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Opinión Sobre Cuba

NICOLÁS PÉREZ: Yo creo en el cubano

El Estado de Israel se fundó en 1948. El Estado cubano el 20 de mayo de 1902. Fueron dos pueblos que tuvieron muchas cosas en común: el mambí tuvo que luchar bravamente contra el gobierno español y los judíos rodeados por los cuatro puntos cardinales por el enemigo palestino, dejaron el alma para conquistar la victoria. Pero hubo una diferencia, mientras que el gobierno israelí, aunque ayudados y apoyados por el gobierno norteamericano, emergieron con una total soberanía, nuestros mambises tuvieron que tragarse hasta la última gota del jugo amargo de la Enmienda Platt, por lo que muchos nos han llamado una “república mediatizada”.

Luego los israelíes consolidaron su victoria durante la Guerra de los Seis Días, y los cubanos su derrota durante la Crisis de Octubre, donde nos prohibieron de ahí en lo adelante, ni siquiera luchar por nuestra libertad sin el consentimiento y el apoyo de la CIA, y quienes transgredieran esta orden, podrían estar sujetos a persecución y cárcel.

Peor que un mal enemigo, es un pésimo aliado. Ha transcurrido medio siglo y no aprendemos las lecciones de la historia. Seguimos siendo, como nos dicen los castristas y la izquierda latinoamericana, “los sobrinos del Tío Sam”, y aunque en una lucha los aliados son imprescindibles, la obediencia ciega a una potencia extranjera es un error que se paga caro. Seguimos soñando con que los americanos nos saquen las castañas del fuego, cuando la soberanía cubana es única y exclusivamente un deber del anticastrismo.

Han pasado los años y nuestra conducta, como la canción de Julio Iglesias, sigue igual. Organizaciones del exilio y la disidencia prosiguen recibiendo dinero del gobierno a cambio de que obedezcan sus órdenes. En vez de imitar a Israel, donde el lobby judío apoya tanto a demócratas como a republicanos, nuestras simpatías las colocamos en un republicanismo acérrimo, con un fuerte acento en la derecha, mientras más a la derecha mejor, y sin intentar tener la más mínima reflexión profunda que debía advertirnos el error de mezclarnos en una política interna de los Estados Unidos, lo cual nos limita, nos perjudica, nos hace daño. Y es que si la misma pasión que algunos ponen defendiendo a Hilary Clinton o a Jeb Bush la pusieran en lograr la libertad de Cuba, hoy estaríamos caminando por las calles de La Habana.

Hace poco Benjamín Netanyahu visitó Washington y pronunció en el Congreso norteamericano un fuerte discurso oponiéndose a las negociaciones de Washington con Irán. No me gustó su gesto, un mandatario extranjero debe respetar los asuntos internos de los Estados Unidos, pero en el fondo, el sabor que me dejó en la boca su actitud es que Netanyahu es el primer ministro de un país independiente y soberano, y que pone por encima de todo sus convicciones de lo que le conviene o no a Israel.

Hace poco Jorge Pérez, un empresario norteamericano exitosísimo, afortunadamente apolítico, cuya fortuna es enorme y fue creada en el negocio de bienes raíces, fue a la Bienal de La Habana a ver la nueva pintura cubana y viendo la destrucción de la ciudad declaró que él podría reconstruirla en 10 o 20 años. Sus palabras fueron recibidas con sorna y perplejidad. Yo lo creo. Los judíos llegaron a Palestina que era un erial desértico, sin una gota de agua, y en un puñado de años, transformaron a Israel, mediante la libertad y la democracia, en la joya del Medio Oriente.

No por gusto nos llaman a los cubanos los judíos del Caribe. Discutía con un amigo diciéndome horrores de muchos recién llegados de la isla, hablando un español pésimo, de modales deplorables y sin iniciativa laboral, le respondí que todo eso era cierto ¿pero cómo podían comportarse hombres que lo primero que oyeron en su círculo infantil fue “Seremos como El Che”?

En mi primer viaje a Miami por los 60, esta ciudad finalizaba unas calles después de LeJeune Road, y esto aunque algunos se molesten al oírlo ha sido obra del ingenio, la laboriosidad y el espíritu de lucha del cubano. Y habrá cambiado Cuba pero no nuestros genes criollos e isleños, que son idénticos, al de ese exilio histórico que llegaron aquí en 1959, y convirtieron esta ciudad en la capital de América Latina.

En una Cuba donde exista libertad, democracia, propiedad y libre empresa va ocurrir el mismo milagro que en Israel y en Miami. Que los pesimistas digan toda la cáscara de piña que les dé la gana, yo creo como Jorge Pérez en el cubano de ayer, de hoy, y de siempre.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de junio de 2015, 1:25 p. m. with the headline "NICOLÁS PÉREZ: Yo creo en el cubano."

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