele que la critiquen con tanta rudeza y solo viene a Miami a prodigar felicidad.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de agosto de 2017, 5:15 p. m. with the headline "El exilio y la cantante."

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