Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión Sobre Cuba

JOSÉ MANUEL PALLÍ: Sobre héroes y tumbes

En verano comer liviano…

Debe de ser esa la razón por la cual el tema que ocupa nuestra atención en lo que va del verano del 2015 es el de Donald Trump.

¿Puede haber algo más intrascendente y liviano que un Donald Trump?

Donald Trump es uno de esos “héroes” de nuestro confuso tiempo, admirado por muchos que no necesitan de muchas razones para admirar a nada ni a nadie. Pero así pueden ser nuestros héroes hoy en día: herederos, famosos (por su ego, por su capacidad para “ganar dinero” –casi siempre especulando, y hasta con dinero prestado–, y por sus payasadas), y cuidadosamente ignorantes de casi todo, hasta de sí mismos.

“El Donald” escribió alguna vez un libro dirigido a los incautos titulado Por qué queremos que seas rico. Trump se considera rico, pero lo es exclusivamente en una dimensión (que no es moco de pavo, y que muchos seguramente le envidian): la del flujo de caja. Pero ni por sus venas ni por sus neuronas parece correr nada que valga la pena admirar.

Para muchos es un héroe. Y la heroicidad en el rubro del que surgió “El Donald” (hoy la juega de “todero”, pero lo conocimos por sus edificios o desarrollos inmobiliarios), en una sociedad como la nuestra, es fácilmente accesible. Sobre todo si se tiene la vocación que tiene Mr. Trump de estamparle su nombre a todo lo que hace (branding que le dicen). Pero en Cuba, por ejemplo, es más difícil.

Pocos de los muchos viajeros recientes a Cuba (la mayoría de ellos primerizos) han hecho tanta roncha a su regreso como quienes se dedican al desarrollo inmobiliario. Y aclaro que tengo grandes y buenos amigos en este rubro, gente inteligente y seria a quienes “El Donald”, con todo y su fama, no les llega ni al calcañal. Pero ni mi amistad ni mi respeto hacia ellos me llevan a la ligereza o liviandad veraniega de considerarlos “expertos” en el presente y el futuro del “mercado inmobiliario” cubano por haber visitado la isla durante 48 horas. Y, sin embargo, algunas declaraciones de algunos de ellos suenan tan vacías como suenan todas las de “El Donald”.

Que si no se puede hacer nada en la isla hasta que no se mueran los hermanos Castro, que no se sabe a ciencia cierta quién es el dueño de nada, que no hay title insurance en Cuba, en fin.

Cualquiera que conozca el marco institucional cubano –y lo hay, aunque no sea como el nuestro y eso nos disguste– se da cuenta que Cuba no está orientada hacia un desarrollo inmobiliario esencialmente especulativo, sostenido por inversionistas extranjeros que fijan los precios a un nivel inalcanzable para los asalariados y los jóvenes profesionales del patio (estilo Miami, por citar solo un ejemplo). Y ese marco institucional no se debe solamente al capricho de un par de ancianos. Se debe a que muchos jóvenes profesionales cubanos, llamados a tomar las decisiones más allá de la vida de los ancianos, no tienen el menor interés en importar los excesos y los tumbes de una sociedad que no es la de ellos, por muy insatisfechos que puedan estar con los excesos y defectos de la propia.

Y bajo esas mismas leyes cubanas en vigor es relativamente fácil determinar quién es el dueño de casi todo, con o sin title insurance.

Si tenemos seguro de titulación inmobiliaria en los EEUU se debe, como ocurre en tantos otros casos (excesos) en nuestra sociedad, a la presión de ciertos intereses (lobbies) y al adoctrinamiento o lavado de cerebro de la gente que lo paga sin saber a ciencia cierta por qué ni para qué. Es una línea más (y a un costo infinitesimal, comparado con otras líneas) en la lista de los gastos de cierre de una operación inmobiliaria.

Pero cualquier cubano medianamente inteligente en la isla (como también quienes compran y venden inmuebles en cualquier otro país, fuera de los EEUU) se daría cuenta que no es sino un tumbe (uno de tantos, pero no por eso deja de ser un tumbe). Es más, un cubano más que medianamente inteligente, como lo es Mel Martínez, luchó a brazo partido durante su gestión como secretario de Vivienda para imponer la coherencia y el sentido común en nuestro sistema transaccional inmobiliario, chocando frontalmente con esos intereses interesados en mantener el statu quo (y los muchos tumbes).

Sin margen para el tumbe de la especulación ni para sus payasadas “El Donald” se moriría de hambre en Cuba. Después de tantos años de sacrificios los cubanos en la isla no están para tumbes.

Abogado cubanoamericano.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2015, 0:31 p. m. with the headline "JOSÉ MANUEL PALLÍ: Sobre héroes y tumbes."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA