Opinión Sobre Cuba

Matrimonio igualitario en Cuba es otro ejemplo de travestismo político

Miembros de la comunidad homosexual de Cuba realizan una marcha contra la homofobia en mayo del 2012, en la ciudad de Cienfuegos.
Miembros de la comunidad homosexual de Cuba realizan una marcha contra la homofobia en mayo del 2012, en la ciudad de Cienfuegos. AFP/Getty Images

Desde hace algunos años vienen produciéndose en el régimen cubano una serie de mutaciones orientadas a garantizar la continuidad del sistema y a borrar el pasado. A este proceso de gatopardismo político lo llamé “travestismo de Estado”. Se trata de un reajuste en las retóricas revolucionarias de la guerra fría que utiliza de modo instrumental la noción de diversidad, para ofrecer hacia el exterior una imagen de cambio, con apenas unos retoques.

La reciente propuesta de modificar la Constitución para legalizar el matrimonio igualitario sigue esa misma lógica, que intenta anular una discusión democrática más abarcadora, no circunscrita al campo específico de la sexualidad.

Esta estrategia empezó a ser ensayada hace una década por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), dirigido por Mariela Castro Espín, la hija del general Raúl Castro. En 2007, Mariela comenzó a acaparar titulares cuando a ritmo de conga, desfiló por las calles de La Habana rodeada de homosexuales, asegurando que la diversidad sexual ya formaba parte de la Revolución.

El tema había permanecido silenciado por años, hasta hace unos días cuando el parlamento cubano –controlado totalmente por el Estado– aprobó de modo unánime y apegado al viejo estilo soviético, un nuevo texto constitucional que se preparó en secreto y que hasta el mismo Raúl Castro ayudó a redactar.

El proyecto de la “nueva” constitución está entrampado en una política de la cosmética y de la semántica. Se dice que la propiedad privada será reconocida y que se renuncia a la construcción del comunismo, aunque el Partido Comunista seguirá rigiendo los destinos de la nación. Se asegura que el socialismo es irreversible, pero backstage el modelo socialista está siendo suplantado poco a poco por un capitalismo de Estado de corte neoliberal que concentra el poder en una élite militar y recorta cada vez más los presupuestos estatales en servicios como la salud pública y la educación, terrenos en los que ha descansado la legitimidad política del gobierno cubano.


Sin embargo, el apartado que más encandiló a los medios y que generó una explosión en las redes sociales fue el artículo 68, que contempla “la unión voluntaria concertada entre dos personas con aptitud legal para ello”. Este simple cambio puede abrir un camino al reconocimiento del matrimonio homosexual en Cuba.

La aprobación del matrimonio igualitario significaría un paso en el reconocimiento de los derechos individuales, diluidos históricamente en la masa impersonal y colectiva. Crearía, además, un amparo legal para heredar bienes y propiedades. Pero tal y como están planteadas las cosas, parece que se convertirá en un espacio más de diversidad controlada creado para las relaciones públicas de la post revolución.

“Con esta propuesta de regulación constitucional, Cuba se sitúa entre los países de vanguardia, en el reconocimiento y la garantía de los derechos humanos”, señaló Mariela Castro. De este modo, el matrimonio igualitario se convierte en un instrumento de propaganda sobre los derechos humanos, un área en la que el gobierno ha recibido duras críticas.

Algunos activistas de la comunidad LGBTI de la isla le han adjudicado este cambio a la presión que han ejercido sobre las instituciones. Sin embargo, esta conjetura no tiene mucho sustento si tomamos en cuenta la fuerte presión que han ejercido durante décadas los opositores, el exilio y organizaciones internacionales, para que el gobierno reconozca otras libertades y otros derechos, sin que los que manejan los hilos del poder hayan movido un solo músculo.

Sin quitarle agencia ni importancia a la labor del activismo, debo decir que el matrimonio igualitario está anclado a esa política de “travestismo de estado” de la que hablaba al inicio. Esta estrategia, además de ensayar nuevos modos de control político, promueve una transición amnésica, el lavado de la memoria nacional y la reescritura de la Historia. Se trata de reacomodar o de reescribir algunos procesos históricos que conectan a la Revolución con la discriminación y la homofobia.


Durante décadas la homofobia en Cuba fue una política de Estado que legitimó las purgas de homosexuales de las instituciones y el emplazamiento de campos de trabajo forzado, como las infames Unidades de Ayuda a la Producción (UMAP), destinadas a la construcción del “hombre nuevo” comunista. El lavado de memoria y de reescritura de la historia comenzó en agosto de 2010, cuando Fidel Castro dijo a La Jornada que reconocía su responsabilidad histórica en la implementación de aquellos campos de trabajo forzado.

Unos meses después, Mariela Castro emprendió una campaña de control de daños en la que llegó a decir que “Fidel ni siquiera estaba al tanto de las UMAP. Vivía concentrado en la supervivencia de la revolución y en los cambios que se estaban haciendo en la política, las leyes en favor de los derechos del pueblo, dentro de complejas y tensas relaciones internacionales”.

Mariela Castro ha tratado de minimizar el alcance y dimensión de las UMAP en la historia de la Revolución Cubana. Prometió, incluso, una investigación sobre este tema; todavía la estamos esperando. Desde entonces, ha dicho en cuanto foro se presenta que las UMAP constituyeron un error aislado y que no fueron en modo alguno campos de trabajo forzado.

Por último, con la aprobación del matrimonio igualitario, Cuba daría un paso importante para convertirse en un Estado gay friendly, lo que puede generar grandes negocios en áreas como el turismo y las operaciones cambio de sexo. Hasta ahora, el principal mercado de estas cirugías está en Tailandia. Pero el escenario podría cambiar porque los médicos cubanos ya realizan esos procedimientos por sí solos, luego de haber recibido por varios años el know-how de especialistas europeos, como parte del programa del CENESEX.

En días recientes, el Grupo Gaviota, una corporación propiedad de los militares cubanos, firmó un acuerdo con la cadena europea Muthu Hotels & Resorts para administrar un hotel en la Isla dirigido a la comunidad LGTBI. La compañía hizo el anuncio con bombos y platillos en su cuenta en Twitter.

En el olvido quedarán las redadas policiales y los espacios gays underground, los campos de trabajo forzado, y la homofobia estatal. Las celebridades del mundo gay podrán casarse en Cuba sin temor a ser arrestados. Ahora más que nunca necesitamos de una política de la memoria que no esté destinada al espacio clínico de la sanación, sino de la justicia y la compensación a las víctimas de esa política nefasta. Si no, puede que en un futuro no muy lejano, veamos a las UMAP representadas en los manuales escolares y en la esfera pública, como simples campamentos de verano.

Una versión de este texto fue publicada en Letras Libres.

Historiador y escritor cubano. Actualmente está investigando la historia de las UMAP.

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