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Opinión Sobre Cuba

NICOLÁS PÉREZ: La influencia de Hollywood

Indiscutiblemente, uno de los elementos culturales que más influyen en la opinión pública, más que los museos, los conciertos de música popular o clásica, las exposiciones de pintura y las a veces insustanciales telenovelas, es la industria cinematográfica, por lo que siempre Hollywood ha padecido de una lucha enconada entre intereses políticos creados para ejercer presión y dominio sobre sus tendencias.

El cine ha tenido sus momentos buenos, regulares y malos, y han provocado estas medias tintas, según sea el equilibrio de poder político mundial y la posición de Washington durante diferentes tiempos históricos.

El padre de la criatura fue el comienzo de la Guerra Fría cuando la Unión Soviética comenzó a penetrar zonas sensibles de los Estados Unidos, y entonces Hollywood sufrió una fuerte sacudida.

Todo comenzó en 1947 cuando el Macartismo y la Comisión de Actividades Antinorteamericanas establecieron una Lista Negra de actores y directores simpatizantes de Moscú donde fueron a parar al mismo saco culpables e inocentes; una auténtica cacería de brujas, y la crisis estalló cuando al director Elia Kazan, un genio cinematográfico, se le entregó un Oscar honorario. Y hubo una discrepancia profunda entre aquellos que se negaban a dar premios a un “informante” y los que pensaban que se debían separar los logros artísticos de la política.

Quizás los componentes de la Lista Negra no traicionaban a su país, sino decían con ingenuidad lo que pensaban con la convicción de que habían nacido en un país libre y se sentían en el derecho de expresar sus ideas.

El comportamiento de Elia Kazan tampoco fue como agua para chocolate, testificó dos veces ante el Comité de Actividades Anticomunistas y acusó a 17 compañeros de trabajo de actividades pro rusas sin presentar pruebas concretas.

Hubo un arco iris de posiciones controvertidas. Aterrizó un avión en Washington apoyando la Primera Enmienda y en sus asientos Humphrey Bogart, Danny Kaye, Lauren Bacall y otras figuras de primera magnitud. Otros como Edward G. Robinson y Sterling Hayden rezaron un “Yo pecador me confieso a Dios” y se arrepintieron de sus pasados políticos, aunque Hayden se negó a rajatabla a citar nombres. También John Garfield respondió preguntas sin citar nombres. Otros innumerables actores se negaron a responder las acusaciones acogiéndose al derecho al silencio para no inculparse.

El control por la industria cinematográfica continúa. En los años 80 se publicaron libros de mucha erudición sobre los intentos de controlar a Hollywood, pero la industria cinematográfica es demasiado poderosa para aceptar amos.

Últimamente veo mucho cine, y me sorprenden los ataques brutales y muchas veces injustos sobre los errores que comete la Agencia Central de Inteligencia, que tiene en sus manos proteger la seguridad de los Estados Unidos en el exterior, una encomienda titánica, y por lo tanto está expuesta a cometer en ocasiones excesos. Por mi condición de cubano no me simpatiza esta legendaria agencia.

Irónicamente, acaban de desclasificar el incidente del agente de la CIA Gerry Drotter, quien más tarde dirigió la operación militar de Bahía de Cochinos, el cual, tras mantener un tiempo atrás una reunión secreta con Fidel Castro, comentó sobre el líder cubano que era “un fuerte luchador anticomunista”.

¿Estupidez? ¿Falta de percepción? ¿O fue la invasión a Cuba de exiliados sin apoyo aéreo un asesinato político al peligroso nuevo presidente demócrata de los Estados Unidos John F. Kennedy?

Hoy todavía se discute si los actores y directores que acusó entre otros Elia Kazan eran culpables o inocentes, si traicionaban a los Estados Unidos o simplemente expresaban sus ideas ignorando censuras quizás justificadas; pero si algo hay que respetar profundamente en los Estados Unidos es la libre expresión, la Primera Enmienda, siempre que no estén en juego las bases fundamentales de nuestro sistema democrático.

Esto viene a cuento porque últimamente veo muchas películas por televisión, y en Rendition, cuya trama narra cómo la CIA primero secuestra y después tortura salvajemente a un hombre inocente, su director Gavin Hood se suma a la larga lista de prominentes figuras de Hollywood como Sean Penn, Danny Glover, Benicio del Toro y Steven Spielberg, que muestran manifiestas simpatías por enemigos de los Estados Unidos, y aquí paz, y en el cielo gloria.

Es el precio que hay que pagar por la libertad que disfrutamos.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "NICOLÁS PÉREZ: La influencia de Hollywood."

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