Opinión Sobre Cuba

El raro experimento de las cooperativas en Cuba

Imagen de la cooperativa cubana AUTOCHAPT. Una imagen compartida por el portal Cubadebate.
Imagen de la cooperativa cubana AUTOCHAPT. Una imagen compartida por el portal Cubadebate. Cubadebate

Los organismos rectores de la economía cubana han congelado hace unos días las cooperativas no agropecuarias.

¿Cómo se puede congelar una cooperativa? Es muy difícil, no es posible meter a todos los miembros en un frigorífico, y mucho menos decretar un invierno ártico, selectivo, en todo el territorio nacional. Por eso, el método elegido por los organismos rectores ha sido quirúrgico: congelar a todos los no cooperativistas que quieran serlo, uno por uno. Es decir, prohibir toda nueva cooperativa no agropecuaria, hasta que concluya “la fase experimental”. Así las denominan: un experimento.

Es posible que dichos organismos rectores busquen descubrir una súper fórmula que convierta a Cuba en Potencia Cooperativista Mundial, porque hasta ahora la fórmula es demasiado simple: “Una cooperativa es una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada”.

¿Cuál será entonces el problema? Nacieron hace ya como dos siglos en el planeta, emplean al 12 por ciento de la población mundial, crean riqueza social, los socios son propietarios ganándose su platica y aportan al “desarrollo sostenible” nacional. Pero los organismos rectores quieren descubrir una súper formula.

Posiblemente muchos lectores que hayan leído estas primeras líneas —por ejemplo, en Miami— las descartarán por superfluas ya que “nada de lo que se hace en Cuba ni sale bien, ni es verdad, ni tiene sentido”. ¿Para qué pues escribir sobre un lío del que ya se conoce la causa? Pero el argumento no es suficiente. Será fácil, pero no es verdad.

Las cooperativas no agropecuarias (CNA) surgieron en el 2013, cuando el gobierno de Raúl Castro inició reformas, pero que nunca existieron para Miami “porque no eran de verdad”. Pero sí lo eran. Y tal vez ese sea el problema.

Según datos oficiales, cinco años más tarde, en el año 2018 las 398 CNA tuvieron ingresos de 6,030 millones de pesos, unos $241 millones, con solo unos 17,500 cooperativistas en total. Con salario promedio antes de utilidades mensual de unos $210 por socio. Muy lejos de los $20 mensuales que se dice ganan todos los cubanos. Muchos sí los ganan, y ninguno debía ganar tan poco, pero no todos; sobre todo después de la reciente reforma salarial (que tampoco existe para Miami).

El éxito del sector privado. Esa tal vez sea una de las razones del extendido “experimento” de los organismos económicos cubanos. Que el sector privado —incluidas las cooperativas— resulta incómodo. Y lo resulta quizás porque son más eficientes que la súper protegida empresa estatal, porque son más ágiles, serviciales y sobre todo les pagan mejor a sus socios-trabajadores.

¿Y por qué serán así? (sin ser tampoco santas). Porque entre otros detalles no existe el robo ni el descuido de las empresas estatales, que siendo “propiedad de todo el pueblo”, no tienen en realidad quien las cuide del abandono y la sustracción.

El Estado cubano, con todas sus fuentes económicas de análisis y legislativas, desea seguir “experimentando” con una fuerza productiva que ha crecido el 627% en cuatro años, mejorando el nivel de vida de muchas familias cubanas. Habrá delitos en algunas cooperativas, pero ninguna cooperativa los comete. Los cooperativistas sí, y para eso existen las leyes, o debían existir, en un estado de derecho en que el individuo o la personalidad jurídica legal tengan acceso al debido proceso y no solo al pataleo.

Hasta cuando seguirá el “experimento” con las cooperativas no agropecuarias —que no son ni siquiera capitalistas, sino más bien socialistas— nadie puede saberlo.

Ahora el tema penetró al tabernáculo del laboratorio económico estatal. La administración Trump hace todo lo posible por complicarle las cosas a los cubanos, y los químicos de la economía, en este caso, también. ¿Qué pecado habrá en que la gente progrese?

“La mejor manera de que algo no avance es convertirla en un ‘experimento’ ”, dijo entre otros un desconsolado lector sobre estas nuevas normas jurídicas en el sitio informativo estatal Cubadebate. Y qué bueno, porque qué pecado habrá en que la gente —tenga o no toda la razón— se exprese.

Analista político y columnista de CNN en Español. Twitter: @jorgedavilaCNNE.

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