A propósito de La Guantanamera
Agradablemente me sorprendió que La Poderosa 670 AM decidiera regresar a la radio La Guantanamera, según la crónica de Arturo Arias-Polo del lunes 31 de julio. Ante todo, deseo que Willy Leyva frente al elenco anunciado, de lindos recuerdos, cumpla su cometido. Pero el verdadero propósito de estas líneas, es aclarar detalles que conozco de primera mano del que fuera el alma de La Guantanamera transmitida en Cuba por más de quince años ininterrumpidos, Joseíto Fernández, a quien conocí día a día por toda una década.
Una vez me confesó que tanto le chocaba haber adelantado su llegada tres días a la fecha de celebración de la Caridad del Cobre (patrona de Cuba), como le agradaba que nadie le hubiese llamado nunca Pepe, o quizás Cheo. “¡Joseíto nací, y con el Joseíto iré hasta el final” –decía.
Era muy cierto: en el barrio habanero de Los Sitios vino al mundo el 5 de septiembre de 1908, para pasar allí toda su vida.
Joseíto Fernández era mulato casi blanco, alto, huesudo, de sonrisa rápida con espacios de oro, y labios adornados por un bigote espeso y una frase amistosa para todos. Invariablemente vestía guayabera blanca y pantalón de dril. Calzaba zapatos de dos tonos y llevaba en la cabeza sombrero “jipi”.
Como bien afirma el excelente Vicente Rojas, Joseíto es pura leyenda, me atrevo a asegurar que perteneciente a la misma casta del Benny, Celia, la Guillot, y Barbarito Diez, pero sin reconocer.
Treinta y cinco años tenía cuando la firma Crusellas lo contrató para narrar, en décimas cantadas, cada escenificación radial de un programa que abordaba diariamente la crónica roja.
Fue un éxito que se mantuvo en el aire desde 1943 hasta 1957. La tonada guajira llamada Guantanamera le dio nombre al espectáculo, y frases como: “Te voy a formar una Guantanamera”, “Le tocaron una Guantanamera”, etc., se convirtieron en populares símbolos de violencia en época en que el narcotráfico, las mafias y las pandillas estaban reducidas a pequeñísimos espacios.
Joseíto matizaba las décimas con expresiones pegajosas. Se le oía arrear a un supuesto buey: “¡Coge el trillo, Venao!”, o espantar a un perro, grabado en disco: “Pasa, Maco”. Los que lo conocían desde sus inicios afirmaban que siempre había sido exacto en sus maneras elegantes, en sus ropas pintorescas, y en “lo buena gente”, que le salía por los poros.
Si de algo hacía alardes, en los años que lo conocí, era de su dicción (todo se le entendía), y de su afinación (insuperable, por supuesto), pero la Guantanamera desapareció arrastrando a Joseíto como en una aparente clausura.
Cuando, diez años después, el cantor estadounidense Pete Seeger revistió la célebre tonada con versos martianos, a Joseíto Fernández se le escamoteó su creación, y La Guantanamera recorrió el mundo con otros matices rojos, ciertamente resucitada. El propio Pete Seeger, entrevistado en La Habana, dejó claro que utilizó la tonada Guantanamera para musicalizar versos sencillos de José Martí que no tenían nada que ver con Joseíto Fernández.
El gran intérprete de Los Sitios, con su sonrisa fácil, con su manera de vestir de los años exitosos, siguió siendo el mismo: un criollo ejemplar, ¡buena gente! hasta la médula, pero negado, olvidado con todos los propósitos concebibles.
No había “avanzado ideológicamente”, ¡para su tranquilidad, por supuesto!
Actor, director y escritor cubano.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de agosto de 2017, 6:42 a. m. with the headline "A propósito de La Guantanamera."