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Opinión Sobre Cuba

ALEJANDRO RÍOS: Regreso a Ítaca

Luego de su reciente viaje a La Habana, después de treinta años de ausencia, mi hermano Willy me habló de la otredad del país y de su convicción para asimilar la estremecedora experiencia solo como visita eventual, porque imaginarse una estadía más extensa que la semana de reconocimiento tradicional, hubiera desembocado en pesadilla.

Cuando terminé de ver el controversial filme Regreso a Ítaca, del director francés Laurent Cantet, con guión de Leonardo Padura, basado libremente en su libro La novela de mi vida, llegué a la misma conclusión de mi hermano: qué suerte haber escapado de esa debacle, cuánta lástima me dan los compatriotas que me hablan desde la pantalla como personajes desamparados, tratando de razonar, entre frustraciones y suspicacias, el absurdo de un sistema que los trituró.

Hay una zona de la crítica especializada que trata de descalificar el filme por lo que pudiera ser un tratamiento epidérmico y anecdótico de la tragedia nacional, circunscrito a la generación de Padura, tan desilusionada como la precedente, por cierto.

Otros de los comentarios publicados en sitios electrónicos de la isla, lo han vapuleado por no abordar “Cubas” menos sombrías, más optimistas, además de no mencionar el llamado “bloqueo”, como causa principal de tanta desventura.

Un crítico cubano escribe “espionaje” cuando debió decir “agente de la policía política” que compele a uno de los personajes a la delación de su amigo pintor para poder viajar al extranjero, en una suerte de “vida de los otros” a la criolla.

Historias tan deprimentes y esa agente de la seguridad del estado –Gladys–, haciendo de las suyas para destruir al prójimo y luego escapar a España, explican por qué el filme fuera censurado durante el pasado Festival de Cine de La Habana, donde llegó a figurar en el catálogo del evento, y ahora se haya presentado en el Festival de Cine Francés en dos funciones a las 5:00 p.m., como para evitar aglomeraciones indeseadas.

Regreso a Ítaca tampoco se ha distribuido en el llamado “paquete de la semana”, donde los programadores suelen ser cautos con materiales complicados ideológicamente que puedan darle al régimen argumentos para prohibirlos como hicieron con las salas de proyección en tercera dimensión.

Maestros del lenguaje coloquial, Cantet y Padura se las arreglan, con suma sutileza, para involucrarnos en esta conversación –apenas sin pausa– de cinco amigos en una azotea habanera donde festejan el regreso de quien ha estado dieciséis años en España.

La intensidad del diálogo coral crece de la memoria trivial y cotidiana (amores, canciones, sueños, esperanzas, credos), al testimonio estremecedor de la aniquilación paulatina de un sistema de valores que fuera impuesto a sangre y fuego como una utopía posible.

La doctora, el ingeniero, el pintor, el dirigente y el escritor llegado de España, solo les queda el miedo devorándoles el alma y el desasosiego que provoca constatar que una parte importante de la vida se escapó, irremediablemente, sin resultados positivos.

La historia de Regreso a Ítaca no requiere llamar al mal por su nombre. Estamos viendo, en carne viva, las consecuencias de la puesta en práctica de sus fracasados experimentos en seres humanos educados para propagarlos y hacerlos verosímiles.

Filmes como Melaza, La obra del siglo y ahora Regreso a Ítaca no guardan compromiso con el optimismo porque interpretan las versiones de una sinfonía del fracaso en distintos movimientos históricos.

Los críticos de cine en Cuba comentan el filme de Cantet como si ya un agente de la seguridad del estado no los “atendiera”. Eluden, con cautela, el naufragio de sus predecesores, porque siguen en el mismo buque fantasma.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de mayo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Regreso a Ítaca."

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