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Opinión Sobre Cuba

JUAN ALBORNÁ SALADO: Acerca del libro Che Guevara: valgo más vivo que muerto

Finalicé de leer críticamente esta obra del periodista cubano Alberto Muller: buenísima. Abunda inmisericordemente en el pensar y en la práctica política de Ernesto Guevara de la Serna, buena o mala o regular, con ritmo literario vigoroso aunque con exhalación periodística. Es el viejo tabú de los escritores: “rápido, antes de que me lo roben”. Muller se lanza sin paracaídas aparente, en medio de un medio sin medio, por tratarse de un personaje con muchos enemigos por acá, pero cae perfectamente por impecables razonamientos políticos y periodísticos.

El escritor arranca con explosiones de motocicleta a describir como Che y su amigo Alberto Granados emprenden con humo y hambre un episodio aventurero en territorio latinoamericano. Y monta literariamente junto a Che, primero por estrechos caminos latinoamericanos, y luego por senderos más universales, donde desde el principio se sospecha el objetivo real del hombre de acción argentino. Y que Guevara, cual joven que se está armando filosóficamente para enfrentarse al escarnio de un materialismo opresor, considera eso válido como excusa moral y filosófica para descarrilar su alma juvenil hacia un extracurricular objetivo social/político: el marxismo. Y sin ser marxista completo aún, tropieza en México con otro que tampoco lo es completo todavía: Fidel Castro.

El escritor, montado en un proyectil aéreo/psicológico voluntarioso, se conduce esta vez por la lid mental de Guevara y de la Sierra Maestra para un intento de descifrar, además, la figura de Fidel Castro en la tramoya teatral boliviana, nunca descodificada en la mente cheísta. Ambos, Fidel y Che, con sus desproporcionados egos, van a colisionar políticamente sin proponérselo filosóficamente, pero lo hacen filosóficamente. El periodista muestra las diferencias, a veces con rapidez un poco atropellada: Che no quiere el camino soviético y Fidel se aferra desesperadamente a la anilla rusa. Los soviéticos plantean “coexistencia pacífica” para ganar tiempo y espacio en la guerra fría, y Che juega con el “foco guerrillero”; que el intelectual francés Regis Debray organiza teóricamente. Pero nadie se percata de que con la muerte de Che morirá también la tesis del foco guerrillero. ¿O se percataron? Debray, además de sumarse al Che para la aventura boliviana, escribiría en relación a la Revolución Cubana en Les temps modernes y otros medios: “El castrismo: la larga marcha de América Latina”, después “América Latina: algunos problemas de estrategia revolucionaria”, y luego de Bolivia “¿Revolución en la revolución?” Pero ya había aceptado una idea popular: la revolución cubana no puede repetirse en América Latina.

En su búsqueda insaciable de la verdad, el periodista y exprisionero político Alberto Muller señala que Bolivia era el país latinoamericano que presentaba menos condiciones para apoyo campesino a cualquier proceso guerrillero, en virtud de que la revolución nacionalista de Paz Estensoro en 1956 había repartido las tierras a los trabajadores del campo y había garantizado derechos democráticos. Y evitó, sin saberlo ni proponérselo Víctor Paz Estensoro, fundador del social/reformista Movimiento Nacionalista Revolucionario en 1941, que Che Guevara con su tesis del foco guerrillero se consolidara en territorio boliviano. Años después, una especie de coexistencia pacífica electoral llevaría al poder a un indígena comunista. Pero nunca podrá, por la misma razón, y por la resistencia conservadora aborigen, imponer el sistema social/soviético cubano que ahora mismo Raúl Castro está transformando en otra cosa.

Muller describe cuando Che se lanza en locadio aventurerismo cuasi infantil a “liberar” lugares como Congo cuyos pobladores no desean liberación alguna. Y como se mueve por África, Asia, Europa y luego América en busca de algo que le falta. Como dice el periodista: Va a la periferia, a la “periferia revolucionaria” en busca de lo que le falta. Ya está fomentado el apartamiento del Che del sendero soviético, rechazado en su conciencia hace tiempo, y en la búsqueda de un comunismo de ojos rasgados, luego argentinista, más tarde de piel africana, y finalmente de rasgos indígenas suramericanos.

Che Guevara se pierde en Praga luego de irse del Congo. No puede con la presión del gobierno cubano, ni con los de Tanzania, Bélgica, la URSS, y Estados Unidos, para su eclipse guerrillero. Y de pronto, afirma Muller, aparece la decisión, nunca muy clara del todo, sino más bien borrosa, tomada por Fidel Castro y el Departamento América de escoger Bolivia. ¿Bolivia como el próximo destino guerrillero de Ernesto Guevara? ¿Destino político o cementerio físico final? Con esto, el escritor demuestra lo que plantea en este libro: Fidel Castro traiciona a Ernesto Guevara. ¿Deseaba Fidel Castro eliminar definitivamente este foco guerrillero inmanejable? Como quiera que haya sido, la salida de Che de Cuba fue un modo de alejar presión política negativa interna de una fuerza aliada descontenta e incontrolable.

¿Y en Bolivia? Nadie quería revolución alguna. El propio secretario general del partido comunista de ese país, Mario Monje, entendía que en Bolivia no había condiciones objetivas ni subjetivas para una insurrección marxista; cosa comprendida por Guevara al pasar por ahí en sus ruidos de motocicleta. Monje y Guevara se reúnen al fin en 1966 en Ñancahuazú. Desastroso para Che. Se separaron en estado de guerra. Muller lo señala al afirmar: “El Partido Comunista Boliviano, que no veía con simpatía la lucha armada, pero había aceptado a contracorriente colaborar con el proyecto por la insistencia y el prestigio de Fidel Castro, se opondrá con todas sus fuerzas a la acción guerrillera en Bolivia”. Monje, así, también da la espalda a Che Guevara. “Toda esta cruda realidad mostró con lujo de detalles que Monje y el Partido Comunista Boliviano estaban alineados con la coexistencia pacífica de la Unión Soviética y se oponían a cualquier aventura guerrillera o subversiva en el continente”. El autor también leyó a Norberto Fuentes, que afirma en su biografía de Fidel Castro que la intención del gobierno cubano con Che en Bolivia era liquidarlo. El periodista investigador descubre además que Benigno, guerrillero fiel de Che, afirmó que toda esa historia tan llena de sufrimientos y de muertes tenía un autor que se llamaba Fidel Castro. Y de Regis Debray, dejado con Ciro Bustos en Muyapampa por orden de Che para propaganda, al ser detenido, Guevara dijo según Muller: “Debray habló más de la cuenta”.

Mientras tanto, el autor del libro destaca que varios servicios de inteligencia seguían los pasos de Che, y que después de los primeros fracasos: Salta y Congo, estaban bien “enterados” de sus andanzas por Praga y luego Cuba. Más tarde sabrían del intento foquista en Bolivia. Entre los servicios de inteligencia más cercanos a Che y sus aventuras estuvieron la CIA norteamericana, la NKVD rusa, el SDECE francés, el servicio español con su mejor agente: EL CISNE, pegado al rastro de Guevara por el mundo, la inteligencia militar boliviana, y los propios servicios de inteligencia de Cuba.

Los tres eslabones del abandono de Che, fantásticos capítulos finales, es la conclusión aleatoria del periodista para evidenciar la traición gubernamental cubana con el aventurero internacional. Muller comprueba que los indios bolivianos huían asustados de los guerrilleros y que Guevara detectó el rechazo campesino al plan insurreccional. Esto le ocasionó una depresión tan aguda que se refugió en la poesía.

Ernesto Che Guevara no vivió bastante para ser testigo de la defunción del universo socialista soviético y europeo, que daría paso, como alguien mencionó por ahí en otro contexto: a la implementación de los derechos humanos. Y tal como ese alguien dijo también: “Pero, como yo no entiendo bien eso de los derechos humanos, para mí significa tener un supermercado en la esquina de mi casa”.

Juan Alborná Salado nació en Cuba. Periodista profesional, autor, profesor. Primer editor y creador del sistema noticioso de Radio Martí al inicio. Saltó al Departamento de Comercio como traductor/editor. Luego profesor en George Mason University. Cinco libros publicados. PhD en Literatura Creativa. Líder estudiantil en Artes y Oficios contra Batista, se exilió mes y medio en Centroamérica, disintió de Fidel Castro y en 1961 fue condenado a 9 años de prisión política que cumplió. Posee premios literarios y periodísticos. Es editor de la Revista Literarias Siglo XXI que aparece en un portal de la UNESCO.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de agosto de 2015, 3:04 p. m. with the headline "JUAN ALBORNÁ SALADO: Acerca del libro Che Guevara: valgo más vivo que muerto."

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