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Opinión Sobre Cuba

Artistas de EEUU no se cansan de sonreírle al régimen de Cuba

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel (izq.), se encuentra con la actriz estadounidense Katie Holmes el 28 de septiembre del 2018, durante una actividad donde participaron artistas, filántropos y promotores culturales estadounidenses en Nueva York.
El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel (izq.), se encuentra con la actriz estadounidense Katie Holmes el 28 de septiembre del 2018, durante una actividad donde participaron artistas, filántropos y promotores culturales estadounidenses en Nueva York. EFE

La izquierda siempre ha sido enfática, agresiva, intolerante. No suele admitir lo que esté fuera de sus parámetros ideológicos y sociales. Yo tengo amistades cubanoamericanas, con parientes que cumplieron condenas en las mazmorras castristas y, como se consideran demócratas de izquierda, tienden a lidiar con la dictadura cubana como si hubiera alguna oportunidad de entendimiento y redención.

No sé a quién se le ocurrió que los artistas y los escritores debían ser de izquierda. Parece ser una operación de buen gusto porque consideran que la derecha es cavernícola, antigua, demodé.

Los artistas cubanos, por su parte, sin oportunidad de disfrutar las bonanzas del capitalismo cruel, que la izquierda reprocha, llevan días discrepando del Decreto 349, que figura en la nueva Constitución para cortarles un poco más las alas, sobre todo a los que han tratado de lidiar con la producción independiente.

Estos creadores no cuentan con el apoyo de congéneres nacionales arrimados al oficialismo y mucho menos con el de gremios culturales internacionales, donde la izquierda ilumina y mata. Están abandonados a su suerte.

Como la progresía se mueve en una suerte de país encantado, ocurre que los directivos del Festival de Cine de La Habana en Nueva York, que hace unos años impidieran a la película de Carlos Lechuga, Santa y Andrés, competir en el certamen, porque el castrismo la había prohibido y ellos no participaban en diferendos políticos, ahora agasajan al dictador, de a dedo, Miguel Díaz-Canel, junto a otras celebridades liberales en la misma ciudad donde ocurriera el entuerto.

A la fiesta, que tuvo como sede un apartamento del tristemente célebre edificio Dakota, donde fuera asesinado John Lennon en 1980, concurrieron artistas tan famosos como Robert de Niro y Katie Holmes. El primero truena públicamente, no sin cierta grosería, contra su presidente cada vez que cuenta con un foro público, pero ignora que sus iguales en la isla no pudieran ni soñar con un escenario parecido.

La actriz Holmes, por su parte, parece ser una de las nuevas adquisiciones del castrismo, que adora a estos tontos útiles para diseminar su mensaje en las élites de poder del enemigo. La foto donde aparece ensimismada mirando a Díaz-Canel es de una patética ternura.

Cuando De Niro visitó La Habana por primera vez, durante los años ochenta, joven y pletórico de testosterona, los comisarios del Instituto de Cine Cubano (ICAIC), instigados por el maquiavelismo de Alfredo Guevara, sabían del gusto sensual de la estrella de cine y le acomodaron a su servicio una muchacha negra, suerte de escort cultural.

De algún modo la operación repetía la fórmula de Cuba como prostíbulo de Estados Unidos, tantas veces esgrimida por la dictadura para denostar la república.

Hoy, desde su nueva tribuna personal, llamada a tender puentes y entendimiento a favor de una tiranía de casi 60 años, el talentoso actor lo negaría enfáticamente y terminaríamos debatiendo su verdad contra la mía, como se ha vuelto hábito, sin resultado alguno, porque ha pasado mucho tiempo.

El afamado guionista Paul Laverty, acaba de escribir el filme Yuli que su pareja, la directora española Icíar Bollaín, hiciera sobre el bailarín cubano Carlos Acosta, por el cual ha obtenido el premio al mejor guion en el Festival de San Sebastián.

Al recibir la distinción se refirió al bloqueo ilegal de Estados Unidos a Cuba, que ostenta el apoyo de Israel. A ambos países los llamó “expertos en castigos colectivos, contra poblaciones civiles”, además de “matones, sinvergüenzas e hipócritas”.

Cuando de la vapuleada isla de Cuba se trata, la izquierda no cede, aunque su discurso coincida festinadamente con el del régimen, la culpa del descalabro comunista la sigue teniendo el embargo.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de octubre de 2018 a las 3:07 p. m..

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