Opinión Sobre Cuba

Judíos y diamantes

Cortesía del Festival de Cine Judío de Miami, he disfrutado de un revelador y breve documental sobre familias escapadas del holocausto que encontraron refugio en La Habana de 1940: Cuba’s Forgetten Jewels, de las directoras Judy Kreith y Robin Truesdale. Corrige, de algún modo, el lamentable incidente del buque St. Louis, repleto de refugiados judíos, huyendo del nazismo en 1939, que no fueron admitidos por los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos y al retornar a Europa, muchos perdieron sus vidas en los campos de concentración.

Entre los 6,000 que el gobierno de Federico Laredo Bru admitió en 1940, figuraban muchos cortadores y pulidores de diamantes, quienes terminaron por fundar dicha industria en Cuba, donde las piedras preciosas eran elaboradas y luego devueltas a Nueva York para ser vendidas.

Considerando lo que ha ocurrido después, donde los cubanos llevan casi sesenta años tratando de escapar por las vías más disímiles y, en ocasiones, francamente peligrosas, resulta muy satisfactorio escuchar que alguna vez aquella geografía fue refugio apropiado, incluso, para personas que no sabían una palabra en español.

Ciertamente la isla les sirvió a las familias judías de la época como puente para su destino final que era el sueño americano, como el de tantas otras personas huidas de tragedias mayores.

Muchos de los entrevistados confirman la idea de que la estancia en este lado del Atlántico no sería para siempre y regresarían a sus respectivos países cuando terminara la conflagración mundial. Parece que escuchamos a los primeros exiliados cubanos al afirmar que la permanencia en los Estados Unidos sería breve y ya casi suma la friolera de seis décadas.

A los refugiados europeos en Cuba los deslumbraban los colores, la luz, los nuevos e insospechados sabores, el contagio de la música y el movimiento de los cuerpos a su ritmo y, sobre todo, el hecho de no sentirse extranjeros. Fueron bienvenidos con total desenfado y nunca discriminados por su procedencia. Una de las ancianas entrevistadas, por entonces en la flor de la vida, explica de tal modo su extrañamiento: “Era la primera vez que veía a una persona negra”.

En el ínterin fueron autorizados a crear la industria del corte y pulido de diamantes que no solamente les proporcionó sustento a los recién llegados, sino que abrió diversas posiciones laborales para los propios cubanos.

El documental anota que entre los años 1933 y 1944, numerosos buques procedentes de Europa trajeron a Cuba un estimado de 12,000 judíos. Muchos siguieron camino a los Estados Unidos tan pronto tuvieron la oportunidad. La propia industria del diamante, por ejemplo, no prosperó cuando partieron aquellos que la crearon, pero otros hicieron vida y fortuna en la isla.

El castrismo no tuvo mucho miramiento con los judíos atrapados en Cuba luego de 1959. La comunidad fue totalmente diezmada por el ateísmo constitucional que liquidó, sin piedad, sinagogas y escuelas. Se calcula que de una población total de 15,000 personas solo quedaron 1,000 después de la intolerable tormenta verde olivo.

Este documental, exhibido recientemente, viene a integrar parte de una exigua y necesitada filmografía sobre el tema, donde se distingue el documental A mis cuatro abuelos, de Aaron Yelín, realizado en 1990, por ser una exploración inicial sobre la comunidad judía cubana, cuando el régimen, de modo oportunista, aflojaba las clavijas para presentarle al mundo una cara de tolerancia religiosa totalmente impostada.

Por los años noventa, precisamente, la magnífica sinagoga Beth Shalom, construida en los años cincuenta, les fue devuelta y, desde entonces, la mínima comunidad judía cubana trata de resarcir su otrora influencia en la atribulada sociedad cubana contemporánea.

Crítico y periodista cultural.

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