Opinión Sobre Cuba

Añadan el avestruz a la vergonzosa lista de fábulas castristas

Cuba cría avestruces porque son “mejores” que las vacas

El comandante de la revolución, Guillermo García Frías, dijo que Cuba tiene un plan para expandir la cría de avestruz porque rinden más que las vacas.
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El comandante de la revolución, Guillermo García Frías, dijo que Cuba tiene un plan para expandir la cría de avestruz porque rinden más que las vacas.

En el documental Matarife, realizado como ejercicio de clases en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños se reflexiona, con cierto humor negro, sobre la desaparición de la carne de res en la gastronomía cubana.

Hay entrevistados que temen referirse al “oro rojo” como lo calificara el delirante dictador Fidel Castro, cuando sus planes eran de exportar la carne de res, pues tanta iba a ser la producción. Lo cierto es que su compra en bolsa negra y el sacrificio de ganado vacuno se penalizan con severidad criminal.

Lo que siguió a las primeras promesas, donde figura Cuba como cuenca lechera y de otros derivados lácteos, fue la debacle de la perpetua escasez alimenticia, lo cual hace afirmar a la sabiduría popular que la llamada revolución nunca pudo solucionar tres ingentes necesidades: el desayuno, el almuerzo y la comida.

Por estos días, un anciano deleznable de la dictadura, el general Guillermo García Frías, se personó en la televisión, con todo y uniforme como si fuera a una maniobra militar, para insuflar esperanza con respecto a la canasta familiar, en estado deplorable.

Delante de un público totalmente zombificado en el estudio, explicó las virtudes de las carnes de jutía, avestruz y cocodrilo y de los esfuerzos que se acometían para criar los susodichos animales en granjas concebidas al efecto.

Cuando ya pensábamos que no se podía regresar a la historia del absurdo bestiario con el cual la dictadura ha prometido alimentar a la población, llega un nuevo capítulo que compite con los pollitos y las tilapias para criar en el hogar; la raza de vacas enanas domésticas capaces de garantizar el elusivo vaso de leche; la cría de ocas, que solo produjeron una deleznable pasta, y los búfalos traídos de África, inadaptados a las praderas de la isla.

Ni hablar de un engendro de la naturaleza, el pez llamado claria, que asola la fauna autóctona de ríos y lagunas, sin piedad, en su desenfrenada apetencia.

El general García Frías, en su absurdo laberinto, elogia el valor proteico de la jutía y de su buena piel, como si pensara en producir zapatos, otra de las emergencias no satisfechas del régimen.

Se olvida, en su desvarío, que donde más crías existen del endémico roedor, en peligro de extinción, es en la base naval de Guantánamo, donde los soldados americanos velan por la especie con esmero.

Este militar improductivo y bon vivant, quien incluso se ha tomado la libertad de censurar películas cubanas que no considera apropiadas para la ideología de la dictadura, se presenta públicamente, luego de estar disfrutando de su vida placentera, para decirle a sus sufridos compatriotas que el avestruz produce más carne que las vacas.

¿Se atreve alguien a discrepar de las monsergas pronunciadas por esta momia totalitaria? Por supuesto que no, y es la parte lamentable de la ecuación, porque la presentación en sí pudiera provocar risa si sus consecuencias no fueran tan nefastas.

Al igual que el inspirador de este surrealismo dañino, con sus plantaciones de moringa, también más nutritivas y deliciosas que la carne vacuna, según afirmara en su decrepita senectud, estos discípulos verde olivo son igualmente letales, represivos, y han vivido en un mundo ideal, paralelo al desastre inoperante creado a su antojo, de modo impune, sin tener que rendir cuentas a nadie.

Mientras este militar sin escrúpulos ni vergüenza trata de amortiguar con barrabasadas la crisis que se avecina, pues ya se habla de un nuevo período especial, tanto el pueblo como sus intelectuales más ilustres, toleran lo indecible, aprueban una nueva Constitución que los encadena y, si viene al caso, se escapan a otros países aunque no sean bienvenidos.

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