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Opinión Sobre Cuba

ARIEL HIDALGO: Nueva era para la oposición cubana

El proceso de normalización de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos está arrastrando a una profunda crisis a la oposición tradicional del llamado exilio histórico y presentando un nuevo reto a la disidencia interna.

La oposición conservadora del exilio nació y se desarrolló en el contexto de la guerra fría, cuando Cuba era considerada punta de lanza del bloque enemigo en un mundo bipolar, y los órganos de inteligencia americana la usaban en sus operaciones de ajedrez geopolítico. La Casa Blanca, si no mostraba abiertamente su apoyo, al menos se hacía la vista gorda ante las incursiones armadas a la Isla o atentados contra funcionarios o supuestos simpatizantes del gobierno cubano en la llamada “guerra por los caminos del mundo”, actos, a mi juicio, desastrosos para la imagen de la oposición anticastrista. Cuando algunas de estas acciones se realizaron en el propio territorio estadounidense, las autoridades de este país tomaron cartas en el asunto. El objetivo se enfocó entonces, principalmente, en lograr en el Congreso de los Estados Unidos la aprobación de leyes que fortalecieran aún más la política del embargo sobre Cuba para el estrangulamiento económico del régimen. Con el fin de la Guerra Fría los intereses del Tío Sam se limitaron, por una parte, a evitar o contrarrestar los éxodos migratorios masivos y por otra en mantener buenas relaciones con esa oposición por razones electorales.

Pero tras los acuerdos migratorios y el cambio de correlación de fuerza de la comunidad cubana, tanto por una sucesión generacional de la diáspora como por oleadas migratorias con una nueva visión de la realidad cubana a favor de los que se oponían a una política de aislamiento y confrontación, esa oposición, excepto algunas pocas organizaciones que inteligentemente fueron adaptando sus estrategias a los nuevos tiempos, ha entrado en franca decadencia. Ahora, la reanudación de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos significa casi el tiro de gracia. Sin incursiones armadas y sin poder instrumentar más proyectos de estrangulamiento económico, pierde por completo el sentido de su existencia.

A esto se añaden las reformas del raulato. Ese régimen sigue violando los derechos y libertades de los cubanos, pero ya no son peores que los perpetrados por muchos regímenes del mundo, continúa controlando los tres poderes más la prensa y toda la economía, pero ya no de manera absoluta, y a lo largo de los años los intelectuales, los artistas y sobre todo los disidentes, han ido corriendo la línea fronteriza de lo permisible a fuerza de enfrentar censuras, actos de repudio y detenciones; los encarcelamientos, en su mayoría, han sido sustituidos por detenciones temporales, y los cambios parecen dirigidos a una especie de libre empresa bajo una dictadura de partido. ¿No querían capitalismo? Pues ahí lo tienen.

El discurso y las estrategias de la disidencia tampoco podrán seguir siendo los mismos, porque la retórica actual ya no tendría la misma credibilidad de antes, sino socorrer a los más necesitados, ayudarles a resolver sus problemas y si es necesario, trabajar con ellos hombro con hombro; estar dispuestos a dialogar con las autoridades, con lenguaje respetuoso, a favor de las víctimas y de los más desfavorecidos, y sólo entonces, si no se atienden, denunciarlo públicamente, pero sin satanizaciones, ni tonos altisonantes, porque si lo que importa es la protección de los sin poder y no satisfacer la propia vanidad, no importa por donde llegue la solución de los conflictos; tratar de evitar en lo posible la confrontación, no responder al insulto con insulto y al golpe con el golpe –los golpes morales son más contundentes que los físicos–, y cuando se presente la ocasión, no dejar de predicar la paz y la fraternidad entre todos los cubanos. El ejemplo es más poderoso que la palabra.

Deben también abrir sus mentes y mirar sin recelos a los grupos contestatarios generados en el seno del propio sistema, tolerados por la élite pero censurados, antiguos miembros del partido único y de la juventud comunista que demandan al poder un socialismo participativo y libertario. Al menos entre todos hay campañas comunes que librar: el logro de una democracia sin tutelas partidistas, y sobre todo, la defensa de los marginados por los cambios: los que no reciben remesas, moradores de barrios marginales y edificios insalubres, pensionados y jornaleros de pagas miserables. Se tendrá fuerza en la medida en que se represente, legítimamente, los intereses de las grandes mayorías.

Infoburo@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de junio de 2015, 0:11 p. m. with the headline "ARIEL HIDALGO: Nueva era para la oposición cubana."

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