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Opinión Sobre Cuba

OSCAR PEÑA: ¿A quién no le agradan las relaciones con Cuba?


La Oficina de Intereses cubana en Washington será la sede de la nueva embajada a partir del próximo lunes, al abrirse un nuevo capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
La Oficina de Intereses cubana en Washington será la sede de la nueva embajada a partir del próximo lunes, al abrirse un nuevo capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. AP

Las relaciones entre personas y países son la mejor guerra y forma de buscar la paz y la concordia.

La crítica de algunos adversarios de partido al presidente de Estados Unidos argumentando que la decisión de reanudar relaciones con Cuba es legitimar al gobierno parece un cuento infantil o una conclusión ilusoria. No se trata de un gobierno, sistema, asamblea nacional o constitución adecuada, pero es una realidad de casi 60 años ante los ojos de todos. Se debe admitir que aun con asignaturas sin aprobar, el pueblo chino y vietnamita está hoy mejor que ayer.

La reanudación de las relaciones diplomáticas entre el gobierno de Estados Unidos y de Cuba, aparte de ser un acto civilizado, es también un acto de justicia. Es fácil para cualquier observador decente entender que los problemas sociales, económicos y políticos que ha tenido Cuba no han sido por culpa de extranjeros, sino de nacionales.

¿A quién no le agrada que los gobiernos actuales de Estados Unidos y Cuba reanuden relaciones diplomáticas oficialmente?

En primerísimo lugar, a Fidel Castro, que desde que quitó a Fulgencio Batista (gobernante de Cuba 7 años por medio de un golpe de estado en 1952) para ponerse él (llegó a través de las armas y gobernó más de 50 años) provocó de manera premeditada la ruptura entre los dos países. Ya se lo había confesado a Celia Sánchez en nota escrita a ella en junio de 1958 (“…cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”). Fidel Castro, desde que tomó el poder, ansiaba la ruptura y el enfrentamiento con Estados Unidos. Quería trascender todavía más y se fabricó un enemigo grande. Personalmente logró su capricho de poner su nombre en los libros de historia, pero sobre la base de una revolución extremista e innecesaria que llevó al pueblo cubano a cinco décadas de penurias, sacrificios, inmolaciones, atrasos y divisiones para hoy tener que ir retornando a la vida real.

Fue la comprensión e inteligencia de su sucesor Raúl Castro y de Barack Obama los que le han puesto fin a la política de “las botas puestas” de Cuba y han apagado el cartel que anunciaba a Cuba –más que la Coca-Cola– como el país guerrero contra todos “los molinos norteamericanos”. Fidel Castro ama el aislamiento de Cuba, ha sido su deporte favorito y no ve con agrado el izamiento de la bandera cubana en Washington y la norteamericana en La Habana. Todavía hoy es el buscador principal de obstáculos a la normalización de un proceso porque rompió su guión de vida.

Tampoco les agrada la reanudación:

A todo ese gigante y sobredimensionado andamiaje oficial de dirigentes y policías políticos que han vivido también en Cuba del cuento del “enemigo” y quisieran siguiera la eterna movilización de tropas y la “guerra de nubes”. Y a una considerable parte del pueblo compuesto por personas mayores que no quieren admitir de ninguna forma que se les fue la vida sin ver los resultados prometidos.

A un elenco existente de opositores y comunicadores que dentro y fuera del país han hecho del drama cubano un medio de vida y quisieran que las dificultades y trabas cubanas siguieran perdurando.

A senadores y congresistas estadounidenses de origen cubano que se ven forzados a dar una imagen retrógrada para complacer el sentir de su base de votantes, compuesta por cubanos que llevan muchos años fuera de Cuba y todavía creen que las presiones económicas y el aislamiento son efectivos.

El pueblo cubano no debe pensar que esta reanudación de relaciones diplomáticas entre dos países sea una llave de soluciones para todo. Con la reapertura de embajadas solo se está borrando un problema. El esencial es criollo. Somos nosotros los cubanos –entre todos– con mucha paciencia, tolerancia, inteligencia y bondad los que tenemos la responsabilidad moral de rehacer el país ordenadamente.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de julio de 2015, 0:17 p. m. with the headline "OSCAR PEÑA: ¿A quién no le agradan las relaciones con Cuba?."

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