ARTURO LÓPEZ-LEVY y PAUL JOHNSON: Tres pilares para mejorar la relación agrícola EEUU-Cuba
Tras el histórico viaje del secretario de Estado John Kerry a Cuba para izar la bandera y abrir la nueva embajada estadounidense, grandes expectativas se levantan sobre los nuevos pasos de acercamiento entre los dos países. El debate en el interior de la rama ejecutiva no es más sobre ajustar el embargo sino con qué reemplazarlo. La apertura de las embajadas abre espacio para que la administración lance un nuevo paquete de medidas de acercamiento con Cuba.
La política de la rama ejecutiva enunciada por el presidente Obama se resume en más cooperación con Cuba, en más sectores, más frecuentemente. Cuba y EEUU deben consolidar realidades institucionales que favorezcan a sectores comprometidos con la política de acercamiento. Solo eso garantizará la irreversibilidad política de los pasos dados.
El principal reto para la normalización de relaciones entre Cuba y EEUU es rebasar una lectura pasiva del vínculo bilateral como es, con una visión dinámica sobre las oportunidades que ofrece la nueva institucionalidad. Cuando el embargo/bloqueo fue instituido la presunción era que Cuba no permitiría un sector no estatal. Hoy, Cuba no solo tiene un sector no estatal sino que lo considera parte integral de su modelo económico. Promoviendo un comercio e inversión regulado de EEUU con el mismo, los dos gobiernos pueden desangrar el embargo, haciéndolo una carcasa irrelevante.
Uno de los puntos neurálgicos para la normalización de relaciones es la seguridad alimentaria. Las dinámicas políticas internas en EEUU y en Cuba justifican acelerar la cooperación en esa área. El comercio agrícola con Cuba fue el renglón pionero donde el embargo tuvo que retroceder. De una situación de comercio cero, EEUU llegó a vender, en 2008, 658 millones de dólares en la isla, con Cuba como el octavo mercado norteamericano de pollos, e importantes compras de soya y otros productos.
Fortalecer la seguridad alimentaria está en el interés nacional de Cuba y EEUU. La dependencia cubana de importaciones de alimentos en un 70-80 % representa importantes vulnerabilidades a los aumentos de precios en el mercado mundial. Una caída en el poder adquisitivo cubano perjudicaría también a EEUU con aumentos de la emigración incontrolada e incertidumbres derivadas de los procesos de reforma económica, liberalización política y transición inter-generacional de liderazgos en los que Cuba está inmersa.
En contraste, un aumento del comercio alimentario entre Cuba y EEUU representa una ganancia mutua para los dos países. Las reformas económicas en Cuba han priorizado una significativa transición al mercado en el sector agrícola. Los procesos de apertura al campesinado privado y las cooperativas; y la entrega de tierras en usufructo constituyen un importante avance en materia de derechos humanos pues mejoran el derecho a la alimentación y a la propiedad privada. Solo en gastos de transportación, un mayor comercio agrícola cubano con EEUU ahorraría millones de dólares.
En la agricultura cubana, la política de EEUU, sus intereses y valores, tienen un potencial aliado para la Cuba futura. Cuba emplea hoy en la agricultura el 20 % de su fuerza laboral para producir apenas el 5 % de su producto interno bruto. Existen importantes potenciales ganancias de productividad solo con incorporar nuevas tecnologías y técnicas de administración ya conocidas. No se trata de instrumentar los nuevos mercados contra el gobierno cubano sino de potenciar la eficiencia y viabilidad de la agricultura no estatalizada para que incite su emulación en otros sectores.
Tres son los pilares de una nueva relación integral entre las agriculturas de Cuba y EEUU:
1. La interacción entre los sectores empresariales de ambos países en las áreas de comercio e inversión. El presidente Obama debe dispensar las licencias respectivas que permitan el comercio agrícola de dos vías, y el fin de las limitaciones a una relación integral entre las comunidades de negocios agrícolas de ambos países. Cuba podrá comprar más en EEUU en la medida en que pueda vender. La Casa Blanca debe entender la necesidad de otorgar oportunidades de crédito para la compra de equipamiento agrícola y de construcción para el sector privado cubano. Cuba debería abrir la compra de equipamiento agrícola y de construcción en EEUU a su sector no estatal, flexibilizando el monopolio estatal del comercio exterior, heredado de su etapa de economía de comando.
2. La relación entre los ministerios de agricultura de los dos gobiernos. Dada la sensibilidad del tema alimentos, la cercanía geográfica y las dimensiones de seguridad fitosanitaria, los dos estados deben lanzar espacios de consulta y cooperación. El intercambio bilateral debe ser reforzado con programas conjuntos de instituciones multilaterales como el Programa Mundial de Alimentos, la FAO, y el instituto interamericano de cooperación para la Agricultura, una institución a la que Cuba debería incorporarse en el nuevo contexto. La cooperación puede extenderse a temas colaterales como las energías renovables, y el cambio climático.
3. La cooperación educacional para la agricultura. Cuba y EEUU tienen la posibilidad de integrar sus esfuerzos en materia de educación agrícola, ganadera y biotecnológica, creando condiciones para una cooperación integral mutuamente beneficiosa. EEUU puede otorgar becas para agrónomos, veterinarios, y administradores de negocios cubanos vinculados a la agricultura. El Departamento de Agricultura debería apoyar la participación estadounidense en proyectos bilaterales y multilaterales de asistencia tecnológica y empresarial a los procesos cubanos de desarrollo, reforma y apertura.
Para institucionalizar la visión descrita, la nueva embajada en La Habana debe incorporar una oficina del servicio agrícola exterior estadounidense. Cuba, por su parte, podría tener una sección en su embajada en Washington a cargo del contacto con los agricultores para acelerar la organización de misiones comerciales estadounidenses. Esa brecha ya abierta en el embargo, debe ser explotada con mayor vigor.
Los contactos agrícolas Cuba-EEUU son relevantes de cara a la elección estadounidense de 2016. El presidente Obama ganó varios de los estados agrícolas del Medio Oeste pero estos eligieron predominantemente gobernadores y legisladores republicanos a nivel estatal y federal. Hay también vínculos sociales estrechos entre los grupos empresariales agrícolas e importantes comunidades cristianas conservadoras. Tal situación convierte la relación de Cuba con los estados agrícolas en un instrumento poderoso para avanzar una agenda de mayor apertura hacia la isla en el Congreso.
Arturo López-Levy es profesor adjunto en el Centro de Estudios Globales de la Universidad de Nueva York. Paul Johnson es cofundador de la Coalición agrícola por el comercio con Cuba.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de agosto de 2015, 4:44 p. m. with the headline "ARTURO LÓPEZ-LEVY y PAUL JOHNSON: Tres pilares para mejorar la relación agrícola EEUU-Cuba."