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Opinión Sobre Cuba

¿Un plebiscito en Cuba?

La activista cubana Rosa María Payá.
La activista cubana Rosa María Payá. The Miami Herald

La palabra plebiscito proviene del latín plebe (pueblo) y scito (tener en cuenta); plebiscito significa tener en cuenta al pueblo. En la antigua Roma los aristócratas eran llamados patricios; los plebeyos eran el pueblo. Plebiscito era la ley votada por la asamblea de la plebe. Actualmente se considera como una votación de democracia semidirecta, realizada por los habitantes de un país o un territorio, para que el gobierno ejecute la petición aprobada.

El plebiscito puede ser vinculante como las enmiendas locales; su aprobación es de estricto cumplimiento. O puede ser consultivo, de importancia estadística pero ejecutivamente intrascendente. Una propuesta actual de plebiscito vinculante en Cuba posee luces y sombras. La pregunta que proponen a toda la ciudadanía, aquí sintetizada, es: ¿Está de acuerdo con elecciones libres, pluripartidismo, libertad política, de prensa, de expresión e institucional?

“La carta de los tres curas”, aunque dirigida al dictador y no al pueblo, es un espaldarazo cuasi directo al plebiscito. Pero hay varias condiciones, no mencionadas en La Carta, que el plebiscito exige. La implementación de un sistema fiscal electoral paralelo al gobierno, integrado por personalidades y organizaciones internacionales; y las nacionales, integradas por la oposición variopinta. Supervisión, custodia, acceso y cómputo de la votación. Todo esto requiere a priori una cuota innegable de libertad de locomoción, asociación, expresión e información.

El plebiscito ofrece cuatro escenarios posibles: ignorado, victorioso, victorioso incumplido, derrotado.

Existe la posibilidad del plebiscito, logrando una intensa y extensa presión integral, nacional e internacional. Pero las probabilidades actuales tienden a cero, porque el tema será inexistente para el régimen; o lo ahogarán con asfixiante retórica, sofismas revolucionarios y terror ubicuo. Muchos consideran el esfuerzo como un ejercicio, personal y voluntario, en el vacío. Devanear. Perder tiempo.

Otros piensan que esta variante negativa implicaría el incremento cuantitativo y cualitativo del apoyo nacional e internacional; porque aumentaría el descrédito de la tiranía, ante la evidencia innegable de estar cobardemente incapacitados de darle voz al pueblo. La oposición ganaría prestigio y argumentación; conquistaría terreno, el régimen lo perdería.

El segundo escenario sería que el régimen aceptara el reto ciudadano y perdiera, quedando obligado a realizar elecciones realmente libres y cumplir las demandas de retorno a la democracia, exigidas en la pregunta. Sería la victoria soñada. Riesgos e incertidumbre en las urnas; ¿u otra dictadura? Ser o no ser.

El tercer escenario, para algunos, sería motivo de burlas para la oposición, porque, obviamente, los castristas violarían el compromiso. Para ellos el fin justifica los medios y jamás abandonarían el poder. Otros argumentan que esta violación pudiera conllevar la impronta de una rebelión ciudadana, ineludiblemente apoyada internacionalmente. En cualquier caso, ofrecería el panorama de una revolución, política y moralmente, en estado de coma. La oposición ganaría mucho.

Si el resultado, fraudulento o legítimo, es negativo para la oposición (cuarto escenario), la evaluación también es bipolar. Ellos justificarían su injustificable tiranía de casi 60 años. Y aunque “la legalidad” del régimen ya es, desafortunadamente, mundial, incluyendo a USA, su victoria reafirmaría esa ilegal legalidad. Para algunos, esta perspectiva rompería el equilibrio evaluativo a favor de la tiranía, y rechazan el plebiscito.

Otros consideran que sería una victoria pírrica para el régimen, porque no tenemos terreno real que perder y sí mucho que ganar. Como el plebiscito sería realizado a nivel nacional, y todos los cubanos, incluyendo los simpatizantes y miembros del régimen, tendrían que analizarlo y discutirlo, la propaganda y el semillero de libertad tomarían dimensiones jamás logradas en la isla. Ebullición social.

¿Se debe eludir una batalla trascendental por temor a perderla? ¿Podemos negarle la voz al pueblo, que también es nuestra voz? ¿Quiénes son los que le quitan al pueblo el derecho a decidir el destino de Cuba? ¿Fracasar sería colaborar? ¿Ingenuidad? ¿Protagonismo? ¿Complicidad? ¿Se desvían esfuerzos hacia la nada? ¿Es desvirtuar la meta? ¿Sería el plebiscito positivo o negativo?

El líder inyecta su personalidad al proyecto. Rosa María Payá posee las condiciones necesarias e indispensables para dirigirlo. Ofrece la garantía de tener un padre mártir y una madre opositora de cuna. Pero el trayecto es largo, empinado, riesgoso y gélido como las cumbres nevadas del Himalaya. ¿Sobrevivirá Plebiscito la furia del Abominable Hombre de las Nieves; o el espíritu del príncipe Siddhartha Gautama lo guiará al Nirvana de la libertad?

Ex preso político. Escritor. Empresario.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de enero de 2018, 3:08 p. m. with the headline "¿Un plebiscito en Cuba?."

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