Opinión Sobre Cuba

Cuba, sin aliento

Un grupo de personas cruza una calle inundada en La Habana después del paso del huracán Irma por la costa norte de Cuba, el 10 de septiembre.
Un grupo de personas cruza una calle inundada en La Habana después del paso del huracán Irma por la costa norte de Cuba, el 10 de septiembre. AP

En los últimos años varios huracanes con perjuicios variables han azotado a Cuba, lo que ha incidido en que las condiciones de vida de los isleños sean más trágicas al acentuar la miseria y el desaliento que les agobia, evidenciando lo que comentaba frecuentemente un conocido periodista, quien afirmaba: “el camino hacia lo peor es infinito”.

La dictadura de los Castro siempre ha responsabilizado a Estados Unidos de los daños que huracanes o epidemias puedan causar en su gigantesca propiedad caribeña sin menoscabo de su sempiterna intención de beneficiarse material y políticamente de cualquier acontecimiento, en particular los que afecten a la población.

En 1963 acusó a Washington de manipular la ciencia al hacer que el huracán Flora se ensañara en la isla. Posteriormente fueron más las acusaciones, entre ellas, la epidemia de moho azul, en 1979, que afectó el 95 por ciento de la cosecha de tabaco de ese año.

Es cierto que las catastróficas consecuencias de los desastres naturales generan condiciones en las que gobiernos e individuos se manifiestan como realmente son, pudiéndose apreciar notables gestos de solidaridad y muecas de lo extremo de la miseria humana.

La corrupción es una de las muestras más manifiestas de esos desastres, pero en Cuba, donde esa lacra está extendida, y se ha denunciado regularmente que el gobierno vende a los damnificados las donaciones internacionales, la codicia alcanzó su máxima expresión cuando se dictó la resolución 645/2017, derogada posteriormente, que indicaba que los beneficiarios de las donaciones internacionales debían pagar los gastos de distribución y transportación en el momento de recibir el donativo, un cinismo que motivó un fuerte rechazo dentro y fuera de la isla que sintetiza el comentario de la santiaguera María Mercedes Rodríguez al periodista Adriel Reyes: “Desde que yo tengo uso de razón todas se han cobrado, siempre pintan un cuento y te la cobran”.

Recientemente el periodista y ensayista Carlos Alberto Montaner señalaba que el comunismo es más devastador que el huracán más feroz, opinión muy difícil de refutar porque la ruina provocada por el castrismo, aparte de afectar los bienes materiales y los recursos de la nación, quebranta directamente los valores ciudadanos y despojan al individuo de la esperanza de un mejor futuro.

Mientras, otros países afectados por estos desastres aprueban legislaciones que revocan restricciones a ciertas actividades para facilitar la transportación, distribución y acceso a la ayuda, en Cuba se incrementan las prohibiciones y se acentúa la represión, como demuestran demandas sin respuestas del Observatorio Cubano de Derechos Humanos y de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, que piden la eliminación del impuesto del 10% al dólar estadounidense y se entreguen licencias a los cuentapropistas, la Fundación reclama que se liberen por un año los impuestos aduanales y se reduzcan los precios de las tiendas estatales a los productos básicos y de la construcción, así como a las tarifas de telefonía e internet.

Otra muestra de la insensibilidad del estado castrista se aprecia cuando Manuel Marrero, ministro de Turismo, asegura que todas las instalaciones turísticas del país estarán listas para la temporada alta, y se compromete con un producto turístico más actualizado y con mayor calidad, asegurando que “los suministros de electricidad, agua y las comunicaciones ya están restablecidas en el cien por cien de los polos turísticos”, una situación contrastante con el desolador panorama que viven los que residen en las poblaciones y regiones afectadas.

El régimen que no resuelve los problemas de la población, asegura la recuperación completa de 14 de los 18 hoteles afectados, mientras damnificados por otros huracanes, entre ellos el Sandy hace cinco años, siguen en albergues, lo que valida la denuncia de Nilo Gutiérrez, residente en Morón, que le dijo al periodista Reyes: “La población será en un tercer plano, porque después del turismo están las empresas estatales y después la población, o sea, que seguimos siendo cubanos de a pie no, de a rodillas”.

Periodista de Radio Martí.

  Comentarios