DANIEL F. CALDERÍN: Martí, muerte en Dos Ríos y el nacimiento de la República de Cuba
Para escribir de Martí no es necesario sobrecargar un escrito con citas bibliográficas innecesarias, de la misma forma que un predicador cristiano no necesita citar versículos bíblicos cuando predica el Evangelio. Martí es un patrimonio de todos los cubanos y su obra pertenece a todos. Pero para cumplir con un requisito obligado en la escritura histórica, haré mención a Martí Maestro y Apóstol, de Jorge Mañach, y a Alfonso Escudero en sus Obras Escogidas, que fueron consultadas por mí, y al propio Martí, cuyas Obras Completas en tomos monumentales fueron puestas en mis manos por mi padre cuando aún yo era un niño.
Esta semana se celebran dos fechas patrias contiguas, una infortunada y otra gloriosa: la muerte en Dos Ríos del Apóstol José Martí el 19 de mayo de 1895, y el nacimiento de la República de Cuba el 20 de mayo de 1902. Tal parece que el destino quiso simbolizar que la muerte de Martí fue la semilla de donde surgió el árbol de la libertad de nuestra sufrida patria, hoy esclavizada.
Nace Martí el 28 de enero de 1853 en una humilde casa de mampostería barroca en La Habana de intramuros, al pie de la Muralla. Su padre, Don Mariano Martí, de origen valenciano, un militar español de menor graduación, de carácter hosco, de palabra ruda, pero de una honradez acrisolada y una pulcritud extrema. Su madre, Leonor Pérez, nacida en Santa Cruz de Tenerife, le dio a su hijo el alma tierna y sensible. La inteligencia del niño se hizo patente muy pronto. Su facilidad de palabra, su sensibilidad, hizo que sus maestros le tomaran gran afecto. Uno de ellos, Rafael María Mendive, fue en realidad el forjador de su carácter. En el colegio San Pablo de Mendive recibió Martí la instrucción que hubo de servirle para llegar a ser una monumental figura en la política y las letras.
Al igual que muchos cubanos sufren hoy los rigores de un injusto presidio político por el solo hecho de querer la libertad de su patria, Martí en su adolescencia fue víctima de ese horror. En la colonia española los presos políticos eran llevados a las canteras del presidio del Departamentales de La Habana. Allí recibió en su carne las llagas de un grillete, y esas llagas no sanaron nunca y eran llagas en su carne y en su alma. Eso le hizo ver al joven y también a su padre, el militar español, la iniquidad de la Colonia española en Cuba. Su condena fue conmutada por la pena de destierro y se dirige a España. Lo primero que hizo al llegar a España fue ponerse a escribir un folleto, El Presidio Político en Cuba, y fue a entregarlo a las Cortes españolas, y allí lo puso en las manos de los diputados honrados para que supiesen qué inicua colonia tenían en Cuba, algo que los españoles honrados no sabían. Al llegar desterrado a España el amigo de la infancia de Martí, Fermín Valdés Domínguez, ambos se dirigen a la Universidad de Zaragoza, donde Martí se gradúa de abogado y de Doctor en Filosofía y Letras. Una vez graduado, después de un breve período en Madrid para seguir haciendo contactos con la política de la metrópolis, Martí se convence de que aquellos políticos españoles no podían darle a Cuba lo que ellos mismos carecían. España no le podía dar a Cuba la libertad, España no le podía dar a Cuba el buen gobierno porque España no lo tenía, y esto le convenció más de sus ideales independentistas. Y se dirigió a América, no sin antes pasar por Francia a estrechar la mano de Víctor Hugo.
México le abre a Martí los brazos generosos. En México recibió el calor del hogar pues allí se había establecido su familia. El viejo Don Mariano había abandonado Cuba, tal vez rumiando la pena del daño que le habían hecho a su hijo. En México tuvo triunfos, fue conocido de todos los grandes de las letras y escribió una obra de teatro ligero llamada Amor con Amor se Paga, que tuvo gran éxito en la capital azteca. Allí conoció a Carmen Zayas Bazán y se comprometió con ella. Pero esos tres años en México, donde pensaba hacer su vida, fueron tronchados por la entrada en la capital de las tropas de Porfirio Díaz. Decepcionado, trata de dirigirse a otros rumbos y piensa en Guatemala, no sin antes pasar por un nuevo período de un mes en la isla de Cuba. Entra en La Habana de incógnito bajo el nombre de Julián Pérez, su segundo nombre y segundo apellido. No se ha sabido nunca el objetivo de esa visita. Unos dicen que fue a coger cartas de recomendación de la familia de Fermín, otros dicen que fue allí a unirse a los mambises, que ya estaban derrotados. En Guatemala el gobierno del general Barrios a través de un cubano maestro le concede una plaza de profesor en la Escuela de Maestros. Regresa a México para contraer matrimonio con Carmen Zayas Bazán y la trae a Guatemala. Anteriormente había conocido en Guatemala a María García Granados, la hija del pasado presidente. Al llegar con Carmen, María se enferma y muere. María es la célebre Niña de Guatemala de sus versos famosos. Entonces ocurre un hecho infortunado, una conjura es descubierta y Martí ve como el general Barrios captura a los conjurados y los fusila en la plaza pública. Esto le mostró a Martí el caudillismo, que las repúblicas sin democracia se convierten en dictaduras y que la independencia solamente no haría a la América Latina libre, y se marcha de Guatemala.
Se dirige a los Estados Unidos y se establece en Nueva York, donde vive catorce años de su vida, donde trabajó traduciendo libros en la firma Appleton y de contador en la firma Lyons and Co. Una vez que pudo reunir los recursos llamó a Carmen para rehacer el ancla perdida del hogar. Pasaron los años y las labores de Martí de ganar el pan estaban en segundo plano con las labores de luchar por la libertad de Cuba y se incorporó a la Junta Cubana de Nueva York. Pero al cabo de los años, poco a poco, hace que el triunfo llegue. Los hermanos Mitre, que querían savia nueva para el pensamiento sudamericano, le encomiendan que escriba para el diario La Nación de Buenos Aires y allá va su voz a extenderse por todo el continente americano con su mensaje de amor, libertad y patriotismo. Estos escritos hacen de Martí una figura continental. Uruguay le ofrece el viceconsulado de Nueva York y asiste como su delegado a la Conferencia Monetaria que se efectuó en Washington. Después Argentina y Paraguay respectivamente lo nombran cónsul. Martí ya triunfó, ya es conocido como un político hábil y un diplomático de talla.
Repentinamente viene la ida de Carmen en 1891. Definitivamente Martí se queda solo y los próximos cuatro años de su vida los dedica por entero a la causa de la liberación de la patria. Se reúne en Nueva York con Máximo Gómez. En aquella reunión difiere con Gómez y Maceo, porque siente el temor de sus experiencias con los generales de las otras repúblicas americanas. Pero después comprende que ellos eran necesarios y los vuelve a llamar años más tarde, para forjar la definitiva organización que habría de dar la libertad a Cuba.
Un día le llega una invitación para hablar en Tampa. Hasta ese momento Martí había realizado toda su labor en Nueva York. Ahora para acabar de romper las ataduras, Argentina, Uruguay y Paraguay le objetan sus labores revolucionarias, y renuncia a los consulados de esas naciones. Se dirige a Tampa, y allí se encuentra con el pueblo cubano. Llegó el día 26 de noviembre, el día antes del aniversario del fusilamiento de los estudiantes universitarios, y ese día pronuncia su famoso discurso Los Pinos Nuevos, que levantó en vilo a la emigración cubana. Al regresar a Nueva York, la colonia cubana de Cayo Hueso lo invita también a hablar. El exilio comprendió que Martí era el faro que alumbraría el camino para la liberación de Cuba, y el entusiasmo desbordó las calles del Cayo. Allí nació el Partido Revolucionario Cubano que Martí creara y también el periódico Patria.
Martí fue criticado por algunos por dedicarse a hacer discursos y escribir artículos en la prensa y no ser un guerrero. Uno de los críticos le escribió una carta donde le reprochaba que era muy bonito hacer discursos en los Estados Unidos, pero que él quisiera poder estrechar su mano en la manigua de Cuba, pero que seguramente Martí no irá. Al empezar la guerra de independencia, Martí fue de los primeros en desembarcar junto con Máximo Gómez por Playitas, en la costa de la provincia de Oriente. Más tarde Martí, Maceo y Máximo Gómez marchan juntos a comenzar la gesta de la liberación cubana. Unos meses más tarde cae Martí en Dos Ríos, abatido por las balas enemigas. Muchos pensaron que ese era el fin de la historia de José Martí, pero ese no fue el final sino el comienzo. Al caer en Dos Ríos, su obra luminosa conmueve a la vieja Europa, se expande como un cometa luminoso por el continente americano y hoy su nombre está al lado de Bolívar y San Martín entre los grandes próceres de la América Hispana. El ejemplo de Martí nos dará fuerzas para seguir luchando hasta ver a nuestra patria libre del yugo comunista y que la ley primera de nuestra patria redimida será el culto a la dignidad plena del hombre. “Las palmas son novias que esperan y habremos de poner la justicia mas altas que las palmas”.
Miembro del Colegio de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio y de la Unión de Colaboradores de Prensa.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de mayo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "DANIEL F. CALDERÍN: Martí, muerte en Dos Ríos y el nacimiento de la República de Cuba."