Opinión Sobre Cuba

NICOLÁS PÉREZ: Los nacionalismos

Nicolás Pérez

El mundo entero está en crisis, pero hoy no vamos a hablar del Medio Oriente, ni de Isis, ni del resurgimiento de una Rusia prepotente dominada por los residuos de una KGB que en Crimea y Chechenia pretenden defender un derecho territorial inexistente e imperialista, plagado de corrupción como la recientemente destapada en Guatemala o la que envuelve a un hijo de la presidenta chilena Michelle Bachelet, de masacres como las de México que son el pan de cada día y donde está involucrada la fuerza pública.

¿Y qué decir sobre el horror de ver como uno de los países petroleros más ricos del mundo, Venezuela, se hunde en la miseria mientras que el narcotráfico campea por sus respetos desde el río Bravo hasta la Patagonia y la libertad de prensa es violada en Bolivia, Ecuador y lo que cuelga?

La actual América Latina tendrá en un futuro, y me atrevo a ser profético, que rendir cuentas al mundo por su imbecilidad endémica. Están a pocas millas del país más poderoso de la tierra con una necesidad imperiosa de sus materias primas, allí podrían venderlas al mayor precio del mercado por su cercanía a las costas de la Florida. Entonces, ¿por qué insisten los políticos latinoamericanos en machacarse las entretelas con una quijada de burro?

La razón es que el más absurdo defecto latinoamericano es un nacionalismo mal entendido, que puede tener sus orígenes –lo he dicho desde siempre– en el mito de David contra Goliat, hermoso pero falso: Goliat debió hacer leña a David en 20 segundos. O quizás por razones más profundas y freudianas, como un complejo de Edipo mal resuelto, y aunque errores de Washington en el pasado ayudaron a ello, eso dobló la página.

Muchos líderes republicanos y la mayoría del exilio militante de Miami han rechazado el acercamiento de Barack Obama con Cuba. Es doloroso, pero eso lo aplaude el mundo y ha desarmado la estrategia izquierdista de colocar a Washington como el malo de la película, un gigante que ha asediado a Cuba, “una infeliz y pequeña islita amante de la paz”, durante medio siglo. El resultado de ello fue que en la reciente Cumbre de Panamá los discursos de Raúl y Maduro fueron, si no conciliadores, al menos no insultaron a Washington con improperios. Y América Latina, como siempre, se hizo la chiva loca sobre el evento.

Y es que en política internacional más necesario que tener un amigo amado es tener un enemigo poderoso y odiado, son las inevitables reglas del juego.

Y ahora Nicolás Maduro ha sacado un nuevo conejo de su sombrero. Su objetivo no es Washington sino Madrid, y Felipe González, el líder internacional que más admiro y respeto, prosigue diciendo que irá a Venezuela como lo hizo en Chile en 1977 a defender a presos políticos. ¿Prohibirá Nicolás Maduro la entrada de Felipe al país, algo que no tuvo la osadía de hacer ni siquiera el dictador Augusto Pinochet?

Soy social demócrata, una mala palabra en Miami, pero no callo mis verdades, ya hace tiempo pagué hasta el cogollo en Cuba por decir siempre lo que pienso y siento, y a esta altura del juego, muchísimo menos me voy a callar la boca.

Hay algo de lo que no se habla, el nacionalismo ayuda a veces a cambiar positivamente la mentalidad de los pueblos. El viaje a Chile del dictador Castro, que recorrió el país en 1971 por más de tres semanas bajo el silencio cómplice de Salvador Allende, convenció a los chilenos y a los militares altos y medios que quien gobernaba en Santiago no era su presidente sino Cuba comunista. Lo que creó las condiciones propicias para que se produjera un trágico golpe de Estado, que lo produjo no la ambición de poder de Augusto Pinochet, sino la intromisión de Fidel Castro en los asuntos internos de otros países.

Hoy está ocurriendo en la Venezuela del siglo XXI lo mismo que ocurrió en Chile. La entrega de Caracas a La Habana tiene un alto costo político del orgullo venezolano. Por lo que allí cualquier cosa puede pasar más temprano que tarde.

El nacionalismo es viejo y traspasa continentes. Rechazo a los dictadores y Francisco Franco lo fue, pero mientras Franco demostró orgullo nacional frente a Hitler en la reunión de La Hendaya, los republicanos con la Brigada Abraham Lincoln y otras hierbas aromáticas vendían su nacionalidad al mundo, y eso le costó una dolorosa derrota a un gobierno republicano que había triunfado en elecciones libres.

Profunda lección para nosotros, el exilio y la disidencia. El día mientras más nos olvidemos que Washington es nuestra tabla de salvación, y no nosotros mismos, el día que recuperemos nuestro “orgullo nacional”, estaremos a un solo un paso de lograr la libertad de Cuba.

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