ALEJANDRO RÍOS: Conducta: toma dos
Infructuosamente he buscado en la prensa oficial cubana online alguna mínima referencia a lo ocurrido el pasado jueves en el Teatro Tower de la Pequeña Habana.
Tal vez porque no se trataba del regreso a Miami del “apolítico” dúo Buena Fe, que sí tuvo tiempo –y visa por cinco años– para visitar la Sección de Intereses de Cuba en Washington y celebrar el Día de la Cultura Nacional, como artistas de entera confianza.
Sigo explorando los sitios web del castrismo y aparece una entrevista de otro dúo, más discreto en sus manifestaciones políticas, son los reguetoneros de moda, Gente de Zona, gracias al éxito de Bailando. Para ellos es una cuerda floja porque están facturando en mercado adverso, vaya a usted saber bajo qué cláusula del embargo, y es preferible no levantar polvareda para que el sueño no termine.
Pero la periodista de la publicación oficialista no les da sosiego y les pregunta, sin piedad, qué creen de los artistas cubanos que regresan luego de largas ausencias. “No he tenido la necesidad de abandonar mi país por ninguna causa, pero soy partidario de que son artistas de nosotros, de Cuba, y si están aquí, bienvenidos sean”, tejen su respuesta con cautela.
Pero la reportera vuelve a la carga y a boca de jarro les espeta: “¿Ustedes han pensado en irse de Cuba?”, y los muchachos de Gente de Zona, ni cortos ni perezosos, tratan de estar bien con Dios y con el diablo: “No, no se nos ha perdido nada en otro lugar. Tenemos mucha gente en Cuba a quien responderle y que quieren oír nuestra música para ponerla afuera. No nos ha pasado eso por la cabeza”.
Y sigo buscando la noticia sobre el filme que abrió con éxito de público y prensa el Festival MiFFecito, al lado del Parque del Dominó, en el corazón del “intolerante exilio cubano”, que incluso contó con la presencia del director, uno de los actores y el director de arte. Película candidata de Cuba para los premios Oscar y Goya pero lo que encuentro, por ejemplo, es una celebración del Día de la Cocina Cubana, donde así, sin mucho pudor, apunta el cronista: “La cocina cotidiana y humilde, en la cual mujeres y hombres hacen maravillas con los productos más sencillos”. Cuánto eufemismo para hablar de un arte culinario devastado por la escasez y la inoperancia consustanciales al socialismo.
No, la prensa castrista, ni sus adláteres de Miami, dieron cuenta del estreno de Conducta en el emblemático Teatro Tower con la presencia de un Ernesto Daranas, circunspecto y emocionado por los aplausos y la buena acogida de sus congéneres. En este periódico, que es considerado órgano de la llamada “mafia cubana de Miami”, le dispensaron una espléndida primera plana y un video online con la entrevista íntegra.
Cuando Carmela, la maestra de Conducta, lanza su frase memorable sobre el largo tiempo del castrismo en el poder, ante el señalamiento de la burócrata gubernamental que quiere forzar su retiro, en el teatro hubo tantos aplausos como en La Habana.
Al final de la conmovedora función, de lágrimas y risas, Daranas contó que los niños fueron la fuerza de inspiración que condujo los destinos de su filme y dijo que su cine era para 14 millones de compatriotas dispersos por el mundo.
Daranas elogió al cineasta exiliado Orlando Rojas, llegó con su abrazo y la sinceridad de una obra irreprochable. Cuba fue una por un rato. No habló de embargos ni de espías y el castrismo prefirió ignorar su convincente franqueza y entrega en casa del “enemigo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Conducta: toma dos."