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Opinión Sobre Cuba

No hay país para la juventud

En lo que la vetusta Omara Portuondo trata de acompañar, algo desentonada, al dúo Buena Fe y a otra dupla, pero de reguetoneros, quienes con frecuencia vienen a buscar el “baro” a Miami, el Dany y Yomil, los tracatanes de la porra castrista atacan y apresan arteramente, en la noche, a un grupo de artistas que intentan expresar su inconformidad con tanta ignominia, mediante la puesta en escena de la obra teatral Psicosis, sobre una persona encajonada en un espacio del cual trata de escapar, en memoria de los ancianos que murieron de frío en el hospital psiquiátrico de Mazorra.

La mencionada canción de los intérpretes fidelistas celebra el año nuevo que, en la isla, es como agasajar las hazañas de la dictadura, con imágenes brillantes y turísticas, distantes de la realidad. “Somos como el pentagrama, Cuba es una música vital”, reza el estribillo que pretende, otra vez, cantar loas a una cultura acribillada por la intolerancia, tras una cortina de humo de altanería, baile y fiesta.

El Festival de Cine acaba de terminar también acosado por la miseria. Proyectores rotos, aires acondicionados en ruinas y escaso público, en lo que artistas e intelectuales llegados de ultramar disfrutan las bonanzas de los hoteles sedes.

Ninguno de esos invitados, procedentes de Estados Unidos y Latinoamérica indagan por colegas como Carlos Lechuga y Eduardo del Llano, este último con un reciente cortometraje Dominó, donde Cuba está a la venta según noticia aparecida en la Internet.

El director del Festival hace “murumacas” para evitar preguntas referentes a colegas y filmes censurados y quiere convencer a la audiencia de que Alfredo Guevara, fundador del cine castrista, ya fallecido para bien de la cultura nacional, era un crítico de eximia escritura debido a lo cual le publican un libro que pocos de sus coterráneos van a leer.

Se cierra el cerco sobre lo que no funciona a los propósitos de la cultura oficial que promueve la dictadura. Haydée Milanés recibe ditirambos por un reciente concierto donde celebra 15 años como solista, pero se silencia su palabra cuando habla a la prensa extranjera sobre el maltrato recibido por su padre en los medios nacionales. Ella misma no aprovecha el concierto para hacer un apunte sobre tal circunstancia, prefiere velar por su carrera.

La gerontocracia saluda a los iguales y se la juega al seguro. Alicia Alonso cumple 97 años y sigue dirigiendo y atropellando, lo que no le acomoda a su jerarquía en el Ballet Nacional, mientras Adelaida de Juan, anciana profesora universitaria y esposa de otro comisario cultural, Roberto Fernández Retamar, es agasajada con un premio de enseñanza.

La próxima Feria del Libro será dedicada a Eusebio Leal, quien cada vez que abre la boca lo hace para elogiar al causante del envilecimiento cubano al mismo tiempo que parece un extraterrestre, refiriéndose a la arrabalización de la Ciudad de La Habana, como si no formara parte de la cofradía aniquiladora por haber restaurado, apenas, el ángulo turístico de la maltratada urbe donde los derrumbes siguen cobrando vidas inocentes.

La claque gobernante se escuda tras la retórica vacua, el mismo dictador que no ha podido garantizar el vaso de leche para quienes lo deseen consumir, sin distinción de edad, ahora dice que el asunto de la vivienda debe ser atendido, además de extender, amenazador, otros meses del mandato que planeaba entregar en febrero del 2018.

No hay luz al final del túnel de la incertidumbre. Es como el cuento de la buena pipa en su repetición e inmovilidad. No hay país para la juventud.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de diciembre de 2017, 6:12 p. m. with the headline "No hay país para la juventud."

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