Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión Sobre Cuba

Impotencia

Lo que oí, vi, viví, leí, aprendí, participé, y sufrí durante alrededor de 19 años en prisión política, cambió mi vida totalmente. Ese hecho tan trascendental, así como mi lucha en pro de los derechos humanos y las libertades fundamentales, han mantenido inquebrantable mi esperanza y fe en un futuro con democracia y libertad para mi país.

Fui absuelto de todos los cargos por un Tribunal Revolucionario nombrado por el tirano Fidel Castro. En la noche de la absolución (el 2 de marzo), ante la prensa radial, televisada y escrita, él tuvo la audacia aberrada (es abogado) de cometer una monstruosidad jurídica, no aceptando la absolución de todos los cargos y declaró que los aviadores eran “potenciales enemigos” y una “amenaza contrarrevolucionaria”. La revolución no se podía dar el lujo de dejarlos en libertad. Así ordenó un segundo juicio, nombrando un supremo tribunal con 5 comandantes de su círculo íntimo. Como fiscal, Castro nombró al títere ministro de Defensa.

Éramos 43 aviadores, de los cuales 19 éramos pilotos. Todos fuimos absueltos de todos los cargos y encontrados inocentes. El 5 de marzo, en un segundo juicio sumarísimo y espectáculo político con ambiente de circo romano, que comenzó en la noche (8 PM) y terminó alrededor de las 4 AM, la sala llena con una turba traída por el fiscal mismo, no permitieron a los abogados defensores participar en el juicio. A casi todos, a empujones y gritos, los expulsaron de la sala. El que dejaron participar, el Dr. Carlos Peña Jústiz, quien se hizo cargo de la defensa de todos, tenía credenciales revolucionarias. Como parte de su alegato final, le dijo al Tribunal: “Si ustedes condenan a estos muchachos que han sido absueltos de todos los cargos, convertirán a Fidel Castro en el Napoleón del Caribe y a la revolución en una tiranía”. Pero al poco tiempo él también fue preso, torturado y condenado a 20 años de prisión por su defensa de los aviadores. Nosotros no estuvimos presentes en este segundo juicio. Se nos mantuvo alejados en la prisión de Boniato. El fiscal no presentó ninguna evidencia o cargos nuevos. Los buscó, pero no los encontró. ¡No los había! Tres días después de terminado el segundo juicio, (el 8 de marzo) y sin que el títere tribunal dictara sentencia, el propio Castro en persona, cometiendo un horrendo crimen judicial, viola la santidad de la cosa juzgada y ante la prensa, nos condenó. Cosa insólita y sorprendente: Se nos condenó a través de la radio, TV y prensa por el propio tirano Castro. Monstruosidad jurídica, masacre judicial, contra lega (contra la ley), non bis idem (no caben dos juicios sobre el mismo hecho), nulla poena sine previa legem (ninguna pena si no existe una ley previa).

Todos los encausados fuimos condenados a trabajo forzado (los pilotos a 30 años), a pesar de que el trabajo forzado había sido abolido en Cuba con la independencia en 1902, y quedó abolido internacionalmente el 28 de junio de 1930, decisión que fue ratificada en 1957 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, Suiza, por ser cruel e inhumano.

Los tres miembros del Tribunal del primer juicio que nos absolvió recibieron en distintas formas las aciagas consecuencias de su legal, histórica, justa y humana decisión: represalia por no haber cumplido las órdenes de condenarnos. El comandante Félix Pena, presidente del Tribunal, fue citado al Estado Mayor del Ejército, donde tuvo una acalorada discusión con Fidel y Raúl Castro, según Pena le contó esa misma noche a otro de los jueces (Antonio Michel). Al otro día, en la mañana, Pena apareció muerto de un balazo en el pecho dentro de un automóvil estacionado en el campo de aviación de la Base de Columbia. Los otros miembros del Tribunal, así como colegas militares abogados estaban convencidos que Pena fue mandado a matar por los Castro. La versión oficial del gobierno fue “suicidio”.

El juez comandante piloto rebelde Antonio Michel Yabour tuvo que escapar al exilio. El tercer juez, el primer teniente rebelde, el abogado Adalberto Parúas, pasó varios años humillado, perseguido y varias veces preso. Le tomó 36 años poder llegar a Miami. Los dos murieron en el exilio.

Esta acción marcó de modo significativo la naturaleza, engañosa, arbitraria y criminal de lo que le esperaba a la nueva Cuba. Este es el hito histórico que convertiría a Castro en tirano y dictador y a la revolución en una tiranía.

Lo que más me golpeaba en la prisión era la impotencia, producto de la ira que me producía la absurda e ilegitima prisión, el trabajo forzado, la represión y abuso diario, las escaseces, las torturas físicas y mentales, las requisas, el abandono nacional e internacional. La impotencia era aumentada al oír de las bocas de nuevos presos lo que pasaba a lo largo y ancho del país: la destrucción de las estructuras e infraestructuras; la abolición de las centenarias tradiciones e instituciones de Cuba; el adoctrinamiento de la población en la ideología marxista-leninista a todo nivel educacional comenzando en la infancia e incluyendo los centros de trabajo, a las fuerzas armadas, milicias, policías y civiles burócratas.

Todo esto me obligaba a luchar, resistir y tener esperanza de que algún día saldría de esa maldita aberrada prisión. No estaba, ni estoy, vencido. Saldría –pensaba– con un cambio del sistema, o por una fuga, o por indulto. Intenté una fuga junto a un gran amigo (López del Toro), pero nos detectaron y fracasó. Fuerte represalia recibimos.

En el exilio me he mantenido luchando contra el clan de los Castro, el Che y el partido comunista cubano. Mi trabajo en el exilio fue de director del International Rescue Committee (IRC) para el estado de Nueva Jersey por casi 20 años. Esta es una organización no lucrativa de asistencia a refugiados políticos de todo el mundo. Allí estuve recibiendo, reubicando y ayudando a los refugiados presos y expresos políticos cubanos y de otras nacionalidades en su reubicación y adaptación a esta gran nación cuando llegaban al exilio.

En una de las múltiples entrevistas que he tenido en el exilio, un periodista me preguntó que fue lo que más me golpeó e impactó durante el tiempo de prisión. El mismo me señaló 5 posibilidades: 1) las torturas, 2) la ausencia de la familia, 3) la pérdida de mi carrera de piloto, 4) la pérdida de propiedades y objetos personales, 5) el encierro, o falta de libertad. Tardé en contestar, pero después de pensar unos segundos mi respuesta al periodista fue: todas las 5 razones anteriores se sintetizan en una sola palabra: “Impotencia, impotencia, impotencia”.

Piloto aviador (PA) cubano. Ex preso político.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de septiembre de 2017, 5:59 p. m. with the headline "Impotencia."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA