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Opinión Sobre Cuba

Apología de la hamburguesa

Madrid – Hay un olvido perverso y un menosprecio dictado por la ignorancia, o la miseria humana, en esa entelequia sin fronteras conocida como “amigos de Cuba” que celebran, hasta los amaneceres, la eventual entrada masiva en la isla de inversores extranjeros como alivio de las necesidades económicas de grandes sectores de la población. Es la libertad de los cubanos lo que se les va de la memoria y no aparece en sus análisis.

Se trata una idea que ha palpitado siempre en esos círculos y en sus discursos supuestamente benignos y solidarios con quienes viven directamente bajo la dictadura, pero que ahora florece, se multiplica y toma nombres de marcas y de empresas por el anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y de las conversaciones y el acercamiento escenificado en los últimos tiempos por Barack Omaba y Raúl Castro.

En efecto, la presencia de negociantes, turistas y empresarios de otros países debe producir una mejoría entre algunos grupos de los millones de habitantes de la isla marginados y sin familiares en el exterior. También es verdad que festejar y glorificar esa alternativa, sin hablar de exigencias de derechos humanos y las libertades individuales, es una manera de instalar de un tajo a los cubanos a una vejatoria estación de la zoología.

Con esa apología de la hamburguesa y los perros calientes se aparta del foco del escenario nacional la violencia renovada del régimen contra la oposición pacifica, los periodistas independientes y los artistas libres. Una represión que la policía exportó a Panamá durante la VII Cumbre de las Américas y se hace cada día más intensa y peligrosa para los que se enfrentan al gobierno en el mismo territorio donde se abren y se abrirán las sedes de los inversores.

Los propagandistas del partido comunista favorecen esos cantos a la abundancia ajena y reciclan a toda velocidad sus consignas contra el imperialismo y los capitalistas. Y los más sutiles, los que fomentan el vocerío del jolgorio, comienzan a presentar en la isla y en la prensa internacional a la oposición como un obstáculo, una piedra en el camino, para el buen desarrollo del intercambio con los personajes que deben de llegar con el dinero.

Los jefes de la finca aprovechan el momento para atacar a los opositores y a los periodistas independientes con vigilancia y acoso permanente, golpizas, mítines de repudio o calabozos y, además, con un campaña propagandística que intenta descalificarlos como factores de cambio o de progreso.

La oposición, los expresos políticos, las Damas de Blanco, los comunicadores, la verdadera sociedad civil cubana, necesita hoy, de manera especial, monitoreo constante y apoyos. Ellos trabajan por la libertad de todos y no por un pedazo de pan.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de abril de 2015, 1:01 p. m. with the headline "Apología de la hamburguesa."

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