OSCAR PEÑA: Cuba: obstruccionismo profesional
Se está dando en el caso cubano (exceptuando en el pueblo) un obstruccionismo profesional a todos los pasos que puedan encauzar, abonar y abrir caminos al país. Práctica que se utiliza en las luchas y ejercicios partidistas de diferentes países democráticos, pero en el caso de un país absolutamente cerrado y totalitario por casi 60 años esas actitudes de romper y obstaculizar caminos son una irresponsabilidad, incapacidad política, mala sangre y miedo a la evolución del país.
Hay un lamentable empate en la competencia de obstruccionismo cubano entre contendientes: los que trabajan y dirigen profesionalmente dentro del gobierno de Cuba y los que de igual forma lo hacen en Miami.
A La Habana no le alcanza el papel para hacer listas de peticiones a Estados Unidos con el fin de obstaculizar y alargar el inicio de la nueva época de normalidad, paz y despegue. El gobierno cubano tiene en cada bolsillo una nueva lista de demandas. Es su forma de frenar, tapar errores y complejos por estar regresando a un proceso que ellos provocaron.
Y en Miami los profesionales del tema cubano no quieren aceptar el final de la guerra fría entre los dos países y han llevado irresponsablemente el asunto cubano a la lucha partidista interna del país entre republicanos y demócratas. Otros ponen trabas porque perciben todas estas aperturas como una pérdida de protagonismo, atención de la prensa, trabajos y salarios y no saben qué inventar para también obstaculizarlo.
Del mismo modo se agregan a los obstruccionistas un pequeño segmento –también profesional– de disidentes que ya no protestan contra el régimen, ahora es contra Estados Unidos porque de él esperaban las soluciones, o porque tienen que cumplir con los contraproducentes dictados que reciben de sus guías políticos y tutores económicos de cubanos de Miami que militan en su mayoría en filas republicanas. Se propaga el mal ejemplo entre estos disidentes: estos 56 años se le inculcó oficialmente tanto al pueblo cubano a marchar y gritar que es lo que hacen hoy una parte de ellos, haciéndolo de forma reiterada domingo por domingo, pero con el agravante de demandas que no son atractivas ante los problemas básicos del pueblo. Estos marchantes piden la perfección. Convertir a Cuba en Suiza en 24 horas. El todo o nada. Ingenuidad política y obstrucción profesional.
Igual acaba de suceder con el recién celebrado congreso cubano de Puerto Rico donde se pensó que con el camino recorrido de experiencias y realidades supieran mis compatriotas ya hoy insertarse más en las mentes y ambiente del pueblo cubano y ser atractivos y bondadosos adversarios que digieren la gradualidad de los procesos para llegar a fines superiores, pero no fue así. No se identificaron con su pueblo. La declaración de San Juan es como “trancar el juego”. Algo que lamento mucho. Hacía falta un pronunciamiento a la altura de los momentos.
Miles de cubanos dentro de Cuba y en Miami también podríamos ser parte de ese ejército de obstruccionistas, todos tenemos motivos para “ponerle traspiés” a estos nuevos escenarios, pero el sentido común, el amor a nuestra nación, la responsabilidad y la buena voluntad se impone. No hay soluciones mágicas. Cuba tiene que evolucionar con el concurso de todos los que están en el gobierno y fuera de él. Hoy es más útil la disidencia que está dentro de las estructuras oficiales que la obstruccionista.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de agosto de 2015, 0:50 p. m. with the headline "OSCAR PEÑA: Cuba: obstruccionismo profesional."