Opinión Sobre Cuba

La ley Helms-Burton no afectará a la dinastía Castro Ruz

EEUU permitirá demandar por bienes confiscados por el régimen cubano

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, anunció el 17 de abril de 2019 que el gobierno estadounidense implementará el Título III de la Ley Helms-Burton, permitiendo así demandas contra empresas beneficiadas con propiedades confiscadas en Cuba.
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El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, anunció el 17 de abril de 2019 que el gobierno estadounidense implementará el Título III de la Ley Helms-Burton, permitiendo así demandas contra empresas beneficiadas con propiedades confiscadas en Cuba.

La miseria que viven los cubanos no la afecta ningún presidente americano.

Ya la dictadura Castro-comunista se encarga de ello desde 1959. Por eso el pueblo de Cuba no se incomoda con la aplicación de la Ley Helms-Burton III, ni IV.

En la escala de la pobreza la Mayor de Las Antillas ha impuesto récords. Se registra un nivel más después del tercer mundo como resultado del impacto que conlleva el comunismo sostenido por los 60 años más largos de la historia de la humanidad.

Raúl Castro, su dinastía y los que viven avasallando la isla tienen que estar con insomnio y trastornos del sistema nervioso, digestivo, el simpático y el parasimpático.

Y no es para menos. Ser millonarios sin trabajar, con solo repetir consignas, y robándole al pueblo cubano tienen garantizadas sus idílicas vidas. Y lo más importante: mantener la represión a la enésima potencia contra los valerosos hijos de Cuba. Con asesinatos incluidos por pensar y no ser autómatas adoctrinados bolcheviquemente.

Los extranjeros inversores dentro de Cuba, a los cubanos nos han tratado como basura. Llevan casi tres décadas haciéndolo.

Recuerdo un día del año 1996 que acompañé a una amiga para buscar trabajo en un hotel en la playa de Santa Lucía, y el portero vestido como cazador de safari no dejó que me sentara en aquel lobby vacío mientras ella se entrevistaba con el gerente. Es más, me dijo que saliera de toda el área del hotel o que llamaría la policía: Eres cubana, esto es para extranjeros. Me advirtió.

Y ni así, ni siendo extranjero te respetan tampoco. Un joven de mi pueblo natal fue a Rusia a convertirse en ingeniero. Se casó con una joven ucraniana. Fue a Cuba para presentarle su esposa a sus padres, pero quisieron dormir en un hotel. No pudieron. Pues a él no le respetaron otra nacionalidad, y le preguntaron que dónde estaba la prueba del matrimonio. Al final de estas molestias le dijeron en la carpeta del hotel: ella es “rusa” y si puede quedarse porque es extranjera.

Nací en una casa confiscada. Mi madre no lo sabía y pagamos el precio. Pues antes de la dictadura de Fidel Castro, ese local había sido parte de una escuela privada de la vecina de al lado.

Ella era una maestra solterona y casi sin familia que había perdido varias propiedades. Al principio nos odiaba. Pero con el tiempo se abrió una puerta en la sala principal de las dos casas. Mis padres, mis hermanos y yo compensamos aquel agravio con el amor de hijos y nietos que nunca tendría Sunsa, como la llamábamos.

A ella le debo parte de mi educación. Sabía cinco idiomas, había viajado 30 años por el mundo. Había nacido en 1897. Educó a grandes profesionales, a varios médicos camagüeyanos, a gente de bien.

Una prima de esta abuela “postiza” que tuve le dejó un chalet a la señora que la cuidó hasta su muerte. Lo hizo legalmente, a través de un testamento. Nada más que sepultaron a la propietaria, desalojaron a la nueva y legal dueña, con el pretexto de que esa casa era Patrimonio de la Humanidad, de esto ni se enteró la UNESCO. Allí hicieron el museo del municipio Florida, de la provincia de Camagüey donde no había ningún objeto museable que ver.

Otro caso que recuerdo fue el de un abogado que dejó su mansión a sus hijos, nietos con los papeles en regla. Leyes de la dictadura que surgen así sin enterarse de que existe “una Constitución” en contra del pueblo cubano, declararon que en esta casa solo iban a vivir cuatro generaciones, incluida la del abuelo. Sus bisnietos eran los últimos en disfrutar de la mansión. Después, pa’ fuera, pa’ la calle, con ultraje.

Otro empresario que invirtió en Ciego de Ávila, provincia del centro de Cuba donde la tierra colorada es muy fértil de manera natural, quiso que los recogedores de naranjas lo hicieran a punto de mediodía, cuando el sol de la isla raja las piedras.

El jefe con acento extranjero les explicó que la recogida a esa hora mantenía el dulzor de este cítrico a un porcentaje mayor. Aquellos guajiros, acostumbrados a madrugar para hacer esta labor en la que estaban experimentados, se sublevaron y con los machetes al estilo de los mambises del siglo XIX, hicieron correr nuevamente a un español mandón en la isla de Cuba. Esta vez autorizado por la dictadura de Castro.

Una prima de mi padre viajó a Cuba después de 30 años de emigrar. Invitó a cenar a los parientes que quedaban allá. Eran ocho exactamente. Para que se cumpliera su deseo el hotel exigió que debía pagar una habitación por familiar, como si estuviesen hospedados, aunque no podían entrar a otra área del hotel que no fuera el restaurante. Ella pagó para no hacer el desplante a su familia que tan bien la habían tratado en sus casas.

Hace unos años, los cubanos que viven en Cuba, pueden entrar y hospedarse en algunos hoteles. Y qué salario que paga la dictadura puede sufragar estas cuentas. Sí se puede si eres uno de ellos, o te lo pagan las remesas desde el exterior.

Seguiré durmiendo bien a partir de hoy con la ley Helms Burton por aplicar. Para los cubanos del pueblo da igual. Nada cambiará.

Raúl Castro Ruz y su dinastía siempre tienen la marea alta en sus arcas. El tsunami de trillones que han robado no sufrirá ningún daño. Los súbditos si pueden sentir el batacazo. Pero en la vida real, al embargo, los Castro no le hacen caso.

Siga a Idaysi Capote en Twitter: @idaysicapote.

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