El mayor regalo de Reyes
Mis muy queridos abuelos:
Este año he recibido el mayor regalo de Reyes de mi vida. Mejor que el de todos los 6 de enero que con tanto esmero montaban para mí y mis dos hermanas, escondiendo regalitos por toda la casa envueltos en poemas redactados por nuestra bisabuela y firmados por cada uno de los Reyes Magos.
Esta vez, se trata de un viaje a Cuba, la isla que me vio nacer. A ella regreso por el deber de hija hacia mi padre, cargando 100 libras de ropa, calzado y más casi con la misma magia de Melchor, Gaspar y Baltazar. El elegante anciano, médico jubilado, responde a cada entrega de regalo con el entusiasmo de un niñito creyente en sus tres majestades. Ese entusiasmo se convierte en extrema euforia al ver un laptop con el cual quiero asegurarle la comunicación con el exterior vía el correo electrónico.
Testimoniar tanta felicidad en mi papá regocija mi alma, pero tal regocijo queda asfixiado rápidamente por una realidad latente que se impone al escuchar las conversaciones dentro del ambiente familiar, salir a pasear por las calles del pueblo pinareño donde vive y visitar a buenos amigos. El cubano de la isla vive para sobrevivir, aun cuando se pueda considerar privilegiado por contar con apoyo económico del exterior y todo un engranaje local de contactos para manejar el diario quehacer.
La preocupación que parece dominar mis cinco días en el hogar de mi papá es la falta de mantequilla, ausente en todas las tienditas de divisas de los alrededores, y que pronto justifican a través de información familiar recibida desde Canadá, donde dicen que también hay carencia del preciado lácteo. En el barrio, la mayor atracción es una dulcería en el portal de una casa privada donde la oferta de minúsculos postres a mayúsculos precios, en divisa, se ve reducida al contenido de dos platicos.
Al visitar a buenos amigos profesionales, padres de dos universitarias, la gran meta de la madre es lograr comprar ropa para sus hijas. Otra madre de la familia sufre por su hijo recién regresado de La Habana, a donde fue a estudiar ingeniería civil en contra de su voluntad pues su verdadera vocación es la medicina pero el sistema impone estudios arbitrariamente; el joven ahora dedica su tiempo a componer fórmulas para llegar a la medicina por caminos alternos.
Tan mediocres metas preocupan y ocupan al cubano de la isla de forma debilitante, retirándoles tiempo y energía para nada más que la sobrevivencia diaria. Todo ello lo convierte en un perfecto esclavo sin derecho a nada, ni siquiera a soñar, porque sabe que es inútil soñar. El futuro de los jóvenes, con o sin estudios, no existe en la isla.
Al regresar a Miami este 6 de enero, 49 años luego de haber salido por primera vez de la isla junto a ustedes y mis hermanas, tan aplastante realidad me golpea intensamente. Por eso, quiero darles las gracias más profundas por haberme ofrecido el mayor regalo de Reyes de mi vida: la libertad para vivir, soñar y crecer a través del sueño.
Los beso y abrazo donde quieran que estén,
Blanchie (Blanca Silva)
Blanca Silva es profesora de francés en una escuela superior de Miami-Dade e imparte clases en FIU como profesora adjunta.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de enero de 2018, 7:10 p. m. with the headline "El mayor regalo de Reyes."