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Opinión Sobre Cuba

NICOLÁS PÉREZ: La diplomacia del ébola

Soy alguien muy vanidoso y soberbio, y con una profunda convicción como Walter Mercado de que el futuro próximo en política, economía y en la madre de los tomates, puedo predecirlo más o menos leyendo los periódicos entre líneas. Aunque debo confesar que cuando acierto una vez, me equivoco noventa y nueve veces. Y la que más sufre mis complejos de brujo entre las cuatro paredes de mi casa, es mi esposa.

Mi último pronóstico desacertado fue que cuando comenzaron las primeras noticias sobre el ébola, me dio por decir que la peligrosidad de la epidemia la estaba inventando la prensa tratando de explotar la morbosidad de sus oyentes y lectores.

Entiendo que el deber del presidente de un país es calmar los pánicos de sus pueblos, pero fue una apuesta arriesgada del presidente Obama decir el pasado sábado que hay que evitar la histeria de ese virus.

No hay tal histeria. El ébola se describió y descubrió en 1976 por el doctor David Finkes. Y se transmite a seres humanos a través de un animal infestado, sean murciélagos, monos o antílopes, y se disemina de persona a persona a través de la sangre, la piel, los tejidos, las secreciones y fluidos corporales.

Estalló como pandemia en Africa Occidental, y ya ha causado más de 2,400 muertos. Por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha calificado como una emergencia internacional de salud pública.

Si las declaraciones de Obama son audaces, Fidel Castro le ha subido la parada, ordenando mandar a África a cientos de profesionales cubanos de la salud, con una política de cero riesgos de contagio pero inhumana. Si se enferman no pueden regresar a la isla para recibir atención médica, y si mueren, deben ser sepultados de inmediato en donde caigan fulminados por el virus.

¿Cuál ha sido el propósito de Castro de dar una respuesta tan drástica y desproporcionada a la fatal fiebre hemorrágica? Jamás puede surgir nada de buena fe de algo que ocurre a miles de kilómetros de Cuba y provenga del dictador isleño, que ha fusilado a miles de adversarios sin que le haya temblado el pulso y que maltrata a diario a patadas y porrazos a las Damas de Blanco, mujeres infelices y desarmadas, pero la realidad es una, se ha ganado el aplauso de muchos en el mundo, incluso de sus enemigos, y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, le ha agradecido públicamente su ayuda en una inusual declaración.

Dijo Kerry el pasado sábado: “Varios países grandes y pequeños aceleran de manera impresionante su contribución a la lucha contra el virus. Cuba, un país de 11 millones de habitantes, ha enviado 166 profesionales de la salud y planea enviar 300 más para combatir la enfermedad en Africa”.

Considero que le sobra razón a mi amigo Guillermo Martínez cuando advirtió en su columna del sábado pasado en el Nuevo Herald que Cuba está acelerando su interés de sacar como el mago de un sombrero de copa la posibilidad de limar asperezas con Washington. ¿Acaso será que el petróleo va rumbo a caer a menos de 80 dólares el barril y el castrismo no tiene para donde correr?

Incluso el propio Castro en uno de sus panfletos, que tituló “La Hora del Deber”, para que no quedara dudas de que él estaba de acuerdo con el juego diplomático, aunque con su inevitable par de gotas de veneno en un lenguaje que sorprendentemente no es el suyo, dijo textualmente: “Gustosamente cooperaremos con el personal norteamericano en esta tarea”.

Por otra parte, Carisa Ettiene, directora de la OPS (Organización Panamericana de la Salud), a su llegada a Cuba elogió la contribución del país a la lucha contra el ébola.

Paralelamente en la Universidad de Columbia un grupo de expertos y periodistas acaban de reunirse en una conferencia titulada Covering Cuba in an era of change, donde discutieron los posibles cambios de política de Estados Unidos hacia Cuba.

Muchas coincidencias.

Para dos naciones que han mantenido años de enfrentamiento no es fácil reconciliarse de la noche a la mañana. Se necesita un cambio gradual de sentimientos. Deben pernoctar en moteles baratos lejos de las autopistas para no despertar sospechas y presentar la reconciliación cuando esté consumada.

Las razones que escogen los países para iniciar reconciliaciones ante los ojos del mundo son las más extrañas y triviales.

La más famosa de ellas fue la protagonizada por Richard Nixon y Zhuang Zedong que fue bautizada con el nombre de la Diplomacia del Ping Pong, y que dio inicio a fumar diez pipas de la paz entre Washington y Pekín.

El extrañísimo intercambio de declaraciones de Estados Unidos y Cuba de los últimos días me tiene sorprendido y en ascuas. ¿Acaso la llamarán en un futuro la Diplomacia del Ébola?

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "NICOLÁS PÉREZ: La diplomacia del ébola."

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