Un capítulo imborrable en la historia de Cuba
La vida da sorpresas. Es impredecible.
A principios de los años 70, solía a diario llevar a mi pequeño hijo Eric hasta La Pequeña Habana, donde una amiga de mi madre lo cuidaba mientras yo atendía a mi empleo. Desde allí me desplazaba por la autopista estatal 112 hasta la base de operaciones de Eastern Airlines en el aeropuerto de Miami, el lugar de ese empleo.
Poco podía imaginar entonces que un edificio junto a la autopista que a diario captaba mi atención, atraída quizás por su alta torre y la enorme foto de una estilizada modelo en ropa de sport, tendría un significado especial en el futuro relato de los crímenes y abusos cometidos en mi patria por la dictadura castrista contra los prisioneros políticos.
Tampoco lo podía imaginar el empresario Max Cohen quien operaba allí su fábrica de elegante ropa de sport Mr. Dino, cuyos audaces diseños textiles florales y geométricos, producto de una máquina de serigrafía que había inventado, eran sinónimo de calidad y buen gusto en el Miami de aquella época.
Sorpresa. Ese edificio en el cual entonces un sinnúmero de costureras exiliadas cubanas se ganaba dignamente el sustento diario marcadas por la nostalgia y el sufrimiento de haber abandonado su patria y en muchos casos, dejado tras las rejas de las cárceles castristas a un familiar querido, es el lugar donde ahora se ha filmado gran parte de Plantados, la película que relata la historia de los prisioneros políticos cubanos que se negaron a aceptar el adoctrinamiento comunista para reducir sus largas condenas.
Es coincidencia, pero muy consecuente, que las mismas paredes que antes recogieron el dolor de aquellas costureras exiliadas cubanas, cuyas lágrimas seguramente mojaron en muchas ocasiones las finas ropas de sport Mr. Dino, ahora hayan servido de albergue para recrear los abusos, las torturas, la rebeldía y la desesperanza que llevo a muchos prisioneros políticos a interminables huelgas de hambre al costo de sus vidas.
Porque Plantados, definido por ellos mismos, significa una posición inquebrantable, firme, estoica, de rebeldía, sin claudicación; y el régimen comunista no escatimó en recursos para doblegarlos, hurgando en las páginas del mas tenebroso manual comunista hasta encontrar la mejor táctica para quebrantar la voluntad de esos hombres.
Ahora tampoco se ha escatimado para mostrar al mundo el horror que vivieron los plantados. Porque construidas a la perfección en el edificio de Mr. Dino, están las réplicas de las tapiadas, celdas de castigo sin luz o ventilación donde un prisionero languidecía por meses, la mayor parte del tiempo durmiendo sobre el duro piso de cemento o piedra, acompañado solamente por las alimañas que habitaban en el negro hueco abierto en el piso para disponer del excremento y otros desechos del cuerpo humano.
También están las réplicas de las infames gavetas, celdas de 20 pulgadas de ancho y quizás 6 pies de largo y alto. Cuatro hombres eran encerrados en este diminuto espacio, desnudos, teniendo que turnarse para echarse en el piso a dormir.
¿Qué sucede en la mente de un hombre encerrado en estas condiciones? El prisionero plantado, José Oscar Rodríguez, “Napoleoncito”, puede decirnos, ya que estuvo recluido en una de esas gavetas por negarse a usar el uniforme de los presos comunes.
Digo al principio que la vida es impredecible. Lo es. Porque poco podían imaginar los hombres que sufrieron en carne propia estos horrores, que vivirían para un día ver su historia llevada al cine. Ángel de Fana, alma y corazón de la organización Plantados, cuya vida quedó desecha a los 23 años cuando fue condenado a 20 años de prisión, es uno de los principales asesores de la película junto a, entre otros, Servando Infante y Ernesto Díaz, 19 y 22 años de prisión respectivamente.
El colofón es el director, Lilo Vilaplana, cubano con exitosos créditos fílmicos a su favor, entre ellos El Capo y Leyendas del exilio.
Los plantados escribieron un capítulo imborrable en la historia de Cuba; pero sin el aporte millonario de Leopoldo Fernández Pujals, cuyo tío, José Pujals Mederos fue plantado y cumplió 27 años de prisión, ese triste capítulo no hubiera sido llevado al cine. Leo persiguió este proyecto por mas de 12 años y siempre ha estado del lado correcto de la historia, poniendo su fortuna al servicio de la causa por una Cuba libre, pero libre de verdad, sin los Castro y el comunismo.
Mucho ha cambiado Miami desde los años 70 cuando una joven madre pasaba cada mañana el elegante edificio de Mr. Dino soñando quizás poder adquirir algún día uno de aquellos caros atuendos. Una cosa no ha cambiado, sin embargo, y es la memoria del exilio. La película Plantados es prueba de ello.
Escritora y activista de derechos humanos.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de diciembre de 2019, 0:10 a. m..