RAMÓN A. MESTRE: Díptico
Llevará su nombre
Los que más se preocupan por crearle un legado radiante al presidente Barack Obama calculan que este mes determinará el veredicto de la historia sobre la ejecutoria del presidente. Para ellos Obama ya tiene asegurado un encomiable legado “doméstico”.
Pero según los obamistas que más pendientes están de la futura reputación de su jefe, a partir de este mes, y en el ámbito internacional, la administración comienza a jugarse su legado más perdurable: a través del cambio de política hacia Cuba, cuya fase inicial se corona con la apertura de embajadas en Washington y la Habana, y por medio del pacto nuclear con el régimen ayatólico de Irán. Claro, Obama no estará en la Casa Blanca para asumir las consecuencias de su fe en el llamado engagement, la idea de que se consigue más entablando un diálogo pragmático con adversarios históricos que amenazándolos con acción militar y sanciones económicas. Sus sucesores tendrán que encarar los problemas generados por las relaciones inéditas con Cuba e Irán.
Aun así, Obama le comentó hace poco a un entrevistador de la revista The Atlantic: “Mira, de aquí a veinte años, si Irán posee armas atómicas llevarán mi nombre”. También llevaría su nombre un régimen autoritario cubano que se consolida (y tal vez perpetúa la dinastía de los Castro poniendo a Alejandro Castro Espín al frente de la cosa) con la ayuda del comercio estadounidense, la plata emigré y los frutos de un “capitalismo rojo” semejante al que se ha instrumentado en Vietnam.
La fuga del Chapo
Las alambicadas versiones del gobierno mexicano en torno a la fuga del Chapo Guzmán ocultan el verdadero significado de la hazaña. Joaquín Guzmán se escapó de la prisión de máxima seguridad de El Altiplano porque era el dueño de este llamado “centro federal de adaptación social”. Compró sus guardias, empleados, supervisores, y mandamases de la Secretaría de Gobernación.
Plata o plomo: Ha sido el modus operandi del Chapo desde hace muchos años. En gran medida se ha convertido en el narco más exitoso del planeta porque ha sabido escoger los policías, militares, funcionarios, políticos y empresarios que seduce a billetazo limpio. O que asesina si resisten sus escarceos.
En 2006, cuando el entonces presidente Felipe Calderón decidió lanzar al ejército mexicano contra los narcos (apoyado por los millones del Plan Mérida estadounidense), en realidad no le hizo la guerra al llamado cartel de Sinaloa encabezado por un Guzmán prófugo. Le fue arriba principalmente a dos bandas descontroladas enemigas del Chapo, los Zetas y La Familia.
Guzmán aprovechó la ofensiva para ayudar al gobierno y a la DEA. Así eliminó rivales y extendió su imperio, imponiendo su hegemonía en Tijuana y Ciudad Juárez, dos sitios que eran desaforadamente violentos antes de que Guzmán lograra vencer a su competencia en ambas ciudades.
Detenido o prófugo, El Chapo Guzmán es la quintaesencia de las complicidades que enlazan al narcotráfico mexicano con los gobiernos del país e innumerables magnates del sector privado. Es la metástasis más visible del cáncer que conocemos como la “guerra contra las drogas”. Aunque detengan o eliminen a Guzmán y a los principales capos del narcotráfico, el cáncer seguirá matando y corrompiendo.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de julio de 2015, 2:43 p. m. with the headline "RAMÓN A. MESTRE: Díptico."