No todo está perdido
Después que la trama venezolana parece afincarse a favor de la dictadura –ahora van a esperar por el desgaste en los medios de prensa y sociales para ir afianzándose–, el castrismo –origen del mal– la emprende en Cuba contra los amagos de la economía alternativa que parecían florecer de modo inconveniente para la gerontocracia. Son regímenes improductivos pero calculan fríamente sus expectativas de vida y poder.
Es la misma mecánica de siempre, suelta un rato las amarras, hasta que la prensa comienza a reflexionar sobre la existencia improbable de un dictador reformista y cuando parece que se han tragado la píldora del cambio, atenazan los cabos y todo lo que presumía adelanto, esperanza y un atisbo de libre albedrío, se trasunta en un juego malévolo, de represión y control.
El castrismo es una trampa que solo engaña a los incautos. Ahora el llamado cuentapropismo exhibe su fragilidad legal, su desprotección ante los ramalazos del régimen. Los que detentan el poder serán los únicos ricos, el resto se atiene a los vaivenes de amenazas eventuales que impelen el miedo.
La masa corrupta de inspectores, impuestos leoninos y delatores, perturban la posibilidad de un mercado en ciernes. Le van a arriba, sin piedad, a quienes solo quieren prosperar con su trabajo y aptitudes.
Hay numerosas señales, sin embargo, de que todo no está perdido. El cubano en libertad se desembaraza rápidamente de la rémora castrista que lo ha lacerado desde que vino al mundo de la revolución y Miami sigue siendo la prueba fehaciente del fracaso del robot guevarista, el hombre nuevo.
Hace poco más de una semana la explosión de un relámpago sobre el transformador de mi cuadra en Westchester, nos dejó sin energía eléctrica por más de veinticuatro horas. Al hacerse la luz, descubrí que varios equipos domésticos se habían dañado. El verbo reparar no forma parte del diccionario de nuestra sociedad. Incluso publicaciones tan prestigiosas como Consumer Reports recomienda reponer, porque resulta más barato que arreglar.
Sin embargo, comencé a explorar la posibilidad de componer el televisor, encontrar un precio plausible, inferior a la inversión que significa uno nuevo, y mediante amigos del Canal 41, AmericaTeVe, donde conduzco el programa La Mirada Indiscreta, me sugirieron que consultara a un avispado compatriota que responde al nombre de César, dueño del centro de reparaciones iTech 2 Fix y lo improbable aconteció. Se llevaron el televisor, me dieron el estimado, muchísimo menos que el precio de uno nuevo, fue devuelto totalmente arreglado y lo instalaron.
César hizo estudios de ingeniería eléctrica en Cuba, vino en el año 2003 para triunfar, tuvo dos trabajos antes de este que le permitieron estabilizarse. Exploró la demanda, vio que el nicho estaba apenas cubierto, y montó el negocio. En el país donde lo roto se bota, hoy cuenta con una clientela notable a los cuales compone, asimismo, otros aparatos imprescindibles de la vida moderna como los teléfonos inteligentes y las computadoras.
No tiene parientes en Miami, vive con su esposa, quien también es parte de la empresa y su hijo pequeño que ya participa en los anuncios transmitidos por el canal.
Este es el modelo de cubano posible que el castrismo teme y desprecia: libre, ambicioso, con iniciativas, laborioso, que incluso genera trabajo a beneficio de otros coterráneos.
César es parte de la respetada pequeña empresa, de la cual no puede prescindir la economía local de Miami. Nunca fue instruido en sus complejos pormenores. Su instinto lo hizo buscar el bienestar sin trampas y sin miedo. Es la certidumbre de que una Cuba próspera solo es posible lejos de la batahola castrista.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de agosto de 2017, 3:27 p. m. with the headline "No todo está perdido."