Opinión Sobre Cuba

Primero fuimos gusanos, después escoria, ahora mal nacidos

El gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel con su predecesor, Raúl Castro.
El gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel con su predecesor, Raúl Castro. AFP/GETTY IMAGES

Mis nietos se divierten de lo lindo en Londres, donde fueron a esperar el año nuevo en compañía de sus padres. Me envían una foto de cuando están reproduciendo, orgullosos, el cruce de calle más famoso de la historia en Abbey Road.

Mis nietos nacieron en Miami, al igual que mi segundo hijo. Ellos ni reparan en la circunstancia de que son personas libres. A veces nos escuchan discurrir sobre un lugar llamado Cuba y pueden interesarse en la conversación, pero luego regresan a sus asuntos.

Saben que hablamos de un sitio muy importante, con cierta tristeza y con ira, por tanta desgracia resumida. Verlos felices me hace pensar que las personas nacen con el don de la libertad, la dan por sentado y, lo opuesto, son condiciones contra natura.

El nuevo año ha comenzado lleno de proyectos para la familia, en general, cada cual con los suyos muy específicos pues no hay tiempo que perder. Los que estudian, buscan alcanzar buen aprovechamiento académico y aquellos que laboran, progresar en las escalas posibles, que suelen ser numerosas. Es triste y desesperanzadora, una vida sin sueños.

En ese lugar cada vez más distante y ajeno, por qué no, llamado Cuba, se consolida la dictadura que acaba de cumplir 60 años, maquillada pero envejecida y pervertida. La fecha se celebró en un cementerio, insospechada metáfora, donde un octogenario general, que sigue gobernando en la sombras, volvió con la misma cantinela de atrincheramiento que siempre ha caracterizado su discurso gris y sin expectativa de mejoría, para un pueblo de zombis.

Luego de la perorata, me llamó un amigo de Cuba, pero de visita en Miami, para preguntarme consternado: “¿Es verdad que Raúl Castro, anunció otro período especial?”

Tal vez no se atrevió a calificarlo de tal modo porque el petróleo sigue entrando, procedente de una Venezuela en crisis, y la maltrecha economía de la isla no acaba de naufragar, pero ya no se atrevió a garantizar un vaso de leche para cada cubano, como hiciera, ridículamente, hace algunos años en otra de sus aburridas comparecencias. La luz al final del túnel castrista sigue sin aparecer.

El General elogió la labor de su delfín, que algunos ilusos en Occidente se atrevieron a calificar de reformista. Días antes, sin embargo, en un tuit donde quiso comentar la nueva película de Alejandro Gil, sobre el deleznable capítulo histórico del fusilamiento de los estudiantes de medicina por parte del gobierno colonial español, el verdadero Miguel Díaz-Canel, aprovechó la ocasión para mostrarse sin filtros: “No olvidemos jamás que así como abundan los héroes, no faltan los mal nacidos por error en Cuba, que pueden ser peores que el enemigo que la ataca”.

Ya no solo son gusanos o escorias los que, como yo, nos encaramos a la supervivencia de una desfachatez dictatorial tan longeva, que ha frustrado los designios del talento y la prosperidad de varias generaciones.

El nuevo dictador se atribuye, como sus antecesores, la facultad, casi divina, de descubanizar a sus opositores con un nuevo epíteto “mal nacidos”, mientras el coro de sus abyectos comisarios trata de justificar tamaña afrenta a la sagrada nacionalidad, ripostando las críticas en los medios sociales libres, con otros improperios: “sirvientes de 5ta o 6ta categoría, asalariados troles, cobardes, voceros anticubanos”.

Olvida esta caterva de represores intolerantes que sin el trabajo y el envío de todo tipo de bienes económicos y espirituales de los llamados “mal nacidos” a sus familiares sufridos, la patria, que ellos controlan como una finca privada, ya hubiera desaparecido muchos antes de celebrar tan nefasta efemérides.

Crítico y periodista cultural

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