Opinión Sobre Cuba

Cuba-Miami: la bandera arcoíris y el horrible exilio-comunismo

Agentes de la Seguridad del Estado cubano vestidos de civil arrestan a activistas que participaron en una marcha de la comunidad gay, el 11 de mayo en La Habana.
Agentes de la Seguridad del Estado cubano vestidos de civil arrestan a activistas que participaron en una marcha de la comunidad gay, el 11 de mayo en La Habana. AP

Era de esperar: una manifestación gay no autorizada por el gobierno cubano quiere caminar por el malecón habanero. La policía la detiene, cargan a cuatro activistas hasta el carro patrullero y Miami salta indignada por la brutalidad de las fuerzas policiales. Bueno, no todo Miami salta, pero los suficientes como para volver al bataclán de que se está cayendo el gobierno o que como hay tantas protestas en Venezuela, el castro-comunismo tiene miedo de que los gais quieran tomar La Bastilla.

Los sucesos de la marcha gay el pasado 11 de mayo en La Habana poco tienen que ver con cierta obsesión política que colma las neuronas de los zelotes, que tanto en Miami como en La Habana parece que lo ven todo a través del mismo cristal. Tanto la falta de inteligencia de Mariela Castro en utilizar la perspectiva de la plaza sitiada para insultar a los manifestantes; como los patriotas de Miami, siempre expectantes de un nuevo Primero de Enero al revés, sugieren que ninguno de los dos está muy al tanto de humildes tejidos en la sociedad cubana actual.

Es al menos literariamente interesante, aunque también posible, que la directora del CENESEX, que llegó a su cargo —además de por méritos propios— por pertenecer a una familia muy privilegiada, vea la sociedad cubana con perspectiva parecida a la de la alta burguesía cubana cuando miraba a las clases populares antes del 59. “Esos gais que yo con tanto cariño he ayudado... y ahora... malagradecidos, se quieren ir por libre”. “¡Lacayos!”.

Pero no hay que culparla. La reivindicación gubernamental cubana de los derechos homosexuales se inició, no por un principio moral de justicia o humanismo, sino porque su desprecio institucional lo perjudicaba en un contexto internacional en el cual las comunidades homosexuales eran más influyentes cada día. Y fue Mariela Castro quien, a su debido tiempo, se encargó de aquello.

El asunto central de la manifestación gay no autorizada, y reprimida —con mucha suavidad y parlamento, no hay que ser exagerados— es la legítima e incipiente conciencia cívica cubana de que todo, incluidas las relaciones de producción, no tiene que ser totalmente reglamentado y dominado desde el Estado.

Mariela Castro, que es una persona carismática, metió el delicado pie en sus tuits mediante la misma aburrida consigna de que quienes se apartan de las orientaciones gubernamentales son siempre vendepatrias. Quienes votaron con sus pies aquel día para hacer bueno su derecho de libre manifestación, no tendrían que ser insultados desde su posición de poder.

Y esto, Mariela, porque si de verdad somos martianos, el más humilde de los cubanos tiene, o debería de tener, el mismo derecho que usted de organizar grupos para la defensa de la homosexualidad, de la naturaleza, o de las plumas del pavo real verde birmano.

Lo sucedido en el Malecón habanero el pasado 11 de mayo es consecuencia orgánica, (y esto para los Marielos Castro de Miami), del proceso de consultas y referendo para la nueva Constitución cubana, puesta en vigor hace menos de tres meses, a la que los Marielos, desde su verticalidad siempre patriótica, le negaron el pan y el agua.

Y es así, porque el artículo 86 del proyecto, que abría la puerta al matrimonio gay, propició una batalla cívica dentro de Cuba entre grupos religiosos y la comunidad LGTB. Estaban totalmente opuestos en el tema, pero con algo en común: ambos disfrutaban del cierto derecho de reunión, como para alcanzar un criterio colectivo y manifestarse socialmente al respecto.

Algo que no sucedía en Cuba desde los primeros años de la revolución. Los unos gracias a los templos religiosos donde se congregaban y los otros al CENESEX, de Mariela Castro. Pero integrantes del LGTBI cubano se quejan de que el CENESEX no les dejó ser suficientemente activos en la promoción de sus derechos. Lo cierto es que la comunidad gay no prevaleció, y muy posiblemente teme que ahora, ante la próxima redacción del nuevo Código de Familia que podría autorizarles el matrimonio, siendo dependientes del CENESEX, tampoco puedan promover suficientemente sus derechos. Eso es todo.

Una simple manifestación pública sobre un tema social que no tiene que ver nada con el imperialismo americano. Y si lo tiene, como dice Mariela Castro, que presenten las pruebas. ¿Por qué le tenemos miedo?

Jorge Dávila Miguel es analista político y columnista de CNN en Español. Twitter: @jorgedavilaCNNE.

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