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Opinión Sobre Cuba

ALEJANDRO RÍOS: Cuerpos cubanos en bandeja

Dos amigos fotógrafos que trabajaban para el Ministerio de Cultura en Cuba durante los años ochenta me enseñaban, a escondidas, sus espléndidos portafolios de desnudos que debían poner a buen recaudo para evitar ser acusados de pornógrafos.

Resulta paradójica la coincidencia entre el dogma religioso haciendo lo indecible por cubrir las espléndidas desnudeces de grandes artistas renacentistas y la cifra totalitaria en una isla de tanta sensualidad, impidiendo que el cuerpo al natural se manifestara artísticamente.

Un supuesto país revolucionario que, por otra parte, ideó las llamadas “fiestas de perchero”, donde se prescindía de la ropa en una suerte de dominio del cuerpo y que, hoy por hoy, tiene sitios en arboledas o costas de La Habana conocidos como “potajeras”, donde adanes se entienden con otros adanes, como Dios los trajo al mundo.

Desestimar el disfrute de la desnudez en Cuba fue siempre una filosofía “contra natura”. Recuerdo las visitas a casa de mi tío Jesús, en la humilde barriada de Poey, y me veo hurgando debajo de su colchón –sin que él lo supiera– para acceder a una primorosa colección de revistas Show donde mamboletas cubanas de los años cincuenta mostraban sus excesos carnales, sin botox ni cirugía, apenas cubiertas con exiguos bikinis.

Pintores como Raúl Martínez y Servando Cabrera, por sólo mencionar a dos de los más afligidos, debieron esconder sus obras con cuerpos desnudos, en espera de mejores tiempos.

Me viene a la mente cuando el dramaturgo Víctor Varela encueró a sus actores en la puesta en escena de La cuarta pared y causó una conmoción nacional.

Creo haberle escuchado decir al cineasta Enrique Pineda Barnet que él daba fe de las fotos que Tina Modotti le había hecho a Julio Antonio Mella en pelotas, las cuales no fue autorizado a incluir en el documental que le dedicara al activista comunista.

Con todo este anecdotario algo aleatorio, a lo cual pudieran sumarse otros tantos componentes, como los performances de Manuel Mendive, quiero subrayar la importancia del cuerpo desnudo –en cualquier manifestación artística– y sus connotaciones eróticas y conceptuales en el imaginario cubano, por encima de todo tipo de obstáculos.

Esta semana llega a Miami para dar fe de tal voluntad y como un nuevo y definitivo muestrario de nuestra idiosincrasia, el libro La seducción de la mirada. Fotografía del cuerpo en Cuba (1840-2013), del escritor Rafael Acosta de Arriba, quien lo presentará personalmente en el Koubek Center, del Miami Dade College, hoy jueves 28 a las 7:00 p.m.

Precedido de un enjundioso ensayo, valga la pena aclarar que no se trata –tal y como apunta su autor– de un libro sobre el desnudo per se, sino de cómo 93 artistas del lente han transmutado, de modos diversos, el cuerpo cubano en alrededor de 400 imágenes, en cuanto código estético se pueda concebir.

El volumen, primorosamente editado en España, es otro de los tantos ejercicios de rescate y libertad que la cultura de la isla viene reclamando durante los últimos años, más cuando son obras que nos denotan.

En su erudita introducción, el autor dedica –incluso– un capítulo a Herman Puig, uno de los más famosos fotógrafos de desnudos masculinos y personalidad de la cultura cubana exiliada, borrada de los anales de la nación.

Este es un libro que nos vuelve a todos un poco voyeristas y donde más de “tres lindas cubanas y cubanos” nos recuerdan que el culto a la belleza, en sus momentos más sofisticados, como esa foto de Korda titulada Norka Nude, de 1957, hace de la cubanidad el reino espléndido y sin ataduras que siempre debió ser.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de mayo de 2015, 0:47 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Cuerpos cubanos en bandeja."

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