CARLOS DUGUECH: Dos banderas, el puente
Las dos tienen franjas. La de EEUU, rojas; la de Cuba, azules. Las dos muestran, además, franjas blancas. Las dos utilizan solamente el azul, el rojo y el blanco. Ambas incluyen estrellas: la de EEUU, cincuenta, y la de Cuba, una. En ambos casos blancas y siempre de cinco puntas. Como si un mismo acto creativo, en tiempos muy distanciados entre sí, hubiera servido para estampar en la tela el símbolo que identifica a dos naciones independientes. Aunque la historia de Estados Unidos y Cuba estuvo siempre tan relacionada y trenzada que no es irrespetuoso señalar que bien hubiera podido sumarse –en un tiempo– la isla cercana al sur de la Florida (a sólo 90 millas) como una de las 51 estrellas de la bandera estadounidense (que hoy ostenta 50). No hay que olvidar las dos veces que Estados Unidos ofreció la compra de la isla (en 1854 y en 1898) de lo que hoy es la nación verdaderamente independiente desde inicios del siglo XX.
No obstante la independencia cubana, los intereses de ciudadanos estadounidenses en Cuba fueron muy significativos, determinantes de su economía, ligados a su importante producción primaria azucarera y a la tradicional del tabaco. La lucha exitosa para desmoronar el poder del general Fulgencio Batista instaló la revolución liderada por Castro. Ese otrora poderoso Batista que por dos veces a mediados del siglo XX condujo asuntos de gobierno en Cuba, y de modo dictatorial. Por entonces mostraba una estrecha relación con el gobierno de los Estados Unidos.
La diplomacia, esa herramienta
Mucho se escribe y se habla sobre el sentido de la diplomacia entre países. Simplificando al extremo, y en un análisis comparativo, podría decirse que es el modo más eficaz y honesto de comunicación y acción entre dos personas.
La “diplomacia” del encuentro, del diálogo, del conocerse para mejor proceder en toda circunstancia de vida. Dos países entre sí ejercen, por la diplomacia, el arreglo de todas las cuestiones que los relacionan, que los afectan, que los distinguen o que los agravian. Eliminar esa vía es irracional y hasta peligroso. Para el que decide hacerlo unilateralmente o para los que coinciden en la ruptura simultáneamente.
Asimetría incomprensible
Estados Unidos mantiene amplias relaciones con China. Con China comunista, hay que enfatizarlo. Con los “rojos” (el color de sus siete bandas en su bandera) que son los principales tenedores de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Por ¡casi 600 mil millones de dólares!
Y también es oportuno –para reforzar la idea de la asimetría con Cuba– decir que Washington está a más de 12,300 kilómetros de Beijing (Pekín). ¡Treinta y tres veces la distancia entre Miami y La Habana!
Entonces, visto desde esta perspectiva, no es comprensible que haya transcurrido algo más de medio siglo de desencuentros entre países tan cercanos. Resulta valioso como símbolo que los tres marines que arriaron la bandera estadounidense hace 54 años, la icen ahora en una verdadera muestra de lo mejor de la condición humana: aceptar las diferencias, sin atacarlas, sin despreciarlas. Valioso fue que el poeta Richard Blanco, que había recitado un poema durante la asunción de Obama en su segundo período, en esta ocasión lo hiciera para referirse a este nuevo encuentro entre Cuba y los Estados Unidos. Su texto, Matters of the Sea (Cosas del Mar), fue leído en inglés y traducido simultáneamente al español. Dijo a la prensa que “se trata de regresar a nuestra humanidad, la humanidad compartida por debajo de la política. Al fin y al cabo, se trata de llegar a un estado de sanación, llegar a un estado en que podamos vernos unos a otros como seres humanos”.
El cierre del poema de R. Blanco, con palabras de significación:
“Todos hemos apoyado caracoles a nuestros oídos./Escucha de nuevo el eco./Hoy, el mar sigue diciéndonos/el fin de todas nuestras dudas y miedos/es admirar los azules lúcidos de nuestro horizonte compartido/para respirar, juntos./para sanar, juntos”.
Las dos banderas, con similares componentes en su diseño, transmutan en puente entre cubanos y estadounidenses. “Para respirar juntos, para sanar juntos”. Palabra de poeta.
Columnista argentino.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de agosto de 2015, 2:47 p. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: Dos banderas, el puente."