Opinión Sobre Cuba

La nueva escuela

Se llamaba Georgina Cuervo y era una de esas profesoras de extraordinarias maneras, capaz de controlar la jauría juvenil en el Pre Universitario José Martí, de La Habana, con voz baja, dulce y culta, privilegio solo dado a los buenos educadores.

Impartía literatura, lo cual creaba para mí una suerte de oasis en medio de otras asignaturas de las ciencias con las cuales me era difícil comulgar.

Había otros profesores de similar integridad. Entraban a las aulas acicalados, puntuales, y no eran dados a los saraos políticos que ya la juventud comunista y otros directivos del plantel se veían obligados a celebrar. Pensaron que con ser buenos profesores era suficiente, pero se equivocaron.

Un buen día, llegamos en la mañana al aula seis del Pre y descubrimos que muchos de aquellos maestros raigales habían sido expulsados. La cacería de “pequeño burgués”, con “rezagos del pasado”, formaba parte de la llamada “ofensiva revolucionaria” en 1968, suerte de empujón del castrismo a sus más dañinos extremos.

El Primer Congreso de Educación y Cultura, tres años después, terminaría por implantar el adoctrinamiento como forma de aprendizaje. Allí fueron depurados “feminoides” y “extranjerizantes”, entre otros desafectos.

Tantos años después se pagan las consecuencias de ese ataque artero contra el corazón de la enseñanza en Cuba. Hay crisis de maestros y profesores, es un oficio en decadencia, sin estímulo de ninguna índole.

Muchos de aquellos educadores defenestrados, hoy son los llamados “repasadores”, a los cuales hay que pagar para garantizar que los alumnos aprendan de verdad y aprueben sus exámenes.

Las becas, sobre todo las escuelas secundarias y preuniversitarias en el campo, habían contribuido a desvirtuar, definitivamente, la enseñanza. El programa faraónico de cientos de construcciones de espanto arquitectónico en medio de páramos alejados de las familias y de la civilización, fue uno de los tantos engendros personales del dictador Fidel Castro.

El programa La Mirada Indiscreta que conduzco en el Canal 41 (AmericaTeVe), ahora en su nuevo horario de los sábados a las 9:00 p.m., comenta esta semana el documental La nueva escuela, del militante director Jorge Fraga –fallecido en Colombia–, quien pensó, junto a su equipo de realización en 1973, que valía la pena reseñar en detalle el disparatado programa conocido como “Escuelas Secundarias en el Campo”.

El cineasta y periodista Luis Leonel León, quien fuera becario de algo similar pero en el nivel preuniversitario, me acompaña durante la hora del espacio televisivo donde tratamos de dilucidar ideas tan perversas, con un filme que se hizo para promoverlas.

La nueva escuela encarna, como documental, el propósito para el cual fue creado el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), en su peor expresión: aparato de propaganda del castrismo.

Causa pavor asomarse a la fábrica del “hombre nuevo”, niños distantes de sus padres, conminados por comisarios, a expensas de una ideología que termina por lavarles el cerebro, proceso que se testimonia ante las cámaras.

Ilustrativa resulta una asamblea de evaluación donde los alumnos con deficiencias académicas o disciplinarias son delatados y humillados, sin reparo, por sus compañeros.

Ni hablar de que la idea de estudiar y trabajar en la agricultura –según el castrismo– parte del ideario martiano y del inflexible Carlos Marx.

En otra secuencia reveladora, el propio dictador se reúne con los alumnos para elegir el uniforme de los que estudiarán pedagogía.

Hoy, aquellos centros de adoctrinamiento se erigen como ruinas de una temporada perturbadora y el documental La nueva escuela es la prueba fehaciente de su fracaso irremediable.

Crítico y periodista cultural.

La Mirada Indiscreta cambia de horario para los sábados a las 9:00 p.m. Canal 41, AmericaTeVe

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