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Opinión Sobre Cuba

El General no abandona el trono

En mayo de 2017, el gobernante Raúl Castro observa una marcha en la Plaza de la Revolución, en La Habana. Su gobierno anunció que pospondrá las elecciones en las que se elegirá un nuevo presidente.
En mayo de 2017, el gobernante Raúl Castro observa una marcha en la Plaza de la Revolución, en La Habana. Su gobierno anunció que pospondrá las elecciones en las que se elegirá un nuevo presidente. AP

El general gobernante ha aplazado su anunciada retirada del cargo de presidente del Consejo de Estado de Cuba para el próximo abril. Desde que fijó la primera fecha del 24 de febrero, comenzaron las especulaciones sobre qué podría pasar después. Por entonces advertí a algunos amigos que el general no abandonaría el poder.

Hoy, tras el aplazamiento, esta vez públicamente, que no lo dejará por propia voluntad, ni para febrero, ni para abril. La razón es sencilla: el verdadero trono no está en la oficina presidencial, sino en la Secretaría del Partido. Y sobre la renuncia a ese cargo nada se ha escuchado. Todo el que haya vivido gran parte de su vida en la Cuba de los Castro o en cualquier país bajo régimen de un partido comunista, sabe muy bien que el cargo de gobernante no es el más importante, que el partido -así, sin apellido, porque es el único legalmente permitido-, es el que lo controla todo. Herederos de nuevas generaciones nunca han faltado. ¿No les evocan algo los nombres Laje, Robaina, Pérez Roque, Humberto Pérez, Aldana, Luis Orlando Domínguez…? ¿Dónde fueron a parar todos ellos? Que se una a estos nombres el de Díaz Canel no tiene la menor importancia. Presidentes ha habido en Cuba sin el apellido Castro desde 1959: Urrutia y Dorticós. ¿Gobernaron realmente? Y aunque el general desapareciera -después de todo tiene más edad que la de su hermano cuando abdicó-, ¿qué puede ocurrir? ¿No se produjo al fin la tan esperada desaparición del comandante? ¿Y qué pasó?

Es hora de despertar. No esperemos más por la biología ni por el cumplimiento de engañosos plazos. Veamos otra dimensión del problema para comprender que lo que puede ocurrir nada tiene que ver con abdicaciones ni sucesiones. Cada 14 o 15 años el régimen acudía a un éxodo masivo como válvula de escape de las tensiones internas: Camarioca, Mariel y Guantánamo, este último, en 1994, tras los disturbios del Maleconazo. El próximo éxodo masivo debía producirse en 2008 o 2009. Pero para entonces la situación internacional no lo favorecía y en diciembre de 2010, el general reconoció que estaban “al borde del abismo”.

En realidad, si se analiza el número de asilados desde entonces, ese éxodo se produjo, solo que dosificado. No cesaron sino que se camuflaron, al tiempo que se realizaban reformas esperanzadoras. Ambas maniobras calmaron los ánimos.

No obstante, en vísperas del VII Congreso del Partido, en abril de 2016, el general advertía a los delegados: “No podemos quedarnos con los brazos cruzados ante la irritación de la población”. Muy pocos en la élite tomaron en serio todas estas advertencias apocalípticas, pero el general siempre estuvo muy claro, como cuando en el calamitoso Período Especial presionó a su hermano, el entonces comandante en jefe: “O abrimos el mercado o saco los tanques”. En aquel entonces su hermano lo escuchó.

Pero ahora el timón lo tenía él y sus camaradas de línea dura estaban escandalizados al ver las reacciones generales de la población ante la reanudación de las relaciones con Estados Unidos y, en particular, ante la alocución del presidente Obama durante su viaje a Cuba. Por lo tanto decidieron no solo detener las reformas, sino incluso, en algunas de ellas, dar marcha atrás.

Casi al mismo tiempo, la “válvula de escape” se cerró, al parecer definitivamente, cuando el propio Obama abolió, antes de retirarse de la Casa Blanca, la política “pies secos, pies mojados” que permitía a los cubanos que pisaban tierra estadounidense permanecer en el país. Al cabo de un año, se sabe que los intentos de cubanos por cruzar el Estrecho se ha reducido en un 71 por ciento. Súmese a esto, por un lado, el retorno de los apagones por la reducción del petróleo venezolano, y por otro, el acceso cada vez mayor de la población, sobre todo jóvenes, a computadoras y celulares que no solo los mantiene informados sino, además, interconectados. Antes, cuando ocurría una protesta en una barriada, en otros barrios nadie se enteraba hasta el día siguiente. Ya no será así.

¿Qué ocurrirá en el año que comienza en los próximos días? El general no abandonará el trono, pero debajo, el suelo se resquebraja.

Escritor e historiador. concordiaencuba@outlook.com

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de diciembre de 2017, 6:17 p. m. with the headline "El General no abandona el trono."

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