NICOLÁS PÉREZ: Nada es verdad ni es mentira
Evito hacer artículos personales, a veces no puedo.
Ramón Mestre Gutiérrez fue mi hermano mayor en prisión y la mejor herencia que recibí de mi tío Nicolás “Colacho” Pérez Hernández, ex ministro de Defensa, coordinador civil y autor intelectual del Golpe del 10 de Marzo. Ramón me cuidó en la cárcel y aquí en Miami me ha aconsejado sobre del mundo de los negocios, y no me ha ido nada mal, gracias a él hoy tengo la ventaja de tener “Prohibido Callarme”.
Desde niño fui un conflicto viviente. Un periodista español que me entrevistó recientemente porque iba a escribir un libro sobre Cuba, me dijo a boca de jarro pero sin afán de insultarme, con una sinceridad ingenua, que yo era un traidor a mi clase.
No es así, en primer lugar no creo en las “clases”. Y en segundo lugar estoy tan lejos de la izquierda como las Pirámides de Egipto de la Muralla China. Mis problemas comienzan cuando intento ser objetivo, hay periodistas que me entienden, eso Miami no lo perdona.
Con respecto a Tío Coli pertenecí al 26 de Julio pero jamás discutí con él. Siempre pusimos la fuerza de la sangre por encima de la política. Una vez, cuando en casa de mi primo Javier nos tropezamos, y yo tenía un brazo entablillado y varios dedos rotos por una golpiza que me había dado la policía de Batista, me dijo sonriente: “Cocoliso (así me decía) no sigas dando guerra, un día te van a matar y no voy a estar presente para salvarte”.
La segunda vez que rozamos la política fue cuando llegué a Isla de Pinos y algunos presos del gobierno de Batista meneaban la cabeza con perplejidad y decían: “Pobrecito Colacho, acaba de llegar a la circular su sobrino comunista”. Cuando hablamos del tema me razonó: “No te preocupes, quien no es de izquierda a los 20 años es un canalla, y quien lo sigue siendo a los 60 es un imbécil”.
Ramón Mestre siempre me dice que en mis artículos no se sabe si voy o vengo. Tiene razón; cuando me levanto por la mañana cualquier noticia, cualquier recuerdo, cualquiera rememoración de algún momento vivido me hace reinventar mis puntos de vista. Creo es lo normal. A fin de cuentas las posiciones políticas son un problema geográfico: en ciertos círculos de empresarios y políticos corruptos de América Latina soy de izquierda, en Miami de centro, pero en Venezuela o Ecuador o Cuba me califican de extrema derecha, defensor a ultranza del capital, lacayo del imperialismo y agente de la CIA. Lo que me hace pensar como el poeta Ramón de Campoamor, que en una de sus estrofas más iluminadas dijo: “Nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira”.
Quiero hacer una pregunta a mis lectores, ¿creen que aparte de cumplir con mi conciencia, recibo algún tipo de satisfacción especial diciendo los miércoles en el Nuevo Herald lo que un grupo del exilio no desean oír y me hacen picadillo a mis espaldas? ¿Creen que lo correcto es entrar por el aro del establishment de Miami? ¿Acaso me pasa por la mente durante un segundo ser aquí dirigente de nada, ni brillar en los salones escribiendo libros o moderando encuentros patrióticos en esta ciudad?
Tuve un instante en que estuve en el deber de estar muy activo por Cuba, fue durante la clandestinidad y la prisión. Pero ese minuto pasó como un águila sobre el mar, aunque entiendo perfectamente que uno de los dramas que más afectan a ciertos seres humanos es el día que no entienden que dejaron de ser imprescindibles para la patria y se convierten en un estorbo porque sus ideas están obsoletas y hay que abrir paso a las nuevas generaciones, aunque desde las gradas, sigan pensando del mismo modo que desde el dugout.
Creen que disfruto tener que discrepar con políticos cubanoamericanos admirables como Marcos Rubio, Ileana Ros-Lehtinen, y sobre todo, Mario Díaz-Balart?
¿Creen que estuve en un lecho de rosas cuando me opuse al error más grande cometido por este exilio al negarse a devolver a Elián a su padre, error que sigue dando guerra? Y sobre todo, ¿saben lo que me dolió discrepar con mi compañero de prisión, y tío abuelo de Elián, mi amigo, “El Cangrejo”, con el cual Ferrer y yo nos reuníamos frecuentemente para hablar sobre Cárdenas?
¿Creen que me agradó por respeto a mi iglesia, decir hace poco maravillas de Francisco I, que hoy en un gesto muy argentino pero poco papable, se reunió por quinta vez en una larguísima entrevista con la peronista Cristina Kirchner?
Claro que todo lo anterior tiene un costo, pero más que París, la satisfacción de pensar libremente bien vale una misa.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2015, 1:42 p. m. with the headline "NICOLÁS PÉREZ: Nada es verdad ni es mentira."