Opinión Sobre Cuba

Ser cubano en el cine

Imagen tomada del documental cubano “En un rincón del alma”, de Jorge Dalton.
Imagen tomada del documental cubano “En un rincón del alma”, de Jorge Dalton.

Luego de tener el honor de presentar tres funciones del documental de Jorge Dalton, En un rincón del alma, durante la serie “Los caminos del exilio”, que acaba de ser mostrada en Coral Gables Art Cinema, cortesía del curador Nat Chediak, vuelvo a reparar en el hecho de que el estremecedor testimonio audiovisual ya figura entre las más preclaras explicaciones de la debacle cubana.

Dalton tuvo la suerte de agenciarse el carisma y la sabiduría del entrañable escritor Eliseo Alberto Diego —Lichi—, para esta suerte de road movie que circunvala el corazón.

Su manera de convencernos es irreprochable, sobre todo cuando ahonda en el maltrato sufrido por la intelectualidad con el “pecado original” de no haber hecho la revolución, según palabras recriminatorias del atorrante Ernesto Guevara, y de cómo una Cuba próspera y dinámica fue frenada en seco por otra que devino satélite del imperio soviético, con todos los defectos y carencias de un sistema distante, ajeno, inoperante y abocado al fracaso.

De hermanos de México, apunta con sarcasmo Lichi, terminamos siendo parientes de Bulgaria y Mongolia, países que ni sabíamos que existían.

El documental presenta, por primera vez, imágenes del maltrato y la violencia que sufrieron en plena calle homosexuales e hippies cubanos, entre los años sesenta y setenta, cuando el resto del mundo se deslumbrada con los llamados logros sociales del castrismo.

Jorge Dalton, quien es de origen salvadoreño pero educado en Cuba, donde su padre el poeta y activista revolucionario Roque Dalton encontró residencia eventual, antes de regresar a su país en calidad de combatiente clandestino donde fue asesinado por una facción de su propia guerrilla, solicitó a las autoridades cubanas la proyección en la isla del documental, en cualquier escenario. Hasta el momento ha recibido el silencio como respuesta.

Dado el contenido franco, libre, sin intromisiones de En un rincón del alma, donde no hay necesidad de subrayar “abajo la dictadura” para inferir que la nación está herida de muerte, es muy probable que una obra tan cubana, realizada por exiliados que buscan el entendimiento y la concordia y en ningún caso el punto de vista confrontacional, termine en el sitio reservado a filmes como Santa y Andrés, totalmente prohibido en la isla, debido a circunstancias similares en sus contenidos respectivos.

Sin embargo, hace unos pocos días el director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo, dejó bien claro el punto de vista oficial al respecto, cuando respondió a una pregunta de Diario de Cuba sobre la inclusión del cine del exilio en las loables labores de rescate de la institución: “Ese es un tema muy controvertido, el llamado cine de la diáspora. Y a veces hay discrepancias de si se incluye como cine cubano o no. Porque el director es cubano, pero la producción no lo es. Lo que intentamos es incluir la producción realmente realizada en la Isla. No sé si este criterio cambie después, pero hasta ahora no pensamos incluirlo en este sentido”.

En el caso específico de En un rincón del alma, el argumento del funcionario se diluye. Primero cambia la categoría de concepto de “exilio” por “diáspora”, para sentirse más seguro en su respuesta calibrada, aunque no deja de reconocer que es un tema controversial.

Paradójicamente, Dalton es un director tan cubano como Guillén Landrián en su afán por dejar registrados, para la posteridad, capítulos de la congoja que ha conllevado la revolución socialista en su accidentado devenir.

La producción también cuenta con talento cubano y la personalidad protagónica, quien ofrece su estremecedor testamento, es un hombre que prestigió, para siempre, tanto el cine como la literatura de la nación.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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