Se cerró el dominó
En el lastimoso video que da cuenta del derrumbe en un edificio de Centro Habana, donde perdió la vida cierto joven de 17 años, los bomberos llegan al lugar de los hechos con unas mínimas palas y muy poco entusiasmo para lidiar con tantos escombros. El sentido inmediato del rescate de probables víctimas no les pertenece.
Tampoco se ve entre la población, como en el reciente terremoto de México, un sentido de solidaridad con respecto a los necesitados. Las personas graban a distancia con sus teléfonos los pormenores del desastre, mientras la policía, algo desorientada, trata de someter por la fuerza a una persona que parece inconforme con la lentitud de los acontecimientos.
Havana Times vuelve a traer a colación la deleznable escasez de papel higiénico, consustancial al socialismo, que padecí y pensaba ya resuelta. La columnista describe una cola inmensa en la sección de limpieza de la tienda donde se venden productos en moneda convertible, para adquirir el evasivo artículo, desaparecido hace muchos meses de la red comercial tradicional.
La compra fue combativa, de broncas y empellones, según el testimonio. Para luego comprobar que el sanitario resultaba más caro que los rollos de papel que se utilizan para la limpieza general y optó por estos últimos y una extranjera se le echó a reír cuando ella trató de explicarle lo conveniente que resultaba para los menesteres higiénicos íntimos.
Aquella mujer de otro mundo no podía siquiera imaginar cuantos tipos de papel se han visto obligados a utilizar los cubanos durante casi sesenta años del régimen incapaz de garantizar ni un artículo de primera necesidad en los hogares.
En medio de este berenjenal sin solución, vuelve a salir a la palestra un nuevo acto de censura contra el director de cine y escritor Eduardo del Llano –quien explica mucho mejor en parte de su cine absurdos criollos similares–, cuando le fue retirada la posibilidad de incluir sus guiones en el programa humorístico estelar de la televisión oficial cubana, Vivir del cuento, que fuera hasta visitado por el presidente Obama durante su estancia en la isla.
Del Llano nunca se ha declarado opositor ni disidente, pero su colección de cortometrajes protagonizados por Luis Alberto García en su papel de Nicanor O’Donnell, suerte de cubano apabullado por los desatinos de la realidad circundante, ha levantado suspicacias y barreras de censores de toda laya.
Ningún corto de Nicanor ha sido presentado en la televisión cubana, puntualizó García, algo que nunca ha tomado por sorpresa al equipo de realización, suerte de cofradía, donde cualquier actor importante de la isla quisiera figurar, porque intuyen su permanencia cultural.
Dominó se titula el nuevo cortometraje de la saga de Nicanor, la única de su tipo en la cinematografía nacional, donde los mismos protagonistas se van moviendo en historias subsiguientes sumamente sediciosas que se mofan hasta de la tenebrosa policía política y sus disparatadas triquiñuelas para mantener el orden represivo.
Cuatro contertulios, entre los cuales se repiten Nicanor y Rodríguez, juegan dominó en el pasaje de un solar habanero cuando se lanza una noticia aparecida en Internet sobre la puesta en venta de la isla de Cuba por 5 mil millones de dólares y un árabe como mejor postor para la transacción.
El resto de los veintitantos minutos que dura el corto abunda en humor del bueno, ironías y tristezas sobre tal eventualidad. Tal vez es uno de los “Nicanors” más serios según apunta el actor citado. Quizás, como ha dicho el propio Del Llano con respecto a Cuba, “el dominó se cerró hace rato y no nos hemos enterado”.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2017, 7:19 a. m. with the headline "Se cerró el dominó."