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Opinión Sobre Cuba

GLORIA LEAL: Banderas y exilio


Las prendas de vestir con la bandera de Estados Unidos se han hecho comunes en Cuba.
Las prendas de vestir con la bandera de Estados Unidos se han hecho comunes en Cuba. AP

Es una burla, un chiste o una broma de mal gusto? Conociendo como somos los cubanos, que a todo le sacamos parodia para reírnos, podríamos pensar que es “all of the above”. Pero creo que ni siquiera es eso. Es más bien una inconciencia, un desafío, o un cinismo de parte de las autoridades. Vestir una camiseta (T-shirt) con la bandera de los Estados Unidos y pasearse por plena calle habanera, a la luz de todos, es algo que resulta incongruente si no fuera porque la foto lo capta irremediablemente y sin trucos. Así andan los jóvenes, los niños, las chicas, las señoras ancianas por toda Cuba. Luciendo la bandera de las estrellas y las barras, tan ajena a la situación política indefinida y a la nación cubana tan enemiga de esa bandera por tantos años. Sin embargo, los que alardean de llevarla puesta la llevan tan campantes…

Llevar la bandera de la Yuma encima, ya sea en la cabeza, en la blusa, en un pantalón, cartera, o pañuelo, como adorno o pretensión de “modernidad”, es el símbolo de los tiempos en Cuba socialista, simplemente para “estar al día” con la noticia.

Es algo que hace un año hubiera resultado una blasfemia. Y en el peor de los casos, un atentado contra la Revolución. Una golpiza o cárcel.

Pero, ¿quiénes son ellos, los que van por la vida cubana así? ¿Serán conscientes de lo que ha sido la historia de su país durante los últimos 56 años? ¿Por qué las autoridades lo permiten? ¿Para que el mundo vea lo permisibles que son mientras golpean a otros por marchar junto a mujeres pacíficas vestidas de blanco?

Estos que así van por la vida no son exiliados, ni dentro ni fuera de Cuba. Ya nadie de Cuba se exilia. Vienen y van, trabajan aquí por unas semanas y se llevan los dólares para allá para vivir el resto del año, van para allá los que viven aquí a llevar electrodomésticos, celulares, dinero, ropa, mercancía vendible para hacer negocio allá, o fabricar un segundo piso a la casa del hermano para quedarse allí unas semanas. Vienen de vacaciones aquí, van de vacaciones allá, mandan a los hijos durante el verano a casa de la abuela allá, o vienen a una boda aquí. Esto no es exilio.

Tampoco es exilio acogerse a la Ley de Ajuste Cubano y al año y un día volver al médico, o al dentista, o a pintar la casa allá.

Siempre hay alguien ingenioso que se las inventa para llevar a la isla un nuevo souvenir y esta vez se le ocurrió llevar la nueva banderita en todas sus variedades ponibles.

Eso no es exilio.

Exilio hay uno solo.

La capital del exilio es una sola, porque hay un solo exilio. No son varios; ni varias épocas. Con el Mariel se terminaron los posibles exilios. Si es que Mariel fue eso.

Exiliados son aquellos que fueron perseguidos, los que se escondieron y huyeron porque peligraban sus vidas, o se exiliaron porque no toleraban los abusos, las injusticias, la vigilancia, la intimidación, el peligro de caer en presidio por años; padres de familia que prefirieron vivir en un país ajeno, extraño y sin nadie que les diera la mano con tal de poner su familia a salvo.

Exiliados son aquellos que escogieron dejar atrás amigos y familiares, comodidades, y su tierra y raíces para probar otra suerte, donde llevar una vida digna, humana, y poder realizar los sueños, sin sometimiento ni humillaciones, ni abusos de ningún tipo.

Exilio es una condición muy dura. Muy dolorosa. Desgarrante.

Lo demás es pachanga.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de julio de 2015, 2:54 p. m. with the headline "GLORIA LEAL: Banderas y exilio."

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