OSCAR PEÑA: Dos puntos cubanos
Las opiniones libres, objetivas e independientes sobre Cuba no abundan. No existen en los funcionarios, intelectuales, comunicadores y empleados del gobierno. Ellos son mercenarios del salario oficial que reciben y repiten la orientación superior. Son autómatas. No podemos resaltar ninguna excepción.
Las opiniones propias escasean en Cuba hasta dentro de la ciudadanía general donde la inmensa mayoría todavía sienten --traspasadas por 3 generaciones– dosis de dependencia y temor real. Existen excepciones.
Igual sucede en los oponentes en la isla que no fraguan. Adecuan el discurso y las posiciones no a lo que más los identifique con la población cubana y la realidad del terreno, sino a la forma de pensar del intermediario de Miami que le envía recursos. Existen excepciones. Lo fue Oswaldo Payá y lo son hoy Manuel Cuesta Morúa y Yoani Sánchez.
Opiniones objetivas sobre la situación cubana también escasean entre la inmensa mayoría de los cubanos exiliados más veteranos de Miami que está compuesto por personas decentes y trabajadoras, pero que –sobre Cuba– por el dolor y las frustraciones del largo tiempo solo han pedido y apoyado mecánicamente el cierre de todos los caminos viables. Es justo expresar que hay también entre ellos muchos que no han perdido la objetividad. Existen excepciones.
Lo anterior ha provocado por años que los representantes elegidos en Miami para representar la comunidad en Tallahassee y Washington pierdan objetividad y elegancia política presentándose en esos salones –con el tema cubano– como políticos del tiempo de las cuevas. Muchos de ellos saben que no proyectan lo adecuado, sensato, moderno y humano, pero tienen que ser mercenarios del voto y las donaciones.
Igual sucede con el tema de Cuba viviendo en democracia con los canales de TV y radio de Miami que en ocasiones pierden el enfoque proyectando y forzando situaciones y programas para coincidir con lo que consideran es el sentir de sus oyentes y televidentes y mantener el rating y el visto bueno. Existen excepciones: está el caso del periodista cubano Roberto Rodríguez Tejera, en quien usted percibe autenticidad, profesionalismo, imparcialidad, valentía y sinceridad en los programas de radio o TV. La prensa debía ser como los jueces que ven las dos partes y actúan desapasionadamente.
Hasta aquí mi primer punto. Lo concluyo considerando que desafortunadamente nadie es completamente libre, independiente y objetivo en ninguna parte.
El otro punto es mi evaluación sobre el tema cubano en la Cumbre de las Américas: me agradó que los gobernantes de Cuba y Estados Unidos hayan expuesto por ambas partes sus puntos de vistas con respeto, armonía y sinceridad y que se restablezcan las relaciones entre los dos países. El presidente norteamericano enterró “al hombre del saco” con que en Cuba echaba miedo al pueblo. Siempre hemos enarbolado y luchado por que los derechos que faltan en Cuba sean litigados entre cubanos. Insto una vez más a Raúl Castro para con la misma decencia que se sentó con Obama lo hagamos entre cubanos.
En los países totalitarios de completo control social los estancamientos o los cambios vienen siempre de la máxima figura. Fidel Castro tuvo a Cuba con candados más de medio siglo y con Raúl Castro se están quitando cerrojos. No soy de los que niega que el gobernante cubano no haya hecho cambios. Sí los ha hecho y se espera más de él. Sin embargo, le tengo que expresar una preocupación: en Panamá se vieron dos Cubas. Una civilizada en su persona y otra incivilizada en los salones de la sociedad civil y en el parque del busto de Martí. Se sintió pena ajena ver al ex ministro de cultura Abel Prieto de ministro de Repudios en los salones de Panamá. ¿Van a ser sancionados o criticados los que orientaron esa bochornosa presentación de Cuba en la Cumbre de las Américas o seguirá siendo algo establecido? Cuba necesita transparencia.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de abril de 2015, 2:00 p. m. with the headline "OSCAR PEÑA: Dos puntos cubanos."