Los cubanos, navegando entre disparates migratorios
Tres días y treinta llamadas, así resume Carla las jornadas posteriores al anuncio de las nuevas medidas migratorias. “Marqué todos los números que tenía a mano”, cuenta, mientras toma una taza de té en su casa de Centro Habana. Esta graduada de enfermería aguarda ansiosa por el reencuentro con un hermano balsero radicado en Tampa desde hace siete años.
Sin embargo, en la compleja madeja de prohibiciones de la política migratoria cubana, las flexibilizaciones que comenzarán a regir a partir del 1 de enero próximo han arrojado más incertidumbres que certezas. “Él quiere venir en su yate y que la familia pueda pasear en la embarcación por la costa cubana y hasta pescar”, explica.
Varias llamadas a la Marina Hemingway han hecho aterrizar los sueños de la enfermera. “Su hermano puede arribar en su barco, pero los cubanos residentes en la Isla no pueden todavía salir a pasear en la embarcación”, le dijo una voz al otro lado de la línea. Carla chocó entonces con esa parte de la legislación que sigue sin moverse un milímetro.
Durante décadas, los cubanos han sido encerrados en sucesivas cajas. Unos compartimentos estancos encaminados a lastrar su capacidad de decidir desde quién gobierna el país hasta qué periódicos pueden leer. En la última década, algunas de esas restricciones se han vuelto obsoletas, han sido derogadas o cambiadas, pero su “núcleo duro” sigue en pie.
En el centro de tantas limitaciones está la convicción del gobierno de que si permite a los ciudadanos contar con mayores espacios de decisión y acción, estos terminarán por echar abajo el actual régimen. Un paseo en yate por la costa cubana podría hacer que la familia de Carla se pregunte por qué le han negado ese placer durante tanto tiempo y su inconformidad aumente.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de noviembre de 2017, 6:54 p. m. with the headline "Los cubanos, navegando entre disparates migratorios."