Flake, Rubio, los granjeros americanos y el LGBTQ
Qué mezcla la del título. Merece una explicación.
En estos momentos se discute el proyecto de ley conocido como Farm Bill en el Senado. Es un proyecto muy importante. De ello depende cómo se va a regular o legislar el comportamiento de la industria agrícola norteamericana en el futuro. Es una ley que trata directamente con la base electoral e ideológica del presidente Trump con aquello de Make America Great Again. Ya sabemos que los “deplorables” que apoyan al presidente –como los llamó en campaña la venida a menos Hillary Clinton– o la “super elite” –como los bautizó anoche en Dakota del Norte Mr. Trump– son en notable medida rurales. Pues bien, Mr. Rubio está bloqueando la aprobación de la ley porque en alguna parte del proyecto se facilita el comercio agrícola con Cuba. Rubio no pone los intereses de su país, que es los Estados Unidos de América, first, como diría Mr. Trump, sino los de su electorado y hasta los de su propia conciencia política tal vez, que sueña con meterle presión a la olla para que el gobierno de Cuba salga disparado por la tapa. Pero Washington D.C. y otros muchos senadores lo han intentado durante 60 largos años, y esa no parece ser la solución para Cuba.
Y del otro lado en ese mismo Farm Bill está el senador Jeff Flake por Arizona, también republicano, que desearía que mañana mismo se levantara el embargo contra Cuba. A Mr. Flake no le interesa tanto la situación interna cubana como que los dos países mantengan una relación normal. Todo lo contrario del senador Rubio, cuya actitud para muchos agresiva conspira no solo contra los granjeros norteamericanos –en una determinada proporción, no es que el bill se trate solo de eso– sino contra la mejoría de la situación interna cubana y contra pasos racionales entre los dos países que podrían conducir hacia un mejor futuro de la nación cubana, basados en el principio de soberanía.
Pero sucede que Mr. Flake también amenaza con hacer lo mismo que Mr. Rubio pero no contra el bill de los granjeros sino contra la nominación de jueces que puede llegar hasta las nominaciones para sustituir al juez de la Corte Suprema Anthony Kennedy, que se va en retirada. El gobierno Trump y los conservadores están muy de plácemes, sería la oportunidad que los republicanos esperan hace mucho tiempo para inclinar durante muchos años la balanza de la máxima institución judicial hacia la derecha. Pero el senador Flake dice que no. Que si no se arregla el tema de los aranceles comerciales que el presidente Trump está imponiendo a otros países, él va a luchar contra las nominaciones.
Con la sustitución del juez Kennedy por un juez netamente conservador, varios analistas prevén que el derecho al aborto y los derechos alcanzados por la comunidad LGTBQ serian contestados y eliminados ante una nueva corte suprema netamente conservadora (y hay que considerar que la jueza de la corte suprema Ruth Bader Ginsburg cuenta ya con 85 años de edad) así como otros logros del progresismo en este país. De manera que si la intención de Flake perdura y prevalece durante el tiempo necesario –algo raro, claro– un conservador estadounidense sería el responsable de que los matrimonios gays y muchas otras cositas más no se acabaran.
Lo que pasa es que este país parece moverse en un universo que marcha a la velocidad de las palabras y los ciclos noticiosos. Hoy hay un escándalo y mañana desaparece, aparece otro que es superado por otros dos. Ya hubo tal división política e ideológica en Estados Unidos, ya ha habido tanto odio y tanto rencor. La civilidad retrocede ante la pasión por la política. La izquierda acusa a la derecha y la derecha a la izquierda. Es más que polarización. Son dos concepciones del mundo irreconciliables. Por el optimismo: la ley de los granjeros será aprobada, se elegirán jueces conservadores y liberales, los gays existirán como siempre y algún día la racionalidad existirá entre Estados Unidos y Cuba. En favor del pesimismo: cada vez habrá más fiebre y odio político, como antes de la guerra civil norteamericana. El fascismo dominará la tierra de la Estatua de la Libertad y solo queda una duda: ¿será de derechas o de izquierdas?
Comentarista político y columnista de CNN en Español.