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Opinión Sobre Cuba

JOSÉ MANUEL PALLÍ: Refutando prejuicios sobre el futuro de Cuba

El propósito de este humilde escrito es el que describe su título. Y la intención de quien lo escribe es dejar de lado sus propios prejuicios a la hora de escribirlo.

Quienes hemos tenido la dicha de ver y vivir la transformación de Miami en los últimos 35 o 40 años, convirtiéndose en una ciudad casi tan maravillosa como Río, y casi tan cosmopolita como cualquiera de las grandes capitales del mundo, conocemos de primera mano la noble influencia que la llamada diáspora cubana (y hoy por hoy las de varias otras nacionalidades) ha tenido en dicha transformación.

Pero hay ciertas ideas, conceptos y prejuicios que permanecen, en la mente y en el corazón de muchos de mis vecinos de origen cubano, inmunes e inmóviles ante esos procesos de transformación que ha atravesado Miami. Es a esos prejuicios –que en muchos casos, y en mi modesta opinión, derivan en el autoengaño– a los que me quiero referir.

La mayoría de esos prejuicios están anclados en esta tesis que, seguramente, comparten muchos de los cubanos de Miami (y de EEUU en general):

Cuando desaparezcan los Castro, el pueblo cubano deberá diseñar un nuevo sistema político y económico. Ese pueblo rechazará el legado totalitario de los Castro y abrazará las ideas de democracia, economía de libre mercado y estado de derecho, que deberán plasmarse en una nueva constitución.

Esa es la tesis que nos presentan muchos de los cubanólogos que opinan sobre el futuro de Cuba desde EEUU. Y es natural que así sea, porque desde la perspectiva de esos cubanólogos, el sistema político y económico de EEUU es emblemático de esas ideas (democracia, libre mercado y estado de derecho) que ellos quisieran ver adoptadas por el pueblo cubano en un futuro próximo. Pero un análisis objetivo de nuestro propio sistema político –el del Sur de la Florida, el de nuestro estado y el de la nación toda– nos debiera llevar a cuestionar si el pueblo cubano debiera realmente optar por copiar nuestro “modelo”.

Y el caso del senador Bob Menéndez es un buen ejemplo del porqué es necesario ese cuestionamiento.

Aclaro que no pienso que Bob Menéndez sea “culpable” de lo que se le acusa, más allá de que, como todos los acusados, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. El mismo senador ha declarado su inocencia amén de asegurarnos: “…me he comportado de acuerdo con la ley”. Como legislador que es –y miembro del llamado “club más exclusivo del mundo”–, él debe de conocer esa ley, ese “estado de derecho”, mejor que nadie.

Y ese, precisamente, es nuestro drama, si nuestro propósito fuera venderle nuestro modelo a otros pueblos, entre ellos al cubano: “¿Quién me lo quiere comprar?”…, como cantaba Lucho Gatica (el inolvidable Fausto Miranda me catalogaría, ipso facto, como “viejo, pero viejo de verdad”, lo sé).

Es el estado “del” derecho –de ese derecho elaborado por Menéndez y sus pares, y avalado por los custodios de nuestra constitucionalidad– lo que le permite al senador sostener que sus acusadores “confunden corrupción con amistad”. Las innumerables anécdotas de esa entrañable amistad entre el senador y su amigo y soporte económico enarcarían las cejas de muchos en otros países cuyas leyes no amparan a modelos políticos como nuestra “amigo-cracia”, resultado inevitable de nuestra vocación por hacer política con base en una sola herramienta: money, money. money. Y es que nuestro rule of law permite que el dinero fluya sin restricciones entre los intereses representados por lobistas (y “amigos”) y nuestros políticos, y así la corrupción es, para los estadounidenses proclives al autoengaño, algo que ocurre con frecuencia en otros países pero rara vez entre nosotros.

Por eso es bueno cuestionar de vez en cuando las virtudes de nuestro sistema político antes de ofrecerlo como modelo, preguntándonos no solo cual es el estado actual de nuestro derecho, sino también qué significa para nosotros hoy nuestra democracia, inmersa en dinero y en favores que cualquiera de nosotros le haría a un buen amigo…

La pregunta sobre qué tan “libre” es nuestro libre comercio la dejo para otra oportunidad. Pero cada vez que me hago esa pregunta me viene a la mente aquel verso de un brillante poeta y pensador español: “Todo necio confunde valor y precio”. Y apostarle a la necedad del pueblo cubano me parece una muy mala apuesta.

Abogado cubanoamericano.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de abril de 2015, 0:00 p. m. with the headline "JOSÉ MANUEL PALLÍ: Refutando prejuicios sobre el futuro de Cuba."

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